

Nunca pensé que me fuera a tocar a mí. No nos hablábamos desde hace años, demasiados quizá. Y su llamada sonó desesperada. "Ayúdame te lo suplico, olvida el pasado, perdóname, somos familia" Claro que lo éramos, pero tuvo que caer en la miseria absoluta y la soledad para recordarlo.Tiene alzheimeralzheimer, por suerte, aprendí a escribirlo hoy, antes era una enfermedad más de los ancianos, desconocida para mí, ahora siento interés por saber como se escribe porque estoy aprendiendo a soportar sus consecuencias en mi vida.
Ella es insoportable, mi suegra, la enferma. Lo era antes pero ahora está agravada por su enfermedad. Lleva dos días en casa, su propio hijo masculló desesperado que no sabía lo que había hecho, quería irse de casa en plena noche, no la soporta. Fue al cruzarse a media noche en el pasillo, cabreado se dirigía a dormir en el sofá, ella se había levantado al baño y le preguntó si tenía que ponerse "Trombocil", llevaba la pasta de dientes en la mano en lugar de ese tubo", luego al ver que mi cama quedaba libre quiso aprovechar la ocasión, le dije que no, que su hijo tenía que dormir y que regresaría. Calló y a duras penas conseguí que volviera a meterse en la suya, la puse en una cama alta de le cuesta trabajo bajarse, para evitar que deambule toda la noche por la casa preguntándonos si tiene que ponerse la crema otra vez o si tomó sus medicinas. Al irse su hijo a trabajar logró meterse en mi cama.callé y seguí durmiendo, por suerte me da por reír, mi paciencia es infinita.
Trato de comprender y perdonar. Puedo renunciar a unos sueños más, me necesita.
¡Qué duro es perder las neuronas! Repetir sistemáticamente los mismos argumentos sin darte cuenta. El cerebro rige, actúa sobre le pasado, nunca sobre el presente. Es capaz de recordar cualquier hecho de su vida, salvo lo que hizo hace cinco minutos.
La he convencido de que no necesita muletas. Camina erguida, por primera vez en un año, se atreve a caminar sin ellas. Pasea de punta a punta de la casa, me recuerda al gato que tanto me persigue. No puedo gritar ¡para! porque se asustaría.
Trata de ser una hija más de setenta y tres años. No sé cuánto tiempo aguantaré esta situación, quizás un mes, dos meses, quizás sea capaz de vivir con ella. Lo estoy intentando. A veces se da cuenta y calla por miedo a que le den de lado, la rechacen y se vuelva a quedar sola en su piso.
Alzheimer se llama su degeneración. Pero no va sola. Aumenta como defensa unas carencias de movimiento que no tiene. Absorbe las atenciones, busca la comunicación por todos lo medios.
¿Qué hacer? No le debo nada. Pero no se puede abandonar a un anciano analfabeto a su suerte. Intentaré buscarle un buen lugar y mientras tanto darle calor de hogar.
Es mi segundo día con ella. Tuve que coger un taxi y traerla. Su situación era desesperada quería arrojarse desde un sexto piso al vacío. No aguantaba la soledad, no comía, no tomaba su medicación. La tristeza y el abandono devoraban sus ganas de vivir.
Sé que cogerá fuerzas y me tumbará. Pero lidiaremos con su enfermedad y con ella. Tranquilizaré mi conciencia siendo mejor de lo que ella fue. Me daré una oportunidad de enmendar años sin comunicación. Sus palabras amartillean cuando la veo caminar arrastrándose por el pasillo "mi vejez es para disfrutarla, no quiero saber nada de criar niños"
Y son esos niños los que le dan conversación, a los que reclama una atención. Dice que la vida te da, también te enseña a ser humano y humilde, por si un día el mundo se gira y no eres más que un escarabajo, una tortuga inútil que necesita que los demás volteen tu caparazón para dar un paso.
Vejez, bendita catarsis del pecado. Todo se paga, es cuestión de que el tiempo te arañe para recordarte en que fallaste a los que querías y tengas que vivir pensando que cada gracia recibida, que cada detalle, cada momento del tiempo de esa persona te lo cede por bondad a cambio de nada. Y saber que todo lo que no hiciste por egoísmo y otros lo harán por ti por la necesidad de ser humanos, sólo eso humanos.
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