-¿Felipe que servimos hoy de postre?
-Fresas con miel.
-¿Eso es nuevo no? ¿Te atreves a servir algo tan arriesgado sin probarlo?
-Bueno, esperaba que tú me dejaras preparar el postre para ver los resultados.
-Claro ¿Voy cortando las fresas en rodajas?
-Sí, cuando las tengas preparadas, avísame.
A la media hora Susana lo advirtió de que había cortado dos kilos de fresas en láminas muy finas.
-¿Ahora que hago?
-Abre tu bata y túmbate sobre la mesa de la cocina.
-¡Felipe! ¡Que gracioso eres!
-No es una broma, ¡hazlo o te arrancaré yo mismo la bata!
Era evidente que Susana no estaba en situación de objetar. Le asustó el ímpetu de Felipe, pero siguió el juego porque confiaba plenamente en él, llevaban mucho tiempo gastándose bromas ya que pasaban muchas horas trabajando juntos. No pudo predecir que aquello que se había despertado en él era un brote de deseo contenido durante muchas largas horas de trabajo en equipo.
Felipe, al tenerla ante sus ojos en ropa interior se lanzó sobre ella besándola con pasión y tocando su vulva de forma magistral. Despertó un instinto salvaje en ella y su sexo comenzó a brotar como un manantial que aflora sin que se pueda contener por más tiempo oculto en el acuífero de una vagina dormida. Susana dejó cantar a su cuerpo, como hipnotizada y no fuera capaz de controlar el momento, solo escuchaba la suaves notas entonadas sobre su piel palpitante.
La liberó del sujetador y las bragas, buscó en la mesa un bote de miel y mojó sus pezones con dos cucharadas . Luego cubrió sus aureolas con finas rodajas de fresas. Descendió hacia su selva para descubrir un micro monte sonrosado que coronaba el bosque oscuro y repitió la hazaña.
-Están frías- se quejó Susana-
-Ahora sentirás calor.
La miró a los ojos mientras con su poderoso músculo locuaz comenzó a lamer sus pechos y la judía sonrosada que comenzó a cambiar de color y forma. Se hinchó y floreció un color rojo intenso, con una firmeza que delató su erección. El efecto de frío-calor, fue embriagador. Susana comenzó a sudar, a gritar, a suplicar que parara y eso que deseaba que aquello no terminara jamás. Su cuerpo estaba atado al yugo del placer y el temblor era la corriente que se propagaba desde la hoguera de su volcán en erupción. Hubo un instante en el que hubiera perdido el sentido. Felipe, tras conseguir deleitarla con varios suculentos orgasmos cambió de idea.
-Susana, ahora te toca a ti, quiero la misma entrega.
-Ahh, Felipe la tendrás, que placer me ha devorado, espero estar a tu altura.
Inflada de gratitud y pasión sexual, untó con una cucharada de miel el miembro erecto . Felipe que yacía tumbado sobre la mesa, preso de la voluptuosidad del instante. La miel cubrió la cabeza del pene y varias fresas fueron colocadas para coronar la cúspide de su miembro sublime. Susana comenzó a chuparlo y a rodar su lengua por su glande, comiendo la fruta y lamiendo la dulce miel hasta que esta se fundió con el líquido templado pre seminal, que brotaba como un volcán que necesita soltar lava de su profundidad.
Ella detenía l a tiempo la incipiente erupción de su volcán , cubriendo el glande con el prepucio cuando notaba los espasmos de su pene. Era una forma de contener un final brusco que hubiera estropeado la pasión que a ambos devoraba..
-Lo haces fenomenal Susana.
-Gracias, esta táctica la aprendí en una libro de “ cómo mantener la erección en un hombre”.
-Ja,ja,ja...
Una vez saciado el deseo de sentir una buena lengua recorriendo sus partes más sensibles, Felipe se puso en pie de un sólo salto. Puso en evidencia su estupenda forma física que impresionó a Susana. La puso a su antojo; las manos apoyadas sobre la mesa y las piernas bien abiertas, agachando su cabeza entre los brazos para que sus nalgas subieran hacia arriba. Felipe colocó varias rodajas de fresa sobre la espalda con la idea de ir comiéndolas .Encajó su miembro vigoroso en la abertura sedienta de marcha y tras cada empujón tocaba el cuello del útero, golpeándolo para que se produjera el preciado orgasmo. Era como tocar un tambor.
-Esto es mágico Felipe, nunca había sentido una sensación tan placentera. Tu suave lengua rozando mi espalda y tu pene haciendo resonar una deliciosa canción orgásmica.
-Disfruta Susana que todavía nos toca preparar “fresas con miel sobre una base de hojaldre para cincuenta comensales”.
-Ahh, después de esto , soy capaz de preparar mil postres, tengo la miel pegada a...
-¡Calla! No vayan a oler a sexo todos los postres.
-Ja,ja,ja...
Fue la mejor aventura erótica de Susana en su época de aprendiz de cocina. Tuvo un perfecto adiestrador de voluntades introduciéndola en el placer culinario. Durante meses la agasajó con broches de suculentos de manjares servidos sobre sus zonas erógenas. Pero aquella aventura de las fresas fue tan inolvidable que cuando veía una, todo su cuerpo se estremecía por el recuerdo del placer vivido aquella tarde.
