domingo, 26 de octubre de 2008

Silencios fríos arropando a Inés

Inés se levantó apresurada todo su cuerpo se había estremecido por la caricia que un amigo de su marido le había hecho disimuladamente. Tuvo dudas de dejarse hacer o cortar aquella proposición indecente recibida sobre una de sus pantorrillas.

Salió del local para tomar el aire, sin preverlo encontró a Alberto escondido en un rincón. Quedó más perpleja.

-¡Alberto! ¿Qué haces ahí?
-Fumar, joder... Te prometo que era el primero de... Y estoy mareado.
-Promesas, contigo siempre es lo mismo

Airada y con el rostro irritado regresó al local, algo en su interior se agitaba y la inducía a caer en los brazos de esa caricia tentadora, pero un sentimiento de control la retuvo. De camino a casa ni se hablaron, luego entraron en la monotonía de una convivencia rutinaria llena de silencios. Se dieron las buenas noches y él espetó un tengo que madrugar para evitar un encuentro placentero. Las excusas ya formaban parte de monotonía que se sucedía sin emociones fructíferas .

Inés a la mañana siguiente recibió un correo vía e-mail muy extraño.

“ Hola me llamo Juan Carlos, estás como un tren nos conocemos desde hace tiempo .Te espero mañana en el Hotel Primavera, en la habitación 111 primer piso. No olvidarás la cita, habrá cava bien frío, pasteles de merengue y un buen aparato que te hará gozar. Besos cielo. Tú te mereces estar con alguien como yo. Seré totalmente discreto.”

Al principio borró el mensaje con desdén pero aquella cita que prometía sexo del bueno con discreción la tuvieron cavilando todo el día. Su matrimonio estaba en crisis, su marido ignoraba la belleza de su cuerpo, era como si no existiera. Estuvo toda la noche dándole vueltas y sin poder resistirse a la tentación acudió al hotel, necesitaba perderse aunque fuera en un error. Al tocar ,una mano la indujo al interior y sin poder ver al hombre que la agarraba, fue silenciada con un beso y un pañuelo de seda rojo cubriéndole los ojos.

-Déjate llevar mi amor, será distinto y maravilloso.
-¿Quién eres dime?
-Alguien a quién conoces bien y puede ser que llegues a amar pero me podrás ver cuando todo haya terminado ¿Aceptas el juego?
-Vale

Juan Carlos la tumbó de un empujón en la cama y la fue desnudando con besos sensuales. Hacía mucho tiempo que nadie la trababa con tanto erotismo y Inés estaba con todo el pelo de su piel erizado, abierta a las sensaciones recibidas y disfrutando a tope.

-Ahora sentirás algo frío, no te asustes, es un pastel de merengue que voy a untar sobre tu cuerpo.
-¿Pretendes comer encima mía chaval?
-Juan Carlos, me llamo princesa. Verás que sensación más placentera.

Y untó con merengue sus pechos erectos y su sexo. Fue lamiendo cada curva de su piel hasta detenerse en los puntos nevados de su cuerpo. Inés sintió todo tipo de emociones, frío, calor, y sin apenas ser tocada estalló en un enigmático orgasmo de sensualidad.

-Inés, ahora te toca trabajar un poco . Voy a mojar mi pene en cava bien fresquito una y otra vez hasta que logres que esté a punto ¿De acuerdo?
-De acuerdo- respondió ella intentando recuperarse de su éxtasis.

Fue emocionante chupar y dar vida al caballo del indio que tenía aquel Juan Carlos. Inés estaba segura de que era un poderoso amante.

-Está bien, es suficiente .Ahora derramaré sobre tu boca el resto del cava, tienes que tragar al ritmo que yo deje caer el líquido sobre tu boca.

Ella lo esperaba entregada a todos sus juegos. Juan Carlos sonrió, ella era toda suya, estaba completamente sumisa a sus órdenes. Había llegado el momento de unirse a su...

-¿Me sientes? Le preguntó Juan Carlos tras atravesar las puertas calientes de su cueva.
-Ahh , ahh... te siento
-Te voy a aflojar el pañuelo cuando lo haga tú me mirarás a los ojos ¿entendido?
-O.k

Inés se llevó las manos a la boca intentando ahogar un grito de rabia. Su amante era Alberto, su marido.

-¡Mírame Inés! Sabía que esto podía suceder, sólo quise que fuera conmigo con quién ocurriera y sujetándole las manos la intentó besar calidamente.

-¡Te odio, maldito... Siempre me utilizas para tus juegos de seducción!
-Ja,ja,ja, se nota que me quieres mi amor. Sólo yo soy capaz de seducirte una y otra vez . Estábamos en crisis, aunque cada vez me cuesta más inventar estrategias para llegar a ti,¡ te quiero Inés!

Ella lo observó pensativa, era cierto, se amaban. Con esas pequeñas trampas Alberto conseguía que ella volviera a quererlo y sin resistirse más lo besó apasionadamente.

Fue el mejor engaño que una mujer pueda recibir. Un amor verdadero que volvía a renovarse como la primavera con un juego erótico, los inviernos fríos de una cama sin pasión eran enterrados para dar vida a una nueva flor de felicidad.

Fin

2 comentarios:

sinnombre dijo...

Hola!! Muy buen blog el que tienes, la pase bien aquí y lo seguire visitando, pásate por el mío, seguro que te gustará.

Saludos desde:

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Muchas Gracias!!.

Ignacio Bermejo dijo...

Magnífico relato. Deberías dedicarte a escribir novelas. Se te dá muy muy bien. Un beso.