viernes, 3 de diciembre de 2010

Diamante destrozado

El amor, alas del paraíso que nos rozan
tanto y tantas olas llenas de rosas y amor
tantas brisas cargadas de ilusión estalladas
hoy en la verdad de una quimera hueca de pasión.

Sí me arrepiento de amar y confiar en la soledad
del que miente y enreda, del diablo sin alma que
necesita nutrirse del sentimiento noble de la firmeza.

Mi cuerpo siente frío y la cólera furiosa de caballos negros
de locuras abiertas me llevan a odiar y maldecir sus maneras
sus idas y gestas de poca suerte con las damas que nada teman
que él tras restregar sus bajezas hará batallas de sus lindezas.

Ojalá olvide sólo su existencia
para no sufrir humores amargos
y cristales en las muelas.

Que mil mujeres le quiebren las fuerzas y dos mil más la ballesta
que yo camino frente al mar burlada y enhiesta.

Que la calma me adormezca y mis pasos seguros climaticen
mi pasión para otras manos que esperan un amor salado.

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