Como un montón de hojas caidas de los chopos tras una ventisca suave
un perro perdido sin la seguridad de su rutina y dueño
como un niño abandonado sin consuelo tras una reprimeda, así me pierdo en el silencio.
Me enrrollo en la callada contando los días y las noches que quemo en soledad
mirando hacia atrás, trago saliva por el dolor de mis días de atrás ¡dichosos!
pago duramente el orgullo que ha destruido mi existencia y seguridad.
Como un fantasma sin rumbo fijo cargando culpas, devorando heridas me hallo
tan abrumada que no encuentro luz entre tantas ballestas clavadas
quisiera ser un gorrión y camuflarme en un hueco y no volver aquí, a mi vacío.
Días grises repletos de silencios y sonrisas inventadas de bajones intensos
pendientes arriegadas me abrazan a la negra suerte, lágrimas saladas, ríos hirientes
de flechas por palabras que mato en el momento que quieren salir a bocanadas.
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