Carmelo se estaba pudriendo. La soledad lo impregnaba todo. Toda su casa apestaba a su propia esencia personal. A pesar de ir en contra de su voluntad, ya que era un hombre muy independiente, cedió al imperante deseo de llenar de alegría su habitáculo hostil.
“Alquilo una habitación en piso céntrico, soleado a cambio de compañía y buena convivencia. “
El anuncio en prensa fue todo un éxito. Estuvo varios días recibiendo visitas de gente pintoresca que le desagradaba en extremo. Chicos con ristras y adictos al cannabis, universitarias demasiado sexys que podrían montar escándalos, mayorcitos con extrañas adicciones y vicios etc. Hasta que llegó Maria del Mar, nada más verla supo que se iba a enamorar.
-Hola, me llamo Maria del Mar, ¿alquilas una habitación verdad?
-Así es-contestó con austeridad, disimulando un endurecimiento prematuro de su miembro que tenía ciertos problemas para mantenerse a raya sin sobresalir del calzoncillo-
-Bueno ¿qué es lo que buscas?
-Nada, sólo compañía.
-¿Estás seguro? me parece muy extraño. Además estás muy bien. ¿No serás algún pervertirlo que busca montar numeritos raros ? -Le preguntó fríamente sin confiar en la bondad de un todo a cambio de nada-
-Mira guapa, como tú has podido observar no necesito favores sexuales. Estoy en una edad en la que todavía estoy para hacer algún favor. Sólo busco una persona agradable que le quite a mi casa el olor a soledad.
-Estupendo ¿dónde está mi habitación?
-Bueno, no tan deprisa, no sé si eres la persona idónea...
-Lo soy, además me atraes muchísimo con esa seguridad y tu sinceridad. Los hombres suelen fingir un servilismo que luego se esfuma, tú no lo has hecho, te has mostrado correcto y educado. Nos llevaremos bien.
Carmelo se quedó completamente desarmado ante aquella atractiva desconocida que no tenía reparos en decir lo que pensaba. Era muy bella, de mirada segura y penetrante, ojos hermosos de color marrón brillante. Todo en ella brillaba como un sol. Bajó la guardia y la mostró su habitación, sin objetar nada más.
-Esta será tu habitación.
-Me gusta. Me quedo ¿podemos tomar café?
-Estupendo. A mí también me agradas. Lo preparo en un momento. Puedes esperarme en la sala..
-De acuerdo Carmelo.
Tomaron café y pasteles de hojaldre al “estilo de Astorga”. Carmelo solía comprarlos envasados individualmente para evitar que se estropearan. Entablaron una conversación fluida sobre la actual sociedad y forma de vida. Fueron subyugándose mutuamente por miradas directas a los ojos, hubo algunos ligeros roces momentáneos y en un abrir y cerrar de ojos, pasaron a las caricias, besos...
Se fueron lentamente quitando la ropa. Entre los dos había algo como un magnetismo de sensualidad que los conectaba a pesar de no conocerse de nada. Maria del Mar tenía toda la piel estremecida por las suaves y expertas caricias.
-¿Qué edad tienes Carmelo?
-Cumplí los cincuenta, cielo.
-Cualquiera lo diría mirando tu...
-Lo sé. Maria del Mar te gustaría probar algo diferente?
-¿Cómo qué?
-Como un sexo sin barreras y que no creo que lo hayas gozado nunca.
-¿Te refieres al sexo anal?
-Voy más allá que a una simple corrida...
Maria del Mar se quedo atónita. ¿Qué podía estar ofreciéndole aquel cincuentón solitario? Sabia amar, lo deseaba toda su piel con ganas. Los pezones estaban erectos y eso que apenas la había rozado. Estaba desnuda a su disposición y él educadamente le pedía permiso para un sexo sin barreras. No sabía que responder...
-No tengas miedo, no es sado.
-Confío en ti, me dejo llevar.
-No podrás decir que pare ¿trato hecho?
-Me das miedo, pero acepto, tienes buenos instintos, creo, pero no me cortes en pedacitos muy pequeños.
-Ja,ja,ja... Tranquila me pedirás que repita lo mismo una y otra vez.
-Eso espero, saber que sobreviviré me anima.
-Aunque ya no serás la misma, serás una diosa del placer.
-Estupendo ¿comenzamos?
