El frío de las mariposas
Había una vez, un
grupo numeroso de hermosas mariposas de alas blancas y brillantes.
Todas eran de una belleza impactante, menos una que al expandirse,
dejaba visible la imperfección de sus alas irregulares y sus motas
negras, le daban una aire de simplicidad y eso le costó el rechazo
absoluto del resto de mariposas.
La pequeña Adi, las
seguía sin que le atormentara los murmullos constantes de las otras,
que cruelmente la despreciaban por ser diferente. Aprendió a estar
en silencio, meditaba sobre la belleza de las flores y las muchas
oportunidades recibía del grupo, ya que al viajar aprovechaban las
corrientes de aire y la sabiduría de las más veteranas.
Una noche como era
costumbre, se posaron sobre la rama de un árbol para recibir el
calor de los rayos claros de la luna. La pequeña Adi, se quedó
sobre la roca fría a oscuras, sabía que no habría sitio para ella
entre las demás. Pero para desgracia del grupo, la luna estaba
triste, se había enamorado de una príncipe muy bello que la había
abandonado por una princesa de cabellos de oro. La luna lo buscaba
desesperada en todos los charcos, porque sabía que le gustaba tomar
la forma de un sapo verde y verrugoso. Pero tras muchos días sin
hallarle se quedó tan triste que parecía un queso de bola amarillo.
Las mariposas
sintieron entonces un frío intenso y por más que cantaron para
alegrar a la luna, no lo consiguieron. Estaban muy enfadadas y por
primera vez, repararon en Adi, que parecía estar durmiendo
plácidamente. Cavilaron sobre el motivo por el cual aquella mariposa
tan fea era capaz de resistir al frío no pudiendo contenerse,
fueron a preguntar sin más indecisiones.
-Oye mariposilla
vulgar, ¿Por qué no tienes frío si estás sobre la roca más fría
que nosotras?-Le inquirió la más curiosa.
-¡Buahhhh! Me
habéis despertado ¿Que, que pasa? ¿Algún peligro?-Preguntó sin
saber porque estaban hablando con ella.
-Además, torpe. Te
lo repetiré ¿Por qué no tienes frío?
-¡Ah, bien yo
siempre duermo sola!
-Lo sabemos, nunca
te vimos temblar y la verdad no nos importaba si pasabas frío, ahora
que lo estamos sintiendo queremos saber cual es tu secreto.
-Veréis, yo os
admiro mucho, me habéis ayudado a aprender a sobrevivir sola.
Durante el día suelo pasar mucho calor, ya que elegís los sitios de
sombra. Eso me ha llevado a recoger un calor en mi cuerpo que regulo
para cubrirme durante la noche.
-¿Y como has hecho
eso? -le preguntaron con sorpresa-nosotras no podemos.
-Quizás fue la
necesidad de sobrevivir al frío de la noche. Nunca estuve cubierta
por ningún ala de una compañera...
Las mariposas se
sintieron muy mal. Aquella mariposa que habían despreciado con
desdén les estaba dando una lección de supervivencia. Nunca la
oyeron quejarse del frío que pasaba. Avergonzadas callaron y pasaron
la noche tiritando deseando ver un nuevo amanecer.
A la mañana
siguiente, le pidieron a Adi que las enseñara a acumular calor en
sus cuerpos. Por primera vez, se sintió importante. Todas parecían
ansiosas por aprender a hacer aquello que necesitaban conocer para
evitar pasar otra noche fría, porque la luna las volvería a dejar
a oscuras.
A partir de aquel
día, ya no repararon en las diferencias de Adi, seguía siendo una
mariposa vulgar pero con un gran corazón y un instinto de
supervivencia propio de una líder.
-Fin-
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