Don Paco era un gato comilón, muy
perezoso, gordo y muy juguetón que se pasaba el día tomando siestas
al sol. Su lugar preferido era la piedra de la fuente, le divertía
ver llegar a los gorriones y mirlos que se acercaban a beber y
limpiar sus plumas.
Era un gato astuto, inteligente y con
mal carácter, ansiaba asustar a los pajarillos por sorpresa y verlos
caer en el agua que había acumulada en el fondo de la fuente. Los
pobres morían del susto provocado a su pequeño corazón o perdían
el equilibrio y se ahogaban. A muchos les costó la vida confiar en
el gato dormido que aparentaba ser muy amable y tranquilo, hasta que
saltaba sobre el borde de la fuente con su pelaje erizado y abría
la boca de dientes afilados a los desprevenidos sedientos.
El dueño de la casa, Isaías, ya había
advertido los malos hábitos del gato y más de una vez le había
regañado por ser el causante de la muerte de las aves que aparecían
ahogadas en la fuente. Pero el audaz gato, era muy zalamero con
Isaías, llevaba muchos años a su lado, así que aún no gustándole
las actuaciones del gato, le perdonaba.
Pero un día algo cambió. De repente
apareció un pájaro más grande de color blanco, Don Paco no sabía
que se trataba de de una gaviota que por ser un ave de costa, estaba
acostumbrada a flotar en el agua. Los primeros días, picado por la
curiosidad la dejó beber del canto de agua sin hacer ningún ruido.
Le gustaba estudiar a los pájaros y en su mente hacia comparaciones
de estilos y necesidades, así como de las veces que estos acudían a
beber de su fuente.
Pero la maldad de D. Paco no tardó en
hacerse presente y como de costumbre, por sorpresa erizó su piel,
enseñó sus fauces y bufidos al ave. Esta, asustada calló al fondo
de la fuente pero aprovechó el momento para lavar su plumaje, había
una altura suficiente para que aquel gato desagradable no pudiera
darle un zarpazo, así que disfrutó alegre de su baño.
- Paco no paraba de dar vueltas al filo de la piedra, pensaba con dificultad, aquello le había superado pero no estaba dispuesto a que aquella ave blanca abandonara con vida la fuente. Cada minuto que pasaba aumentaba su enfado y su cabeza le hizo resolver de una manera rápida el motivo por el cual el ave no se ahogaba.
¡Claro, es más grande que las otras,
por eso flota! -reflexionó- si salto encima de ella la podré hundir
y luego flotaré como ella, mi amo al oírme maullar acudirá rápido
a rescatarme y así no será una héroe para las demás. No
soportaría ver a esos estúpidos e insignificantes gorriones
burlarse de mí, mucho menos a los mirlos, los detesto, acabaré con
todos ellos y sus polluelos según vayan creciendo, que buen actor
soy, sonrió para sus adentros.
Saltó al vacío no alcanzando al ave,
porque justo en el instante que se lanzaba la gaviota alzó el vuelo
y pudo escapar a tiempo. Don Paco no sabía nadar y pronto descubrió
la sensación de desesperación que había observado tantas veces con
gozo. Maulló pero Isaías dormía una siesta en ese momento y no lo
escuchó.
-¡Amo me ahogo, miau, miauuuuuu,
miauuuuuuuuuu! ¡salvame, te lo súplico!
miauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Isaías al despertar, lo encontró
ahogado en el fondo de la fuente. A pesar de la tristeza que le
produjo el hecho, pensó en la cantidad de gorriones y mirlos que
había hallado en las mismas condiciones y no le dió mas
importancia. D. Paco, obtuvo su merecido al fin, el mismo que había
ideado para otros seres. Una muerte dolorosa y desesperante.
Fin
Moraleja: Cuando idees algo que te
divierta y pueda causar daños a otros seres, piensa lo que sentirán
los que puedan sufrirla, por si un día tú mismo caes en tu propia
trampa.
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