martes, 4 de junio de 2013

Fábula: Don Paco y la gaviota

Don Paco era un gato comilón, muy perezoso, gordo y muy juguetón que se pasaba el día tomando siestas al sol. Su lugar preferido era la piedra de la fuente, le divertía ver llegar a los gorriones y mirlos que se acercaban a beber y limpiar sus plumas.

Era un gato astuto, inteligente y con mal carácter, ansiaba asustar a los pajarillos por sorpresa y verlos caer en el agua que había acumulada en el fondo de la fuente. Los pobres morían del susto provocado a su pequeño corazón o perdían el equilibrio y se ahogaban. A muchos les costó la vida confiar en el gato dormido que aparentaba ser muy amable y tranquilo, hasta que saltaba sobre el borde de la fuente con su pelaje erizado y abría la boca de dientes afilados a los desprevenidos sedientos.

El dueño de la casa, Isaías, ya había advertido los malos hábitos del gato y más de una vez le había regañado por ser el causante de la muerte de las aves que aparecían ahogadas en la fuente. Pero el audaz gato, era muy zalamero con Isaías, llevaba muchos años a su lado, así que aún no gustándole las actuaciones del gato, le perdonaba.

Pero un día algo cambió. De repente apareció un pájaro más grande de color blanco, Don Paco no sabía que se trataba de de una gaviota que por ser un ave de costa, estaba acostumbrada a flotar en el agua. Los primeros días, picado por la curiosidad la dejó beber del canto de agua sin hacer ningún ruido. Le gustaba estudiar a los pájaros y en su mente hacia comparaciones de estilos y necesidades, así como de las veces que estos acudían a beber de su fuente.

Pero la maldad de D. Paco no tardó en hacerse presente y como de costumbre, por sorpresa erizó su piel, enseñó sus fauces y bufidos al ave. Esta, asustada calló al fondo de la fuente pero aprovechó el momento para lavar su plumaje, había una altura suficiente para que aquel gato desagradable no pudiera darle un zarpazo, así que disfrutó alegre de su baño.

  1. Paco no paraba de dar vueltas al filo de la piedra, pensaba con dificultad, aquello le había superado pero no estaba dispuesto a que aquella ave blanca abandonara con vida la fuente. Cada minuto que pasaba aumentaba su enfado y su cabeza le hizo resolver de una manera rápida el motivo por el cual el ave no se ahogaba.
¡Claro, es más grande que las otras, por eso flota! -reflexionó- si salto encima de ella la podré hundir y luego flotaré como ella, mi amo al oírme maullar acudirá rápido a rescatarme y así no será una héroe para las demás. No soportaría ver a esos estúpidos e insignificantes gorriones burlarse de mí, mucho menos a los mirlos, los detesto, acabaré con todos ellos y sus polluelos según vayan creciendo, que buen actor soy, sonrió para sus adentros.

Saltó al vacío no alcanzando al ave, porque justo en el instante que se lanzaba la gaviota alzó el vuelo y pudo escapar a tiempo. Don Paco no sabía nadar y pronto descubrió la sensación de desesperación que había observado tantas veces con gozo. Maulló pero Isaías dormía una siesta en ese momento y no lo escuchó.

-¡Amo me ahogo, miau, miauuuuuu, miauuuuuuuuuu! ¡salvame, te lo súplico! miauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Isaías al despertar, lo encontró ahogado en el fondo de la fuente. A pesar de la tristeza que le produjo el hecho, pensó en la cantidad de gorriones y mirlos que había hallado en las mismas condiciones y no le dió mas importancia. D. Paco, obtuvo su merecido al fin, el mismo que había ideado para otros seres. Una muerte dolorosa y desesperante.
Fin
Moraleja: Cuando idees algo que te divierta y pueda causar daños a otros seres, piensa lo que sentirán los que puedan sufrirla, por si un día tú mismo caes en tu propia trampa.

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