domingo, 12 de diciembre de 2010

La sonrisa de Carlos


Él quería ser algo grande, bañarse en los lagos, amansar el aire
leía y releía que Dios era así inmenso y extenso como la tarde.

Pero corazón de oro y ojos de pasión, no sabía que el divino pastor
era sueño y terror, no sólo un hombre que trata de jugar a las cartas
con el mundo sin amor, él solito quería ser Dios y sólo era un luchador.

Las tensiones de la vida y la falta de ilusión encogieron su dicha
su vida no era ella, sino rutina de días y noches repletos de ecos
incompletos donde nada le saciaba, hambruna de mujer ansiada.

Y llegó la princesa del color púrpura sin agujas ni pudor
a colgar racimos de uvas de yemas de almendro repletas de pasión
tejiendo una senda donde él se sustenta como un niño que sujeta la teta
hombre de fe, amante de letras, se calienta mirando a la hembra de pasiones
mirando al vacío se llena y vacía con ella, sólo ella su sonrisa despierta
vuelve a él retrocediendo la flor de la sonrisa que no cultivó.

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