Había una vez una niña llamada Tania,
que le gustaba cantar, inventar historias, cuentos con una
creatividad exagerada que pocas personas comprendían. Ella al
crecer, abandonó su mente fantasiosa dejándola apartada en el cajón
de los olvidos, no se veía capaz de escribir lo que era de
imaginar, pasaba los días entretenida proyectando su cámara
invisible en el silencio más absoluto en el cual sucedían las cosas
más inverosímiles. Así pasó a ser una mujer solitaria adicta
al drama, amor y los finales felices.
Sin saber el motivo, se apuntó a una
academia y aprendió lo que sus amigas decidieron estudiar. Le
hubiera gustado ir al instituto pero en su familia no había recursos
para pagar una carrera universitaria, así que decidió no soñar e
intentar algo que sí pudiera hacer. Hubiera sido dado su carácter
defensor quijotesto, una excelente abogada.
Pronto descubrió que ese oficio no le
gustaba. Pero trató de continuar hasta que se le ofreció la
posibilidad de casarse y pasar a ser responsabilidad de un hombre.
Pronto supo que el dinero hacia falta y tuvo que trabajar en cosas
que no le gustaban, hasta que surgió su primera oportunidad, ser
agente vendedor de libros a comisión.
A pesar de la dureza del trabajo y el
escaso sueldo, Tania disfrutaba absorbida por las personas que
conocía y le compraban material educativo. Pronto tuvo que
plantearse otro oficio, porque éste no le satisfacía
económicamente.
Pasó muchos años detestando el
trabajo de la venta, el único que le ofrecían porque estaba basado
en la consecución de objetivos. El carácter emprendedor la
aturdía, no se sentía capaz de vivir sin la seguridad de un pequeño
sueldo que le diera para satisfacer sus necesidades.
Aún así, disfrutó enormemente del
aprendizaje; fue agente de seguros, vendedora de congelados por
catálogo, vendedora de libros por catálogo, vendedora de cursos
para padres por teléfono, vendedora de uvas con su padre en los
mercados a la edad de ocho años, captadora de visas, vendedora de
almohadas, vendedora de gas natural, vendedora de telefonía,
vendedora, vendedora...
Tuvo que aceptar que valía para el
oficio. Pero quizás no había acertado con el producto que le
satisficiera a nivel personal, aquel que la fascinara y apasionara
para dedicarse con valentía, lejos del miedo al fracaso, superando
la frustración de muchas derrotas previas a la primera victoria.
Era vendedora y también escritora.
Lejos del miedo al rechazo, no buscaría el éxito inmediato, subiría
peldaño tras peldaño, etapa tras etapa, de escalón. Ella no soñaba
con vender libros y vivir de ello, lo tenía claro, su pasión, su
creatividad era superior a cualquier intento comercial.
Así que comenzó a atreverse a
escribir, a la edad de treinta y seis. Pronto sus poesías, relatos
y cuentos inundaron los portales internautas, creó amigos,
contactos, recibió criticas, halagos y supo que aún no recibiendo
beneficio alguno por su labor, recibía el aprecio, la atención, la
admiración de muchas personas que veían en sus escritos un pequeño
punto de salvación. Sin duda era una escritora de éxito, lo había
logrado.
Su cuenta bancaria estaba inundada de
la nada más absoluta. Su trabajo como vendedora aún no había dado
frutos, pero su etapa de crecimiento personal estaba en un grado
aceptable. Se quería, valoraba y estaba a gusto con lo que el
transcurso de años la había moldeado como persona.
Sería vendedora a su estilo; directo,
honesto, abierto, comprensivo y humano. Ella era VIP, una “very
important person” para todo aquel que quisiera apreciarla. El mundo
se dividía entre los que la odiaban con vehemencia y los que la
amaban con fascinación. Ya no le preocupaban las criticas,
consciente de sus defectos, intentaba corregirlos cuando alguien se
sentía molesto. Podía hablar durante horas o perderse en el absurdo
silencio durante semanas.
Nadie sabía mucho de su vida. Pero no
ignoraban que era una persona con las ideas claras, luchadora,
emprendedora y que no se rendía a la primera, capaz de seguir donde
los demás se detienen. Era una auténtica vendedora y cuando hallara
el producto que la motivara sería la mejor.
-Fin-
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