domingo, 8 de febrero de 2015

El premio

Corría el aire entre las hojas secas de los álamos, parecían presagiar el momento culminante de un cambio de vida. Era veintidós de diciembre, día clave del sorteo de Navidad. Miles de personas confiaban su vida a la suerte de unos boletos, inversión exagerada en el azar, todos necesitaban tener el bien material que diera sentido a sus miserables vidas, llenas de problemas, deudas y demás avatares.
La ilusión impregnaba el ambiente con un absurdo silencio que ofendía a Jaime. El vagabundo solitario de la acera del super, de mirada profunda, triste y melancólica, apreciado por su educación y compostura, ya que a pesar de su situación desamparada, daba lo mejor de si mismo en cada momento.

Dormía en un pequeño refugio que había construido aprovechando el hueco de un puente. Aquella guarida la defendía con ahínco ante posibles intrusos de la calle, a veces le costaba peleas violentas, ya que intentaban quitársela por la fuerza. La vida de la calle era muy dura, no tenía amigos, salvo su pequeño perro Charlie.

En las puertas del super no pudo evitar escuchar a los niños de la Lotería cantar con sus angelicales y saltarinas voces llenas de emoción, los números premiados. Recordó con tristeza el día más feliz de su vida, como la maldición de la codicia, premio a la insensatez y falta de valoración objetiva.

Él fue el afortunado del primer premio. Botó, celebró durante semanas ilusionado aquel azar condenado llamado suerte. Todos parecían alegrarse del cambio de rumbo de su vida, para bien pensó entonces, pronto descubrió que el alma humana está llena de tenebrosos y oscuros pasillos donde uno termina confundiéndose.

Sus amigos comenzaron a solicitarle préstamos para pequeñas compras sin importancia. Las cantidades eran cuantiosas, pero con lo que le había tocado, no tendría problema en dejarles el dinero. Su familia cautelosa, esperó que les ofreciera una parte de la ganancia. En poco tiempo se dio cuenta de que lo único que querían de él era dinero, pasó a ser el prestamista que seguro que les diría que sí a todo lo que necesitan.

Se sentía como Golum con su anillo. Tenía muchísimo dinero, era inmensamente rico pero incapaz de deshacerse de un sólo céntimo. Así que dejó a sus amigos y desdeñó el contacto con su familia. Su carácter afable y cordial, se esfumó. La frialdad y la codicia, se vistió dentro de un traje carísimo, un coche de lujo y una mansión en la cual vivía con una oportunista mujer, adicta a los caprichos que conoció en su nuevo estilo de vida.

Una cosa llevó a otra. El ocio le abrió camino al juego. Pasaba noches enteras despilfarrando su fortuna, necesitaba ganar más, solo vivía para convertirse en el número uno. Se arruinó, la mujer espectacular desapareció y pronto su situación fue critica.

La calle le enseño a valorar el aire, el agua, el sol y la Tierra. La vida primitiva del asfalto le enseñó a ver lo confundido que estuvo toda su vida. Dueño de su tiempo ya no quería invertirlo en amasar riqueza, lo tuvo todo y lo perdió, ahora sólo le importaba sobrevivir un día más, agradeciendo a la señora de pensión escasa, que le comprara un bocadillo de pan para rellenar con la lata de atún que conseguía del super. en el mes anterior a su caducidad.

-Fin-

8/02/2015 Maite Albarrán

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