Eran cerca de las seis. Ella estaba recién duchada, vestida de manera sexy pero sin redundar en la provocación. Alta, con sus bellos ojos ventana de colores de color verde, sus labios gruesos y rojos, sus pómulos bien definidos y su piel suave, tersa como un melocotón, la dotaban de un poder de seducción sublime.
Sus veinte años eran una bandera ondeando para el amor. Con un corazón vacío de emociones, sin heridas por las desilusiones, era una bella manzana sana para catar Era tan bella: largas piernas , silueta perfecta, melena larga brillante de color castaño, preciosos ojos verdes... Ahora Martina observaba través de la cortina el movimiento en la calle, como siempre nada interesante, ningún tipo con arquitectura principesca pululaba cerca. Aburrida y algo hastiada por la soledad se decidió hacer algo de deporte en un polideportivo cercano, ataviada con ropa deportiva en dos segundos salió sin más..
En el polideportivo un hombre delgado, poco agraciado físicamente y con ojos ardientes de color marrón no dejaron de perseguirla por todas las posiciones de gimnasia, parecía seguirla como un perro lazarillo. Un poco molesta por la insolencia de aquel renacuajo, se volvió para soltarle a bocajarro:
Oye, sin duda yo soy un bocado mayor para tu dentadura de pobre diablo, así que date aire y vuela, no te costará trabajo hacerlo. -Acompañó sus palabras de una risa hiriente y prosiguió su camino segura de que no se volvería a atrever a mirarla-
Hola encanto, soy Alan. Es tanta tu belleza que quedé enamorado de tus verdes esmeraldas que enjoyan tu rostro. No te preocupes, en cuanto sientas mis manos y mi cuerpo hacer vibrar el tuyo de placer, te pareceré el hombre más valioso del planeta- Respondió con una voz impresionante, varonil y cariñosa que provocó una escalofrío en Martina, que se quedó petrificada e indefensa ante aquella insinuación desvergonzada. Llena de rabia le dirigió una mirada asesina y sin decir nada se marchó a casa-
Alan consiguió su objetivo, tras muchas semanas de seguirla, mirarla y sonreírla con deseo ella terminó bajando barreras pasando de sentir un asco y desinterés por él a ser capaz de sonreírle y una vez acostumbrada a su presencia y compañía acudía al polideportivo ilusionada porque sabía que siempre él estaba allí esperándola.
Martina vestía una falda holgada de color blanco, una blusa rosa estrecha que dibujaba sus senos perfectos y zapatos cómodos de color marfil. Alan vaqueros y camisa ancha para disimular su falta de musculatura. Era su primera cita de amor. Quedaron en la casa de él, tras unos pocos minutos de conversación, sonando de fondo la música de Alejandro Fernández, la mano de él se posaba sobre un seno mientras sus labios se dirigían al encuentro de su cuerpo.
Tras pocos minutos ambos eran un sólo ser , que le entrelazaba en besos, caricias y calor. Alan era un experto amante, sabía donde tocar y sin preguntar ,tras besarla con devoción de santo por todos los rincones, le abrió sus piernas dedicándose por entero a hacerla sentir placer femenino con todo su poder de perfecto amante, la fue doblegando con éxtasis
Tras explotar varias veces de delicia sublime alcanzada, gimiendo, sudando y sin poder contener su gratitud, ella le devolvió la dedicación y lo fue haciendo suyo con la misma técnica que él había empleado; besos, caricias y lamerlo por entero, deteniéndose en su falo y zona sexual, no se detuvo y lo hizo explotar en un trepitoso orgasmo, El mejor que había tenido en su vida, ya que Martina también se dedicó a excitar la próstata . Al principio él puso reparos, pero según fue sintiendo dejó de decir no para entregarse a la sensación del momento..
Tras la exploración conjunta, donde ambos aprendieron a sentir sus relojes sensuales, comieron y bebieron algo. Ya relajados más tarde hicieron el amor, tocando, lamiendo y tomándose con gozo. Éll la poseyó como a ella le gustaba, bastó presenciar su orgasmo para darse cuenta de la forma en que ella vibraba. Ambos ajustaron sus tiempos y consiguieron estallar a la vez, dueños de su lujuria y de su energía vital, quedaron unidos como amantes de amor que se descubren tras un encuentro perfecto.
