Había una vez una niña llamada Elena
que quería ayudar a los demás. Disfrutaba tanto haciéndolo que no
se reservaba un momento de paz para si misma.
Pronto, el estres( miedo a no llegar a
cubrir lo que los demás esperan) la hicieron trabajar más y más,
leía y escribía formas para solucionar problemas.
Un día estuvo a punto de decirle a su
mejor amiga que no podía ir de picnic porque tenía que hacer un
trabajo sobre...iba a hacerlo, estuvo a punto hasta que pensó que el
mejor trabajo que debía hacer ese día era disfrutar de la vida.
Salió y se lo pasó genial. A la
vuelta se empezó a sentir culpable por haber perdido el tiempo, pero
fue un momento de debilidad, estaba tan contenta que ahora podría
trabajar con la energía que antes no tenía.
Moraleja: Para recuperar “la calma”
se debe dar menos de lo que uno puede, tenemos que reservarnos un
porcentaje elevado de tiempo para recargar pilas.
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