martes, 1 de julio de 2008

Anastasia y el Sr Silencio

Anastasia era una mujer demasiado compleja para ser entendida por ningún hombre, nada quería hablar sobre amor y enamoramientos, pasaba ya una edad donde la frustración total la habían matado cualquier deseo de ser conquistada.

¿Felicidad? Ella sólo veía problemas. Un calzoncillo por lavar, un aliento hostil en su espalda, una voz que la fuera sugestionando para dominarla, un olor al que acostumbrarse, un ser al que reeducar para respetarla y valorarla tal como era. Demasiado complicado, no le apetecía acumular más fracasos en su vida. ¡Hombres! Fuera del sexo no deseaba que le descubrieran otros mundos salvo éste y siempre que el placer fuera real y no farolero.

Llenaba sus estrictos vacíos con conversaciones diversas. Siempre eran hombres los que se ilusionaban con la posibilidad de algo ¿Pero que esperan ? No tengo nada que ofrecer, salvo una conversación amigable, un buen consejo una risa en la distancia y un momento, nada más.

Su vida era ordenada, todo se desarrollaba según ella lo planificaba No echaba de menos besos ni cariño, porque el trueque sería losa al final para su alegría.

Era tan difícil tener amigos que no esperaran nada. Y tan duro quizás no tener a nadie con quién conversar sobre lo que le apetecía... Que se fue conformando un día con conversar con el Silencio.

Ese extraño caballero la sedujo una noche en la que acostaba sobre su cama planficaba el día siguiente, analizando todo lo que la había afectado ese dia, aquellos hechos que le impresionaron o le arrancaron una sonrisa. Cuando de repente un pensamiento se apoderó de ella ...

-Hola, señorita hermosa y solitaria ¿De qué le apetece conversar? Le cuento que soy un afectuoso amigo de la tertulia, soy capaz de hablar sin cansarme de cualquier tema y nunca la voy a herir con mis respuestas a pesar de que serán contrarias a la suyas para que pueda entretenerse más tiempo conmigo

-Alá que bien! Me pongo a pensar y surge de la nada el hombre perfecto. ¿Cómo se llama Ud. señor que habita en mis reflexiones si gusta de complacer mi deseo?

-Soy el Silencio. Ese hombre que calla todo el día en el que tú preciosa, estás con otros, hablas y ríes igonorando que estoy a tu lado, que te escucho y espero esa oportunidad que una hada mágica me ha donado esta noche para poder gozar del inmenso placer que me produce que me escuches en tu pensamiento solitario.

-Y dime querido ¿Tú que esperas de mí? La mayoría desean que sus proyectos sean cumplidos en mi cuerpo. Bien sean a nivel sexual o de satisfacción personal. Buscan una mujer dulce, inteligente, obediente y que mire siempre por ellos, aunque nunca sean capaces de corresponder ningún amor . Yo te puedo prevenir que no puedes esperar nada, ya que no quiero dar nada de mí a nadie más.

-Vaya una durilla conmigo, debí elegir mejor a la fémina, pero bueno vale porque soy callado. Estamos de acuerdo, no esperaré nada de tí, querido volcán de ternura presto a derramar tu bendición sobre mí, aspiro sólo a ser tu talismán compañero para cuando la soledad se apodere de tu cuerpo y un velo de tristeza caiga sobre tus ojos, llámame siempre estaré ahí para escucharte, mi gran amor.

-Sin duda he de reírme. ¿Un inmaterial estado dotado de vida propia? Que se cree enamorado y me ofrece compañía incondicional a cambio de conversación sin palabras, sólo a través del pensamiento y que está dispuesto a esperar a que me dirija a él en mis noches oscuras, cuando la pena gris me exprima y rebose el cariño almacenado en mi panal sin colmena de zánganos.

-Exacto, amada mía. Eso espero que en ese momento de necesidad abras tus ojos y me veas siempre fiel a ti, callado y ansiando tu regreso a mi lado. Yo te revatiré con maestría, te haré reflexionar como el mejor hombre compañero de hembra humano y te impondré como castigo por si me olvidas de vez en cuando, una cuna de besos donde te aguardaré para mecerte cada noche, si me permites acompañarte siempre.

Y así fue como Anastasia sobrevivió otra noche más. Sus insatisfacciones personales la obligaban a inventar tertulianos especiales, como el silencio, amante fiel que en la noche la seducía, con su presencia a su lado, consuelo eficaz que la ayudaba a olvidar que en su cama siempre se acostaba la señora soledad.

Esa señora fue apoderándose de su vida hasta que no quedó nada de Anastasia, ella se convirtió en la Señora soledad; mujer vital, feliz, bella sin alma, segada en esencia para amar a nadie. Esa alma bella se elevó un día liberándola de la capacidad de sentir amor por un hombre, olvidando así decepciones y fracasos. Nadie fue capaz entonces de saciarla ni convencerla con un fruto de amor necesario. Salió volando y ahora sonríe y vive como eunuco, como gato castrado, como ángel, fuera de la órbita del engaño y la profundo dolor amargo que tumba y provoca lloro.

Vive al fin feliz Anastasia libre, feliz, solitaria, mujer sin fe, sola amada señora soledad por el silencio de las palabras.

2 comentarios:

Cirillo dijo...

Un abrazo. Soy Cirillo. ;)

Maite Albarrán dijo...

Ya te ví pequeñin. Otro para tí y cuídate.

Besos,