Sus veinte años eran una bandera ondeando para el amor. Con un corazón vacío de emociones, sin heridas por las desilusiones, era una bella manzana sana para catar Era tan bella: largas piernas , silueta perfecta, melena larga brillante de color castaño, preciosos ojos verdes... Ahora Martina observaba través de la cortina el movimiento en la calle, como siempre nada interesante, ningún tipo con arquitectura principesca pululaba cerca. Aburrida y algo hastiada por la soledad se decidió hacer algo de deporte en un polideportivo cercano, ataviada con ropa deportiva en dos segundos salió sin más..
En el polideportivo un hombre delgado, poco agraciado físicamente y con ojos ardientes de color marrón no dejaron de perseguirla por todas las posiciones de gimnasia, parecía seguirla como un perro lazarillo. Un poco molesta por la insolencia de aquel renacuajo, se volvió para soltarle a bocajarro:
Oye, sin duda yo soy un bocado mayor para tu dentadura de pobre diablo, así que date aire y vuela, no te costará trabajo hacerlo. -Acompañó sus palabras de una risa hiriente y prosiguió su camino segura de que no se volvería a atrever a mirarla-
Hola encanto, soy Alan. Es tanta tu belleza que quedé enamorado de tus verdes esmeraldas que enjoyan tu rostro. No te preocupes, en cuanto sientas mis manos y mi cuerpo hacer vibrar el tuyo de placer, te pareceré el hombre más valioso del planeta- Respondió con una voz impresionante, varonil y cariñosa que provocó una escalofrío en Martina, que se quedó petrificada e indefensa ante aquella insinuación desvergonzada. Llena de rabia le dirigió una mirada asesina y sin decir nada se marchó a casa-
Alan consiguió su objetivo, tras muchas semanas de seguirla, mirarla y sonreírla con deseo ella terminó bajando barreras pasando de sentir un asco y desinterés por él a ser capaz de sonreírle y una vez acostumbrada a su presencia y compañía acudía al polideportivo ilusionada porque sabía que siempre él estaba allí esperándola.
Martina vestía una falda holgada de color blanco, una blusa rosa estrecha que dibujaba sus senos perfectos y zapatos cómodos de color marfil. Alan vaqueros y camisa ancha para disimular su falta de musculatura. Era su primera cita de amor. Quedaron en la casa de él, tras unos pocos minutos de conversación, sonando de fondo la música de Alejandro Fernández, la mano de él se posaba sobre un seno mientras sus labios se dirigían al encuentro de su cuerpo.
Tras pocos minutos ambos eran un sólo ser , que le entrelazaba en besos, caricias y calor. Alan era un experto amante, sabía donde tocar y sin preguntar ,tras besarla con devoción de santo por todos los rincones, le abrió sus piernas dedicándose por entero a hacerla sentir placer femenino con todo su poder de perfecto amante, la fue doblegando con éxtasis
Tras explotar varias veces de delicia sublime alcanzada, gimiendo, sudando y sin poder contener su gratitud, ella le devolvió la dedicación y lo fue haciendo suyo con la misma técnica que él había empleado; besos, caricias y lamerlo por entero, deteniéndose en su falo y zona sexual, no se detuvo y lo hizo explotar en un trepitoso orgasmo, El mejor que había tenido en su vida, ya que Martina también se dedicó a excitar la próstata . Al principio él puso reparos, pero según fue sintiendo dejó de decir no para entregarse a la sensación del momento..
Tras la exploración conjunta, donde ambos aprendieron a sentir sus relojes sensuales, comieron y bebieron algo. Ya relajados más tarde hicieron el amor, tocando, lamiendo y tomándose con gozo. Éll la poseyó como a ella le gustaba, bastó presenciar su orgasmo para darse cuenta de la forma en que ella vibraba. Ambos ajustaron sus tiempos y consiguieron estallar a la vez, dueños de su lujuria y de su energía vital, quedaron unidos como amantes de amor que se descubren tras un encuentro perfecto.
FIN
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