La que canté odiando un día gris
el amor tocó la puerta y entró sin temor
inundó tanto el alma, tiñó tantos espejos
que al amanecer me confundió la nada.
Ahí me quedé durante tantos días y noches
dejando la vida correr y azotar con tantos dolores
que recordar ese amor valió para endurecer la mirada.
Y tras vencer mil locuras y perder tantas sonrisas
volví a reencontrarlo para pisotearlo por vanidad.
Ahora me pesa la pena que di a cambio de adoración
mantenida del rencor mi fuerza se entremezcla con amor
y como un hachazo del destino cae sobre mí todo el dolor
que vertí en la fuente del ser más humano.
Y me toca seguir sin reservas de odio, seguir, seguir
un sinvivir de maldades que rebotan contra mí
como una flor sin sol, vivir sin ganas de seguir.
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