viernes, 25 de abril de 2008

Sobre el fin del amor


Cuando nos enamoramos sentimos una ilusión eterna de querer ser importante y necesario para la otra persona.

Yo me vuelvo demasiado, lo sé, empalagosa, pesada y casi una sombra de sumisión hasta el punto que me olvido de que existo. Así sucedió durante años, lo fui todo para un hombre que se fue tornando cada día más ogro, más agresivo y desagradecido, hasta el punto de despreciarme con una frialdad absoluta.

Fría de vacío y necesidad vivía muy triste. Sirviendo y callando, siempre esperando que me necesitara para algo más que una comida o una ropa planchada. Pero no, me encarceló a su lado y a su amargura. Me negó todos los placeres y mi vida era una sombra gris sin sol constante, me salvaron mis hijos en los que me volqué de forma desesperada.

Y un día mi corazón volvió a sentir por alguien. Tontamente me enamoré, no resultó y jamás lo conocí, pero me valió para tomar alas y dejar a ese hombre que no me daba nada, salvo soledad y tristeza.

Y comenzó una historia tan dolorosa que casi acabo perdiendo la razón. La presión que ejerció para retenerme a su lado fue tan brutal, tan despiadada que soy incapaz de compartir mi vida con nadie nunca más, jamás, jamás, jamás...

No puedo confiar...

Sé que a pesar de lo destrozada que estoy sé sacar una sonrisa, un poco de maquillaje a todo lo sufrido y seguir siendo la persona optimista que no se queja de nada, que se conforma con todo y a todo ve solución.

Luchadora nata soy. Sólo me entristece que tantas y tantas mujeres tengan que perder la vida y sufrir un calvario por intentar ser felices e independientes.

Se que me la estoy jugando, lo sé y trato de absorberme en el trabajo cada vez más para olvidarme de que en la vida todo se paga, todo.

Pero me gustaría que la sociedad cambiase. Que las mujeres no fueran la propiedad de ningún hombre y que no estubieran bajo vasallaje, sumidas en depresión y tristeza en el olvido absoluto por matrimonios machistas donde no son valoradas ni tenidas en cuenta.

Que cambie la educación sobre todo de las mujeres, eternas represoras y defensoras a ultranza del machismo. Que las nuevas generaciones vivan libres del suplicio que he tenido que vivir yo. Hasta el punto de no querer hijas, siempre deseé varones para librarlas de lo que yo viví. Y sin embargo siempre quise una hija...

No sé si suena demasiado triste mi vida. No sé si lo fue. Sé que me la he pasado comiendo pinchos mientras otros caminaban entre algodones. Eso me ha dotado de una fuerza superior a cuaqluier humano, pero cada vez que se muere se renace con otra piel siendo más y más fuerte.

¿Por qué se acaba el amor? Por el abandono y el abuso. Por la falta de sexo, de besos, de palabras de complicidad, de comprensión y necesidad de la otra persona.

Y cuando uno da todo y el otro sólo recibe, cree que debe ser así para siempre y obliga a seguir aunque tú no les quieras y no los necesites.

En fin, aprender a aceptar que el amor se acaba es una asignatura pendiente de la humanidad, sin crear melodramas y de la sociedad española.

No hay comentarios: