No olvido el terrible miedo
suena como un reloj sin horas
miedo profundo si pienso...
En el amor enraizado de roca
un día se esfume en la espuma
de una ola que arriba a la orilla
sin fuerza diluyéndose en nada.
No olvido la sangre que brota de
heridas
sangrantes, inhumanas causadas por
manos
sin alma, tan profundas que la muerte
salva.
¡Caen, almas aniquiladas ¡caen!
¡caen como gotas de agua!
¡caen como amenazas afiladas!
¡caen malditas! ¡caen venganzas!
¡caen tormentos! ¡caen cuchilladas!
¡balas! más, más, más metralla...
Ojos inocentes abiertos de Muerte
gritan un basta ya nadie puede
detener
imágenes grabadas que diarias se ven
sin dejarse conmover, son imágenes...
Olas caen sobre olas de sangre
en un mar de lágrimas lejanas
que no tocan, no rozan, no importan
a nadie, a nada.
¿A nadie, a nada?
¿Llegó la impasibilidad a ser olvido?
Olvido al que sufre
al que llora, muere
al que grita sin voz ni lágrimas
¿Olvido fue?
Vuelvo a mí otra vez:
No olvido el miedo al tiempo que pasa
dejando recuerdo de rayas y un suspiro
me
deje crujida a una chicharra que solo
suena en su agitar de alas, invisible
es
chirría su presencia en verano.
Miedo a llegar a ser estatua de marcas
cheque acaudalado de intereses
interesados
olvidando la riqueza pobre del ayer.
Espero no olvidar que soy lo que doy
fuerte mujer que abre caminos de sueños
sin miedo si hay una lucha que
emprender
sacrificada al placer de llegar a ser
esperanza.
Maite Albarrán agosto 2012
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