domingo, 1 de febrero de 2015

La vendedora


Había una vez una niña llamada Tania, que le gustaba cantar, inventar historias, cuentos con una creatividad exagerada que pocas personas comprendían. Ella al crecer, abandonó su mente fantasiosa dejándola apartada en el cajón de los olvidos, no se veía capaz de escribir lo que era  de imaginar, pasaba los días entretenida proyectando su cámara invisible en el silencio más absoluto en el cual sucedían  las cosas más inverosímiles. Así pasó a ser una mujer solitaria adicta al drama, amor y los finales felices.

Sin saber el motivo, se apuntó a una academia y aprendió lo que sus amigas decidieron estudiar. Le hubiera gustado ir al instituto pero en su familia no había recursos para pagar una carrera universitaria, así que decidió no soñar e intentar algo que sí pudiera hacer. Hubiera sido dado su carácter defensor quijotesto, una excelente abogada.

Pronto descubrió que ese oficio no le gustaba. Pero trató de continuar hasta que se le ofreció la posibilidad de casarse y pasar a ser responsabilidad de un hombre. Pronto supo que el dinero hacia falta y tuvo que trabajar en cosas que no le gustaban, hasta que surgió su primera oportunidad, ser agente vendedor de libros a comisión.

A pesar de la dureza del trabajo y el escaso sueldo, Tania disfrutaba absorbida por las personas que conocía y le compraban material educativo. Pronto tuvo que plantearse otro oficio, porque éste no le satisfacía económicamente.

Pasó muchos años detestando el trabajo de la venta, el único que le ofrecían porque estaba basado en la consecución de objetivos. El carácter emprendedor la aturdía, no se sentía capaz de vivir sin la seguridad de un pequeño sueldo que le diera para satisfacer sus necesidades.

Aún así, disfrutó enormemente del aprendizaje; fue agente de seguros, vendedora de congelados por catálogo, vendedora de libros por catálogo, vendedora de cursos para padres por teléfono, vendedora de uvas con su padre en los mercados a la edad de ocho años, captadora de visas, vendedora de almohadas, vendedora de gas natural, vendedora de telefonía, vendedora, vendedora...

Tuvo que aceptar que valía para el oficio. Pero quizás no había acertado con el producto que le satisficiera a nivel personal, aquel que la fascinara y apasionara para dedicarse con valentía, lejos del miedo al fracaso, superando la frustración de muchas derrotas previas a la primera victoria.

Era vendedora y también escritora. Lejos del miedo al rechazo, no buscaría el éxito inmediato, subiría peldaño tras peldaño, etapa tras etapa, de escalón. Ella no soñaba con vender libros y vivir de ello, lo tenía claro, su pasión, su creatividad era superior a cualquier intento comercial.

Así que comenzó a atreverse a escribir, a la edad de treinta y seis. Pronto sus poesías, relatos y cuentos inundaron los portales internautas, creó amigos, contactos, recibió criticas, halagos y supo que aún no recibiendo beneficio alguno por su labor, recibía el aprecio, la atención, la admiración de muchas personas que veían en sus escritos un pequeño punto de salvación. Sin duda era una escritora de éxito, lo había logrado.

Su cuenta bancaria estaba inundada de la nada más absoluta. Su trabajo como vendedora aún no había dado frutos, pero su etapa de crecimiento personal estaba en un grado aceptable. Se quería, valoraba y estaba a gusto con lo que el transcurso de años la había moldeado como persona.

Sería vendedora a su estilo; directo, honesto, abierto, comprensivo y humano. Ella era VIP, una “very important person” para todo aquel que quisiera apreciarla. El mundo se dividía entre los que la odiaban con vehemencia y los que la amaban con fascinación. Ya no le preocupaban las criticas, consciente de sus defectos, intentaba corregirlos cuando alguien se sentía molesto. Podía hablar durante horas o perderse en el absurdo silencio durante semanas.

Nadie sabía mucho de su vida. Pero no ignoraban que era una persona con las ideas claras, luchadora, emprendedora y que no se rendía a la primera, capaz de seguir donde los demás se detienen. Era una auténtica vendedora y cuando hallara el producto que la motivara sería la mejor.

-Fin-


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