Julito
vivía feliz en el bosque, era un gran bromista así que un día en
el que se aburría al ser ignorado por sus amigos, lleno de osadía
fijó la vista en el señor Juan, el zorro. Este pasaba todos los
días bajo los árboles escrutando con avidez las ramas frondosas más
altas, por si algún mono nervioso por su ferocidad caía.
-¡Buenos días Sr. Juan!- saludó maravillando al astuto zorro que ya se relamía pensando en la inocente victima atrevida.
-¡Buenossss díassssss! -siseó el saludo disimulando el hilo de baba que le corría por la comisura de la boca al pensar en el monito simpático.
-Había pensado en bajar ahí abajo con usted para que me mostrara el camino donde hallar las trufas que algunas veces veo que encuentra, me parece que deben estar deliciosas.
-Baja, hijo baja, soy un zorro honesto jamás me atrevería a atacar a un tierno joven monito como tú que no teme al zorro.
-Vale-contestó Julito con una gran sonrisa que dejó ver sus hermosos dientes.
Julito adivinó en esas palabras las ganas del zorro, invadido de valentía y buen humor, comenzó a bajar por el tronco hacia el suelo. Cuando apenas le quedaban unos pequeños pasos, el zorro concentrado no percibió que era acribillado por una lluvia de piedras, palos y ramas hasta que el dolor se hizo agudo. Miró hacia arriba y vio muchos monos que se reían de él sin disimulo. Desconcertado buscó al pequeño Julito que ya debía estar en el suelo. Para su sorpresa descubrió que el monito tan simpático había trepado de nuevo con rapidez y estaba tirándole piedras pequeñas que se le clavaban en su piel con gran dolor.
Enfadado sintiéndose burlado por Julito y su inocente pregunta mostró tal fiereza que los monitos temblaron en los árboles. Lleno de rabia abandonó el lugar no regresando jamás, sin desear nunca más comerse un monito ya que desde aquel día desconfiaba con tanto rencor de aquellos seres que no cruzaba el bosque salvo de noche.
-¡Buenos días Sr. Juan!- saludó maravillando al astuto zorro que ya se relamía pensando en la inocente victima atrevida.
-¡Buenossss díassssss! -siseó el saludo disimulando el hilo de baba que le corría por la comisura de la boca al pensar en el monito simpático.
-Había pensado en bajar ahí abajo con usted para que me mostrara el camino donde hallar las trufas que algunas veces veo que encuentra, me parece que deben estar deliciosas.
-Baja, hijo baja, soy un zorro honesto jamás me atrevería a atacar a un tierno joven monito como tú que no teme al zorro.
-Vale-contestó Julito con una gran sonrisa que dejó ver sus hermosos dientes.
Julito adivinó en esas palabras las ganas del zorro, invadido de valentía y buen humor, comenzó a bajar por el tronco hacia el suelo. Cuando apenas le quedaban unos pequeños pasos, el zorro concentrado no percibió que era acribillado por una lluvia de piedras, palos y ramas hasta que el dolor se hizo agudo. Miró hacia arriba y vio muchos monos que se reían de él sin disimulo. Desconcertado buscó al pequeño Julito que ya debía estar en el suelo. Para su sorpresa descubrió que el monito tan simpático había trepado de nuevo con rapidez y estaba tirándole piedras pequeñas que se le clavaban en su piel con gran dolor.
Enfadado sintiéndose burlado por Julito y su inocente pregunta mostró tal fiereza que los monitos temblaron en los árboles. Lleno de rabia abandonó el lugar no regresando jamás, sin desear nunca más comerse un monito ya que desde aquel día desconfiaba con tanto rencor de aquellos seres que no cruzaba el bosque salvo de noche.
Fin
Moraleja
No creas que aquello que se te ofrece fácil puede ser una
oportunidad sin contratiempos, puede que la fortuna sólo desee
burlarse de ti.
Maite Albarrán junio/2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario