Ríos
de Siria, exaltados
riberas
de coágulos de sangre
densas
y espesas alimentan
la
Tierra de un país desangrado
colmo
de lloros y desgarros.
He
aquí vuestra fe, malditos
vuestra
llamada de Dios
religiosos
de las armas
la
tortura y el rencor.
¿El
Odio, es la palabra de Dios?
¿Qué
Dios os mirará a los ojos
si
amaba a todos los Hombres?
Siria,
querida eres, sin conocerte
me
duele tu sangre, mía
yaces
herida en un lecho
de
cobardes que matan
desprecian,
el don de la vida.
¡La
vida, luz
de
la conciencia!
¡Siria, escuchar!
La
muerte os afrenta
en
vuestras mesas está presente
os
llama cada día, al combate.
¡Servís
obedientes
al
metal que taladra!
Los
ojos de los niños, inertes
abiertos,
miran, los sorprendió
la fría muerte, jugaban
con
sus mentes en la calle.
No
tuvieron tiempo de esconderse
lo
hicieron tantas veces, bien
y
hoy, los sorprendió la metralla
de
las bombas racimo, que estallaban
silbaban
bien mientras se paraban
en
la carne tierna, desnutrida, desnuda
destrozando
con horror, sus infantiles vidas.
¡Que
herida
grito, partida
grito, partida
soy su madre!
¡Ríos
de Siria, sangran
la
inocencia de un mar
de
futuros sin alambre!
Nota:
Que me perdone aquel que no gustó de leerme, no soy inmune a lo que mi ojo capta, ni guardaré silencio a esta masacre humana.
Que me perdone aquel que no gustó de leerme, no soy inmune a lo que mi ojo capta, ni guardaré silencio a esta masacre humana.
Maite
Albarrán /noviembre 2012

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