jueves, 18 de septiembre de 2008

La libídine descubierta de Marisol

Marisol acababa de discutir con su madre por una trivialidad, por lo visto no ayudaba lo suficiente en las tareas de casa. Estaba harta de vivir con sus padres. Pero la situación económica no era boyante, con su sueldo sólo alcazaba a pagar las letras de su coche y sus gastos.

¿Y ligar? Llevaba casi un año sin tener sexo con ningún chico. Su temperamento se lo dificultaba. No solía caer en las redes de los ligones ocasionales, necesitaba conocer algo al chico para profundizar en lo que podía ofrecerle en la cama y como no tenían paciencia para un cortejo amistoso siempre terminaba sola, a pesar de ser muy bella.” Los tíos van a saco, se decía, prefiero el autoconsuelo de una masturbación “. Sabía que era muy exigente con sus amantes. Los anhelaba ardientes y sensuales. Y los veinteneros carecían de esa virtud. Todos tenían mucha prisa para practicar un buen conocimiento sexual del cuerpo. Esa sensualidad especial que necesitaba sólo la encontraba en hombres comprometidos o demasiado libertinos, cosa que le desagradaba.

Arrebatada por su mal humor buscó su mochila, para meter una botella de agua, el móvil y las llaves, en el último momento pensó en llevar también condones, siempre los compraba aunque se le caducasen en el bolso .Cogió unos cuantos y los echó dentro por si acaso ligaba con un árbol, rió sarcásticamente mientras se calzaba las deportivas. Tenía que despejarse así que pensó en hacer una pequeña caminata por el bosque que estaba cercano a su casa.

Salió enfurecida caminando autómatamente. Aceleró el paso y se fue adentrando en la profundidad del bosque frondoso sin analizar el recorrido, cuando quiso reaccionar era demasiado tarde, llevaba una hora caminando y no sabía donde estaba,. Se detuvo temerosa para intentar reconocer algún detalle del paisaje

-¿Dónde estoy ? Me he perdido. -Exclamó en voz alta-Pufff!! No debí venir!

Se sentó en el suelo decepcionada con la cabeza entre sus manos a pensar en como salir de allí, el móvil no tenía cobertura. De repente escuchó el leve susurro del agua.. Olía a moho. No debía de estar muy lejos de el. Siguió el leve sonido del agua hasta llegar al río. Se sorprendió Había un chico muy atractivo sentado sobre una roca. Le hizo señas dando saltos de alegría y rápidamente cruzó el fino hilo de agua que los separaba.

-Hola buenas tardes. Me llamo Marisol y creo que me he perdido. ¿Podrías decirme como se sale de este bosque?

-Hola, yo Eugenio. Sí, claro ya te acompaño. Ya me iba a casa.

El muchacho se levantó sacudiendo su pantalón verde oliva. Era alto y delgado, pero su cuerpo era el de un deportista. Al instante Marisol sintió que se ruborizaba, era muy guapo, pensó y algo en su interior comenzó a agitarse.

-Iremos por este camino, debes ir tú delante y seguir todo recto, yo iré detrás por si das un traspiés ,el terreno está mojado y la montaña es muy traicionera- Le recomendó Eugenio

-De acuerdo, pero no sé si será buena idea.
-Lo es ,hazme caso y camina verás que pronto estamos en casa.

Marisol dubitativa siguió su consejo. Avanzaba sin poder evitar que en algunos momentos su indecisión la hiciera detenerse bruscamente para preguntarle si iba bien. Entonces Eugenio tropezaba con ella, inclinaba sus caderas hacia delante de manera que su sexo rozara el culo disimuladamente. Al principio Marisol quiso objetar, pero el chico le gustaba y comenzaba a subirle el libido, lo deseaba. Las paradas comenzaron a ser intencionadas, en cada una esperaba la embestida directa de él y el consiguiente frote lascivo de su órgano sexual endurecido contra su trasero.

Eugenio perspicazmente cambió de parecer y fue adentrándose de nuevo en el follaje espeso del bosque, estaba claro que ella quería algo más y decidió jugársela.

Llevaban treinta minutos caminando cuando Marisol algo inquieta por ver que de nuevo descendían hacia abajo le preguntó.

-Seguro que es por aquí? Creo que volvemos a entrarnos en el bosque.
-Tranquila casi estamos en el lugar.
-¿En qué lugar?
-En uno que no vas a olvidar.

Ella lo miró a los ojos intentando descubrir sus intenciones, vio el deseo y la pícara sonrisa dibujada en su rostro. Seducida por una curiosidad voluptuosa se extrañó de su sumisión pero consintió en seguirle el juego .

A los cinco minutos llegaron a un claro en la espesura de aquella selva de árboles enormes. Era un espacio de unos cinco metros, el suelo estaba cubierto de hojas, era una cama mullida con un olor especial. Se habían acumulado en unas pocas semanas coincidiendo con el otoño. Los árboles estaban agrupados formando el pequeño círculo. Altos y cubiertos de follaje aún, solo unas pocas hojas habían perdido, dando una intimidad especial al lugar.

Eugenio de repente la agarró por los hombros y la detuvo inesperadamente. Su boca le susurró al oído “ aquí es donde vamos a disfrutar, cariño” con una voz insinuante, aterciopelada muy varonil, mientras clavaba su pene tieso de nuevo en su trasero, acompañándolo de un movimiento de caderas de sube y baja y besando delicadamente su cuello.

Marisol soltó un suspiro contenido durante todo el trayecto. Sus bragas estaban empapadas. Había conseguido seducirla. Lo apartó un segundo para dejar la mochila sobre el suelo, él la emuló.
Se miraron a los ojos devorándose. De nuevo el la agarró y la volvió de espaldas a él. Repitiendo el restriegue de su sexo contra su culo.

-Tienes un culo precioso, me pone cachondo.
-Y tu un pene que debe ser la ostia, por como se clava.

Se besaron Ella lo deseaba ardientemente y aunque quería revelarse contra lo que estaba ocurriendo, su cuerpo estaba entregado a la lujuria ya no la obedecía. Él entonces se agarró sus pechos con fuerza y siguió restregándose contre su culo en una inclinación de sube y baja, semi flexionando sus rodillas. Olía su pelo y besaba su cuello con delicadeza.

-Quiero más. Voy a quitarte la ropa y será la experiencia más inolvidable de tu vida. -Le dijo mientras comenzaba a desnudarla sin mirarla a los ojos, desde la misma posición y por detrás.

Ella consintió sin decir nada, estaba en otra dimensión erotizada hasta la médula por sus manos.

Cuando la despojó de su ropa la giró para verla de frente por primera vez. Su cuerpo era hermoso. Suaves pechos con pezones oscuros endurecidos y un pubis triangular con un bellu oscuro recortado.

La miró a los ojos para descubrir sus ganas de ser follada. Separó con una de sus manos la entrepierna para ver que su vulva dejaba correr el lubricante vaginal casero por entre sus piernas. Eugenio sonrió al descubrirlo, la tenía mucho más excitada de lo que pensaba y fue entonces cuando separó sus piernas, dejándola en posición de tijera. Masajeó con sus dedos el clítoris e inmediatamente se agachó para chupar con su lengua el sexo húmedo.

Lamía con fuerza, mordisqueando el clítoris y introduciendo su lengua hasta el fondo de la vagina, ella gritaba de placer. Sus manos permanecían agarradas a sus pechos, pellizcándolos sutilmente. Ella jadeaba al borde del orgasmo cuando él utilizó las manos para abrir bien sus labios vaginales. Quería ver y recibir los jugos directamente en su boca. Lengüeteaba desde su clítoris hasta el ano. Le encantaba chupar todo su sexo.

Marisol tras alcanzar un estrepitoso orgasmo que la hizo estremecerse espasmódicamente, pensó que así debía sentirse alguien por un rayo de placer sublime, le sujetó la cabeza entre sus manos delicadamente para detenerlo.

- Es suficiente amor, ahora me toca darte algo a ti

Él asintió y se levantó sorprendido. “Vaya le gusta tener iniciativa, la dejaremos actuar”, pensó. Ella desnuda comenzó a bailar una música que sólo sonaba en su cabeza. Eugenio la veía bailar y contonear sus caderas excitándole aún más, mientras seguía frotando su culo contra su pene. Bajaba hasta sus rodillas y volvía a su ascender frotando su cuerpo desnudo contra él.

Al rato el baile terminó y lo fue desnudando lentamente, besando cada parte de su piel desnuda. Cuando sacó su pene del boxer pudo ver que estaba húmedo, el líquido preseminal se había derramado.
Al descubrir el glande absorbió el líquido que emanaba con su boca. Pasó su lengua por sus testículos y sus ingles. Su cabeza iba de atrás a delante, su boca trabajaba hábilmente succionando el miembro, lo tragaba hasta que dejaba de respirar, sus manos acompañaban agitándolo para aumentar aún más su excitación.

- Para, estoy preparado, para que no aguanto más- Le ordenó repentinamente Eugenio-
Ella lo miró desde abajo y solicita obedeció.

-Dime Marisol ¿Te gusta el sexo fuerte?
-Ahhjjj! Pues no lo sé, no lo he probado.

Eugenio se quedó atónito ante la respuesta, la notaba muy experta para no saber distinguir entre el sexo duro y el sensual, así que ideó una mezcla de ambos. Le situó sobre sus rodillas y palmas, simulando la posición de una perra. Volvió a arrodillarse detrás de ella para lamer de nuevo su clítoris hasta el ano, metió un dedo en la vagina para que se relajara, preparándola para la introducción de su polla. De repente le metió todo su miembro hasta chocar con el cuello del útero, ella exhalo un suspiro de placer y dolor. Comenzó a embestirla con fuerza. Ella gemía presa de sensaciones desconocidas, se alternaba un placer inmenso y un pequeño brote de dolor. Aquello comenzó a gustarle, era un sexo distinto.

Eugenio no se olvidó mientras la poseía de su segundo agujero . Sus dedos índice y anular la penetraban simultáneamente preparando el terreno. Ella no se daba cuenta de esa doble penetración, era perfecto.
Entonces decidió variar la posición, la reclinó sobre las hojas del bosque lateralmente haciéndola levantar la pierna hacia arriba, separó sus cachetes y se la volvió a meter de un solo golpe pero esta vez por su ano, ella gritó de dolor

Fue entonces cuando la sujetó con su brazo. Ella trataba de cerrar las piernas, con la otra mano el volvió a levantársela. La fue calmando con besos dulces apasionados y susurros mientras su mano frotaba su clítoris magistralmente.

-Dejate llevar, te va a gustar.
-Pero duele muchísimo,¡ déjame ya!
-Será un momento en dos segundos te gustará tanto que me pedirás que te de bien fuerte, confía en mí. Relájate y verás como es verdad.

Marisol conteniendo sus ganas de llorar, se dejó poseer por la furia salvaje de Eugenio que la penetraba brutalmente. A los pocos minutos sintió que el dolor desaparecía, todo su cuerpo de nuevo se convulsionaba por el placer. Jadeaba como una loba.. Sentía el pene tocando su vagina por la pared anal. Le gustaba. A la vez el placer aumentaba porque Eugenio seguía agitando su clítoris. Fue fantástica la experiencia. Tuvo varios orgasmos sin saber precisar que órgano interior lo causó.

Disfrutaron en esa posición casi una hora, descansando unos minutos y volviendo a empezar.

Al terminar comenzaba a anochecer, debían darse prisa, se vistieron rápidamente y rumbo a casa. Por el camino para entablar conversación Eugenio le preguntó el motivo que la llevó a adentrarse en el bosque sola y sin fijarse en nada.

-Un cabreo, con mi madre.
-Vaya espero que se haya pasado.¿Verdad? -Le preguntó irónicamente Eugenio.
-Claro, es la primera vez que disfruto de una discusión con una pasión salvaje y sin dejarlo pensar lo besó atornillándole la lengua en su boca. Y espero quedar más ...

-No lo dudes Marisol, estaré aquí siempre que necesites relajarte. Y devolviéndose una mirada de complicad, caminaron juntos hasta la salida del bosque.

Fin

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