Carmelo sonrío astutamente, su mano palpó segura la zona erógena femenina. Primero untó uno de sus dedos con saliva para ir abriéndose paso por el conducto vaginal. La abertura fue cediendo y haciéndose más espaciosa, metió su mano palpando todo sus órganos internos. Su mano acariciaba, volteaba , apretaba y soltaba a un ritmo vertiginoso deleitosamente. Maria del Mar tuvo un gran orgasmo especial.
-Ahora aunque la posición no sea muy cómoda tendrás que aguantar.
-De acuerdo Carmelo, soy tuya- contestó melosamente, jadeante y entregada al placer.
Puso a Maria del Mar en posición vertical, la cabeza en el asiento y las piernas en alto, apoyada sobre sus brazos y cuello . El estaba de pie rodeó el sofá y se puso por detrás. Las piernas de ella descendieron, parecía que estaba realizando un ejercicio gimnástico, “el clavo” Inició la preparación de sus conductos con mil caricias y arrumacos, la tomó por su pequeño orificio dilatado e impregnado de lubricante. Mientras su potente y vigoroso miembro la embestía, su mano se introducía en la vagina dándole un placer doble.
-Quiero que acaricies tu clítoris, Maria del Mar.
-Ahhh, no es necesario.
-Lo es.
-Vale, no sé si podré aguantar tanto a la vez.
-Lo harás.
Así fue como Maria del Mar alcanzó triplemente por primera vez las cumbres del placer . Carmelo sabía mucho de sexo y la fue guiando para que sintiera un triple orgasmo simultáneo desde tres zonas distintas de su cuerpo.
-Ha sido estupendo Carmelo.
-Para mí a medias.
-¿Sí ? Ahh, entiendo...
-¿Entiendes?
-Me faltó hacerte un repaso especial a tus bajos con mi músculo oral.
-Ja,ja,ja... Exacto, estás tan estupenda que se me fue empinando sola y al sacarla del pantalón ya estaba como una barra de acero.
-¿Y cómo mantienes tu fogosidad a pesar de tu edad?
-Con mujeres bellas como tú.
-¡Ay que cumplido más bonito!
-No lo es exactamente.
Se miraron con sinceridad cristalina y reconocieron un sentimiento mutuo de compromiso. Quizás fuera una relación sin futuro, quizás el principio de un amor de verdad, quizás...
Sólo el tiempo lo dirá.
Fin
“Alquilo una habitación en piso céntrico, soleado a cambio de compañía y buena convivencia. “
El anuncio en prensa fue todo un éxito. Estuvo varios días recibiendo visitas de gente pintoresca que le desagradaba en extremo. Chicos con ristras y adictos al cannabis, universitarias demasiado sexys que podrían montar escándalos, mayorcitos con extrañas adicciones y vicios etc. Hasta que llegó Maria del Mar, nada más verla supo que se iba a enamorar.
-Hola, me llamo Maria del Mar, ¿alquilas una habitación verdad?
-Así es-contestó con austeridad, disimulando un endurecimiento prematuro de su miembro que tenía ciertos problemas para mantenerse a raya sin sobresalir del calzoncillo-
-Bueno ¿qué es lo que buscas?
-Nada, sólo compañía.
-¿Estás seguro? me parece muy extraño. Además estás muy bien. ¿No serás algún pervertirlo que busca montar numeritos raros ? -Le preguntó fríamente sin confiar en la bondad de un todo a cambio de nada-
-Mira guapa, como tú has podido observar no necesito favores sexuales. Estoy en una edad en la que todavía estoy para hacer algún favor. Sólo busco una persona agradable que le quite a mi casa el olor a soledad.
-Estupendo ¿dónde está mi habitación?
-Bueno, no tan deprisa, no sé si eres la persona idónea...
-Lo soy, además me atraes muchísimo con esa seguridad y tu sinceridad. Los hombres suelen fingir un servilismo que luego se esfuma, tú no lo has hecho, te has mostrado correcto y educado. Nos llevaremos bien.
Carmelo se quedó completamente desarmado ante aquella atractiva desconocida que no tenía reparos en decir lo que pensaba. Era muy bella, de mirada segura y penetrante, ojos hermosos de color marrón brillante. Todo en ella brillaba como un sol. Bajó la guardia y la mostró su habitación, sin objetar nada más.
-Esta será tu habitación.
-Me gusta. Me quedo ¿podemos tomar café?
