Atravieso la ciudad
para llegar a otra
mi vieja bolsa antaño
olía a libros y sueños
hoy transformada
huele a fogón
prisas
y aromas
de interminables
recetas.
Guarda en secreto
utensilios de metal
herramientas básicas
de elaboración
de vida en alimento.
Y la sombra me vio
caminar con el
carro.
Y la sombra me siguió
sigilosa y juguetona
caminaba en pasos
de un joven
que aún disimula
ser niño.
Era niño
con el alma
oscura de un maldita
fiera traidora.
Me cazó en la inocencia
de pensar que estaba a salvo
dibujaba ser no más que
una broma, no asalto.
No se está a salvo hasta sentir
la luz del hogar.
Caí, luché y grité con la fuerza
de un león, desgarré mi voz
en un “socorro, ladrón”
y defendí el sueño
corrí tras él
defendida del eco.
Y un mágico ser
comprendió el grito
el alarmante alarido desesperado
del que se ve fusilado.
Asaltada pensé en la
impotencia de vivir
un oscuro final
y dejar huir
a un insensato
criminal.
Y salió el defensor
un árabe soñador
corrió tras la fiera
cazó y me devolvió
la bolsa de sueños.
Y maltrecha agradecí su labor
de ser un angel cegador árabe
que corta al tigre en dos.
Y fui víctima del ataque
y la princesa rescatada
de las garras de una despiadada
sombra que rasga y ataca,
sin importar si mata.
Y aquí me hallo para decir
que mi tierra me atacó
y un árabe desconocido
me salvó sin esperar
recompensa, así se marchó
fiera y defensor.
Y dejo letra de celebrar
que mi bolsa y la vida
siguen aquí de nuevo en pie.
El miedo camina acobardado
de sentirse despechado
en el corazón de una mujer
que jamás dormirá a su lado.
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