martes, 26 de febrero de 2008

Letras que bailan


Hoy fue un día de relieves, de contrastes, de gentes, de besos, de contactos, de caricias, de amigos por doquier.

Tengo la facilidad de la palabra. Mi mal genio guardado en la maleta para mi familia que me conoce y perdona también mis ímpetus de intransigencia que se dan algunas veces.

Pienso en toda la gente que vi hoy pasar por mi vida. Muchísima, muchas conversaciones, muchas llamadas y tuve para todos, como siempre.

Ahora en mi momento de paz, ajena a las agujas de reloj dilapidando mis horas de sueño, escribo por el placer de relatar mis vivencias.

Veo la cara de Fátima, la argelina que dominaba varios idiomas, hablando sobre el escalón que los inmigrantes deben bajar, recuerdo mis palabras diciéndole que nadie la rebaja, que ella debe competir en igualdad de condiciones que nosotros, en esa antesala a la entrevista. La veo alejarse de la entrevista, le doy dos besos, casi me abraza de la alegría, su marido está parado y el se le agota el subsidio, necesita el trabajo, le deseo la mejor suerte del mundo.

Luego el recibidor del hotel, con el suelo de mármol blanco, los pequeños muebles de decoración de estilo vanguardista y sencillo en negro. Los salones que se diferencian en exclusiva para las reuniones con sus respectivos nombres. Mi impaciencia por la tardanza de las dos entrevistadoras, sus caras sin maquillar, una alta y delgada, muy poco agraciada, otra baja y tampoco muy aventajada físicamente.

El salón huele a gente. Botellas abandonadas sin tocar, algún caramelo abierto en los platos de cortesía que se prepararon delatan la presencia de muchas personas, comienza a estar desordenado el salón, las sillas desequilibradas en su puesto perfecto, ahora mi entrevistadora va al portátil, le pregunté sobre el salario básico, me dice que no lo sabe, que debe buscarlo, intuyo que es bajo, lo es, digo que en principio está bien, mientras mascullo en abuso de un salario por debajo de la media, callo, me interesa el trabajo, mejor callar, apuntarme a los dos puestos y esperar que me llamen...

Me pregunta sobre mi experiencia, que le hable de mi vida. Lo hago, queda algo impresionada, por mi sencillez, me dice que vale, que es todo, me despido de ella, fuera esperan muchas candidatas, cientos, confiemos en la suerte, espero tenerla para el trabajo.

Ahora mis ojos casi se caen, debo dormir, mañana me espera una dura jornada. Nuevos retos, nuevas desventajas por salvar, con muchas ganas.

2 comentarios:

Viento dijo...

Que placer leer este relato, la verdad es que me da tanta paz y tranquilidad leerte, Maite. Tenes un estilo muy claro, y sobre todo, que transmite tranquilidad y fuerza, esperanzas a quien te lee.

Gracias por dejarnos entrar un poco en tu vida cotidiana!

Un besazo, V.

Maite Albarrán dijo...

Qué bueno es que la gente te lea con amor ...

Querida Viento, simplemente soy una hoja que cae de un árbol, que no pesa, que es efímera, que siente y vive el día a día como si fuera una pequeña hormiga contra una tormenta que la puede tumbar y sin embargo termina venciendo al viento.
ejejejejejejeje....

Nada más bonito que tus palabras!!!

ok...

Kisses pretty woman!!!