-Estupendo. A mí también me agradas. Lo preparo en un momento. Puedes esperarme en la sala..
-De acuerdo Carmelo.
Tomaron café y pasteles de hojaldre al “estilo de Astorga”. Carmelo solía comprarlos envasados individualmente para evitar que se estropearan. Entablaron una conversación fluida sobre la actual sociedad y forma de vida. Fueron subyugándose mutuamente por miradas directas a los ojos, hubo algunos ligeros roces momentáneos y en un abrir y cerrar de ojos, pasaron a las caricias, besos...
Se fueron lentamente quitando la ropa. Entre los dos había algo como un magnetismo de sensualidad que los conectaba a pesar de no conocerse de nada. Maria del Mar tenía toda la piel estremecida por las suaves y expertas caricias.
-¿Qué edad tienes Carmelo?
-Cumplí los cincuenta, cielo.
-Cualquiera lo diría mirando tu...
-Lo sé. Maria del Mar te gustaría probar algo diferente?
-¿Cómo qué?
-Como un sexo sin barreras y que no creo que lo hayas gozado nunca.
-¿Te refieres al sexo anal?
-Voy más allá que a una simple corrida...
Maria del Mar se quedo atónita. ¿Qué podía estar ofreciéndole aquel cincuentón solitario? Sabia amar, lo deseaba toda su piel con ganas. Los pezones estaban erectos y eso que apenas la había rozado. Estaba desnuda a su disposición y él educadamente le pedía permiso para un sexo sin barreras. No sabía que responder...
-No tengas miedo, no es sado.
-Confío en ti, me dejo llevar.
-No podrás decir que pare ¿trato hecho?
-Me das miedo, pero acepto, tienes buenos instintos, creo, pero no me cortes en pedacitos muy pequeños.
-Ja,ja,ja... Tranquila me pedirás que repita lo mismo una y otra vez.
-Eso espero, saber que sobreviviré me anima.
-Aunque ya no serás la misma, serás una diosa del placer.
-Estupendo ¿comenzamos?
Carmelo sonrío astutamente, su mano palpó segura la zona erógena femenina. Primero untó uno de sus dedos con saliva para ir abriéndose paso por el conducto vaginal. La abertura fue cediendo y haciéndose más espaciosa, metió su mano palpando todo sus órganos internos. Su mano acariciaba, volteaba , apretaba y soltaba a un ritmo vertiginoso deleitosamente. Maria del Mar tuvo un gran orgasmo especial.
-Ahora aunque la posición no sea muy cómoda tendrás que aguantar.
-De acuerdo Carmelo, soy tuya- contestó melosamente, jadeante y entregada al placer.
Puso a Maria del Mar en posición vertical, la cabeza en el asiento y las piernas en alto, apoyada sobre sus brazos y cuello . El estaba de pie rodeó el sofá y se puso por detrás. Las piernas de ella descendieron, parecía que estaba realizando un ejercicio gimnástico, “el clavo” Inició la preparación de sus conductos con mil caricias y arrumacos, la tomó por su pequeño orificio dilatado e impregnado de lubricante. Mientras su potente y vigoroso miembro la embestía, su mano se introducía en la vagina dándole un placer doble.
-Quiero que acaricies tu clítoris, Maria del Mar.
-Ahhh, no es necesario.
-Lo es.
-Vale, no sé si podré aguantar tanto a la vez.
-Lo harás.
Así fue como Maria del Mar alcanzó triplemente por primera vez las cumbres del placer . Carmelo sabía mucho de sexo y la fue guiando para que sintiera un triple orgasmo simultáneo desde tres zonas distintas de su cuerpo.
-Ha sido estupendo Carmelo.
-Para mí a medias.
-¿Sí ? Ahh, entiendo...
-¿Entiendes?
-Me faltó hacerte un repaso especial a tus bajos con mi músculo oral.
-Ja,ja,ja... Exacto, estás tan estupenda que se me fue empinando sola y al sacarla del pantalón ya estaba como una barra de acero.
-¿Y cómo mantienes tu fogosidad a pesar de tu edad?
-Con mujeres bellas como tú.
-¡Ay que cumplido más bonito!
-No lo es exactamente.
Se miraron con sinceridad cristalina y reconocieron un sentimiento mutuo de compromiso. Quizás fuera una relación sin futuro, quizás el principio de un amor de verdad, quizás...
Sólo el tiempo lo dirá.
Fin
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