jueves, 28 de agosto de 2014

Elvira la ganadora


-Elvira, ¿has terminado ya?¡ Debes darte prisa si quieres que lleguemos a tiempo al entrenamiento de tu grupo es las cuatro y media!- dijo su madre tratando de calmar su impaciencia.
-Estoy casi a punto, mamá- respondió ella con gran ansiedad- mientras observaba que aún le quedaba estudiar lengua.

Tras darle un gran beso en reconocimiento a su deber cumplido, madre e hija se montaron en el coche en dirección al campo de entrenamiento. Elvira era pese a su juventud, una promesa del atletismo, había ganado varias medallas y en el colegio era considerada una estrella del deporte, además de ser la primera de su clase, todas sus notas eran de sobresaliente.
En el trayecto, a Elvira se le ocurrió una idea genial;
-Mamá, he pensado que quiero ser ladrona de bancos, así no tendré que estudiar-exclamó con gran satisfacción-
-Elvira, cariño, los ladrones de bancos, son delincuentes y siempre acaban encerrados. Tienes que estudiar, ves a ese que está en la esquina? El que está pidiendo? Está ahí por no querer estudiar si hubiera querido esforzarse, tendría una vida buena.
-Vale lo entiendo, estudiaré mamá y seguiré esforzándome a tope -respondió elevando la voz- trataba de contener la rabia de tener que estar siempre tan ocupada.

Al llegar al campo, comenzó a entrenar, sus compañeros apenas la saludaron. A veces pensaba que eran sus únicos amigos, pero cuando empezaba la competición se daba cuenta de que sólo eran compañeros, apenas jugaban a nada. Aquella tarde notó una molestia al entrenar y su monitor le dijo que descansara. Así que fue hacia un árbol y se sentó, quedó dormida en pocos minutos y empezó a soñar.
Se despertó en un mundo nuevo, no estaba su madre y tampoco el equipo. Sintió un escalofrío y tuvo ganas de volver, pero era valiente y decidió seguir adelante. El camino estaba lleno de luz pronto pudo ver el mar, corrió contenta hacia la orilla, estaba recogiendo piedras y conchas, cuando de repente, vio a una niña de su edad, le estaba sonriendo. Llevaba uno vestido viejo y sucio, su pelo era negro, estaba revuelto, sus pies descalzos, se acercó y comenzó a recoger conchas y piedras para Elvira.
Le costó sonreír. ¿Qué pensaría su madre si se hacia una amiga así? Seguro que era la hija de algún pescador pobre, no habría ido a la escuela, no era de su posición... aún así no pudo evitar querer jugar con ella.
La niña tenía ganas de correr y comenzó una carrera con el desafío ¡a ver si me coges! Con su risa se fue alejando. Elvira tuvo ganas de decir que era campeona, pero en su lugar salió al la carrera detrás de la niña, la alcanzó y le tendió la mano. Juntas corrieron, rieron y jugaron muy felices.
De repente alguien tocó el hombro, iba a despertarse cuando escuchó “Elvira, no me olvides, sonríe mucho y aprende a compartir, es más fácil todo si te ayudas de otros, el éxito está en disfrutar tus hazañas con los demás, te quiero”
A partir de ese día todo cambió. Elvira siguió compitiendo y ganando medallas pero esta vez, se esforzaba por compartir con sus compañeros aquellas estrategias que le habían funcionado bien. Sus notas descendieron, su madre, alarmada la amenazó con sacarla del equipo, pero observó la gran tristeza que provocaba esa idea en los ojos de su hija. Al fin que comprendió, las metas que le había impuesto no eran las que la niña quería tener. Tuvo que aceptar que Elvira dejara de ser la mejor alumna de su colegio para ser la mejor amiga de sus amigos.
Fin

No hay comentarios: