domingo, 22 de marzo de 2015

José María y el garabato

-¡José María, deja de pintar y ponte a estudiar no entiendo que ganas perdiendo el tiempo con esos absurdos dibujos, así no conseguirás nada!- sentenciaba con frialdad y dureza, Margarita sentada en el sillón de cuero negro desde el despacho sin levantar apenas la vista de los interminables papeles que gobernaba-

-Pero mamá, ya terminé mis tareas, pensé que te gustaría que...-quiso argumentar el niño en su defensa usando una sonrisa recurrente para conseguir la aprobación de su exitosa madre-

-No llegarás a nada, los dibujantes se mueren de hambre, debes estudiar para ser arquitecto-le ordenó sin prestarle más atención.

Confundido, herido en su creatividad apasionada, hizo caso a su madre y abandonó el dibujo para volver a estudiar el libro de historia, tenía que ser el número uno para conseguir el amor y recompensa momentánea que su familia le dedicaba tras cada triunfo.

Pasaron los años, los dibujos fueron destiñéndose en el gris sepia de los sueños abandonados. Dibujaba incansable proyectos importantes de obra por los cuales conseguía reconocimiento, prestigio y mucho dinero.

Tenía treinta años, soltero y sin tiempo para el compromiso. Atado de lunes a domingo al espíritu perfeccionista, doblegado a ser el mejor trabajador, terminaba mucho antes de lo que sus clientes esperaban. Había sacrificado toda su vida personal al éxito profesional.

Estaba absorto en plena concentración en un nuevo reto, cuando la secretaria le anunció la fatal noticia “ la llamada de su tía Daniela anunciando que su madre había fallecido “. El cáncer, cruel enfermedad inundó los últimos días de vida declarado tras el divorcio y alejamiento de su hijo.

José María vivía obsesionado con ser el arquitecto de mayor reputación mundial. Ni a su madre dedicaba una sola llamada. La voz de Lucía la secretaria, le crujió por dentro fragmentando su corazón solitario en mil pedazos. Con lo que él había sacrificado por satisfacer el ego de mamá y ahora lo dejaba para siempre solo...

La angustia más espantosa hizo mella en su interior. Las lágrimas amargas corrieron por sus mejillas, con lo que amaba a aquella mujer fuerte que le llevó a ser todo lo que era...

Durante noches los sueños más tormentosos se apoderaron de él. Miró a su alrededor y la soledad le asustó. El vacío de su cara sin motivación le hizo darse cuenta de lo estúpido que había sido. De nuevo los lápices de color, las caricaturas resurgieron con fuerza en lucha por sobrevivir en su interior, sin querer reprimir más la emoción se entregó a dibujar.

Cerró el estudio de arquitectura en el mejor momento. Le dio un portazo al éxito y el dinero, para ser José María. Lo tomaron por loco temerario. Arriesgó todo al lápiz y la creatividad de su mente poderosa, que ya no temía ser uno más entre tantos.

Tardó un mes en terminar su primer trabajo. A pesar de no tener reputación se arriesgó y con sus ahorros imprimió aquel trabajo. No se vendió ni un sólo cómic. Tras el fracaso, se alegró de que la vida le diera ese revés. Asumía la bofetada a la soberbia de pretender ser un triunfador sin haber apasionado con su creación al pequeño niño que necesita soñar. El no conocía lo que esos pequeños diablillos desean tener, debía volver a ser un niño para llegar a ellos.

Satisfecho de su valiente decisión, sintió por primera vez en mucho tiempo ilusión y una luz solar, iluminar su proyecto creativo, estaba cambiando su destino sin importarle el éxito. Tras años de intentos y fracasos, se dio a conocer como un dibujante con talento. Tuvieron que pasar otros más para que pudiera amortizar económicamente su esfuerzo.

Al fin había comprendido lo que significaba estar vivo y feliz. Durante toda su vida el lujo, el capricho, la recompensa superficial había sido lo único importante. La gran insatisfacción lo atrapó tras el momento frugal de disfrute. Fue una farsa de espejismos. Lo que realmente le hacía feliz era ser dibujante.

Siguió dibujando esta vez con más humildad, creó una página web para compartir los dibujos. Así aprendió a rectificar tras leer valoraciones y puntos de vista. Supo reconocer con entereza que su primer intento de dibujante fue bastante malo y fruto de un impulso perfeccionista de creerse con el poder suficiente para convencer. Sólo puso buen papel y tinta, pero sin historias divertidas.

En un pequeño piso modesto de barrio antiguo dio luz y vida a los mejores cómics. Un día, llegó el momento de buscar un patrocinador para ellos. Le costó convencer a una editorial desconocida, la única que le contestó seducida por la fuerza de sus dibujos.

José María al fin triunfó en aquello que le hacia inmensamente feliz. Su pasión infantil por el dibujo fue el anuncio de una vida de adulto feliz, que olvidó por ser lo que otros quisieran que fuera y ahora recuperaba la alegría verdadera de vivir con color.

En aquel estado de soledad y humildad, conoció a Perla, la mujer con la que compartió el sueño, el humor y la risa de una vida ajena a los miedos.

Nunca volvió a saborear el éxito materialista del dinero. Vivió con escasez de medios, pero dedicado al amor de verdad y apasionado trabajo, recompensa a haberse encontrado consigo mismo.


-Fin-

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