miércoles, 19 de marzo de 2008

Insecto observador

Ojos de insecto observador

Fui a recorrer calles, mirando desde las profundidades de los sentimientos a los demás seres que reptaban a mi alrededor, en pequeños pasos, indecisos, miedosos, con voces sumisas que esconden deseos dominantes, mujeres, hombres, todos pasaron dejando algún influencia en mi retina de su mortal existencia.

Me alimenté de los hermosos rayos solares, leventé las perneras de mi chándal termico de tercionpelo, color verde, para que mis rodillas recibieran las caricias del dios sol. Mis ojos miraban un mar estupendo, esteban sentada en un banco colocado en hilera vertical a modo de balcón para el que quisiera disfrutar de un pequeño descanso contemplando el puerto. Yo descansé allí audaz espectadora de la tranquilidad de sus aguas monótonas, como una dueña del espacio robado a la vida ajetreada de cualquier día donde ese banco no hubiera sido más que un estorbo en mi camino y no como hoy un punto de reposo y observación.

Hermosos yates, de poderosos dueños se preparaban para las salidas de recreo. Pequeños peces resistentes a la mala vida contamidada de los puertos, de color azul, contrastaban con el color verdoso de las aguas. Se que si algún día me caigo dentro de ese agua, moriré de pánico al choque con el fondo de esas porquerías que se acumulan año tras año en los fondos de este maravilloso puerto.

Caminé rápido, vi muchas caras, analicé muchas vidas, muchos ojos, estrutadora fiel de la verdad que me devuelve el impacto de la mirada. Todo fue tranquilo, muchas vidas en etapas, como una gran tarta se adivinaban sus capas. Unos iniciaban la etapa primera del amor, otros vivían de la eterna juventud sin complicaciones familiares, otros entrados en años de madurez y arrugas, acumulaban vástagos de cortas edades como e rejoj biológico les hubiera metido prisa, duplicacan sus ojos cansados para controlar a sus pequeños rebaños de niños bellos y felices.

La pareja de ingleses con los que choqué dentro del Burguer King de forma insignificante, tomaron relevancia cuando una hora después me los volví a encontrar, buscaban la entrada del castillo en ascensor estaban cerca pero la habían pasado de largo, con un inglés mediocre, chapurreado a duras penas en palabras que se acumulaban en mi lengua, trabándose incapaz de argumentar frases completas les dije arriba y abajo, les dije right stairs down ,enter castle¿? de pena como siempre ¡puto inglés que no termino nunca de aprender! Los pobres me agredecieron, espero llegaran a algún sitio.

El mar en calma, los bikinis de las señoritas en plena forma. Los ligones luciendo el tipo. Mujeres intentando parecer jóvenes aún, con tipos adecuados y rayas de canas que descubren que pasan ya de los 50 me quedan en la observación que hice en el parque playero.

Y una preciosa niña ecuatoriana jugando feliz, ajena a la vida dura de sus padres en aquel parque mientras ellos la cuidan desde lejos, alterando las miradas al puesto de pulseras que venden en el suelo al turista de paso.

Las gitanas rumanas, sentadas comiendo helado al pie del Burguer, esa osada que se atrevió a pararse a mi lado, mirarme fijamente a través de los cristales, extendiendo la mano, mientras con la otra sujetaba una criatura de escasos meses. Lo hizo en tres ocasiones, a pesar de que la vigilante del establecimiento las terminó espantando, por el espectáculo que daban a la gente que a esa hora almorzaba.

Mujeres pobres con criaturas sentadas en el suelo, comiendo helados, sonriendo, mientras imploran ayuda económica que les salve el día. Gente comiendo en terrazas veraniegas del paseo y disfrutando de un día estupendo, vacacional.

Contrates, ricos y pobres bajo el influjo del mismo sol. Ahora estoy admirando los hermosos árboles centenarios, de troncos cilíndricos de tamaños espectaculares, los pájaros viven allí anidados por cientos, esos imponentes gigantes protejen la vida de cientos de vidas que viven alojadas en sus ajadas ramas.

Jardines olorosos de violetas de colores explotan ahora con alegría, el aire me trae su aroma. Pronto diviso los puestos de cientos de cosas que mis ojos mezclan sin querer ver. Me gustaria analizarlas una a una, ¿cuántas horas pasararían haciéndolo? cinturones, banderas, bolsos, pendientes, collares, cinturones, gafas. Ahora veo cuatros, preciosos de un jubilado que pinta mares llenos de color.

Un gordo duerme mientras espera la venta de palomitas, globos de gas y juguetes diversos. Al lado el padre espera tranquilo la venta que les sustente el día.

Sigo andando, todos nos miramos, insectos reptantes de colores diversos nos mezclamos en la coctelera y el devenir de un día cualquiera.

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