-Fresas con miel.
-¿Eso es nuevo no? ¿Te atreves a servir algo tan arriesgado sin probarlo?
-Bueno, esperaba que tú me dejaras preparar el postre para ver los resultados.
-Claro ¿Voy cortando las fresas en rodajas?
-Sí, cuando las tengas preparadas, avísame.
A la media hora Susana lo advirtió de que había cortado dos kilos de fresas en láminas muy finas.
-¿Ahora que hago?
-Abre tu bata y túmbate sobre la mesa de la cocina.
-¡Felipe! ¡Que gracioso eres!
-No es una broma, ¡hazlo o te arrancaré yo mismo la bata!
Era evidente que Susana no estaba en situación de objetar. Le asustó el ímpetu de Felipe, pero siguió el juego porque confiaba plenamente en él, llevaban mucho tiempo gastándose bromas ya que pasaban muchas horas trabajando juntos. No pudo predecir que aquello que se había despertado en él era un brote de deseo contenido durante muchas largas horas de trabajo en equipo.
Felipe, al tenerla ante sus ojos en ropa interior se lanzó sobre ella besándola con pasión y tocando su vulva de forma magistral. Despertó un instinto salvaje en ella y su sexo comenzó a brotar como un manantial que aflora sin que se pueda contener por más tiempo oculto en el acuífero de una vagina dormida. Susana dejó cantar a su cuerpo, como hipnotizada y no fuera capaz de controlar el momento, solo escuchaba la suaves notas entonadas sobre su piel palpitante.
La liberó del sujetador y las bragas, buscó en la mesa un bote de miel y mojó sus pezones con dos cucharadas . Luego cubrió sus aureolas con finas rodajas de fresas. Descendió hacia su selva para descubrir un micro monte sonrosado que coronaba el bosque oscuro y repitió la hazaña.
-Están frías- se quejó Susana-
-Ahora sentirás calor.
La miró a los ojos mientras con su poderoso músculo locuaz comenzó a lamer sus pechos y la judía sonrosada que comenzó a cambiar de color y forma. Se hinchó y floreció un color rojo intenso, con una firmeza que delató su erección. El efecto de frío-calor, fue embriagador. Susana comenzó a sudar, a gritar, a suplicar que parara y eso que deseaba que aquello no terminara jamás. Su cuerpo estaba atado al yugo del placer y el temblor era la corriente que se propagaba desde la hoguera de su volcán en erupción. Hubo un instante en el que hubiera perdido el sentido. Felipe, tras conseguir deleitarla con varios suculentos orgasmos cambió de idea.
-Susana, ahora te toca a ti, quiero la misma entrega.
-Ahh, Felipe la tendrás, que placer me ha devorado, espero estar a tu altura.
Inflada de gratitud y pasión sexual, untó con una cucharada de miel el miembro erecto . Felipe que yacía tumbado sobre la mesa, preso de la voluptuosidad del instante. La miel cubrió la cabeza del pene y varias fresas fueron colocadas para coronar la cúspide de su miembro sublime. Susana comenzó a chuparlo y a rodar su lengua por su glande, comiendo la fruta y lamiendo la dulce miel hasta que esta se fundió con el líquido templado pre seminal, que brotaba como un volcán que necesita soltar lava de su profundidad.
Ella detenía l a tiempo la incipiente erupción de su volcán , cubriendo el glande con el prepucio cuando notaba los espasmos de su pene. Era una forma de contener un final brusco que hubiera estropeado la pasión que a ambos devoraba..
-Lo haces fenomenal Susana.
-Gracias, esta táctica la aprendí en una libro de “ cómo mantener la erección en un hombre”.
-Ja,ja,ja...
Una vez saciado el deseo de sentir una buena lengua recorriendo sus partes más sensibles, Felipe se puso en pie de un sólo salto. Puso en evidencia su estupenda forma física que impresionó a Susana. La puso a su antojo; las manos apoyadas sobre la mesa y las piernas bien abiertas, agachando su cabeza entre los brazos para que sus nalgas subieran hacia arriba. Felipe colocó varias rodajas de fresa sobre la espalda con la idea de ir comiéndolas .Encajó su miembro vigoroso en la abertura sedienta de marcha y tras cada empujón tocaba el cuello del útero, golpeándolo para que se produjera el preciado orgasmo. Era como tocar un tambor.
-Esto es mágico Felipe, nunca había sentido una sensación tan placentera. Tu suave lengua rozando mi espalda y tu pene haciendo resonar una deliciosa canción orgásmica.
-Disfruta Susana que todavía nos toca preparar “fresas con miel sobre una base de hojaldre para cincuenta comensales”.
-Ahh, después de esto , soy capaz de preparar mil postres, tengo la miel pegada a...
-¡Calla! No vayan a oler a sexo todos los postres.
-Ja,ja,ja...
Fue la mejor aventura erótica de Susana en su época de aprendiz de cocina. Tuvo un perfecto adiestrador de voluntades introduciéndola en el placer culinario. Durante meses la agasajó con broches de suculentos de manjares servidos sobre sus zonas erógenas. Pero aquella aventura de las fresas fue tan inolvidable que cuando veía una, todo su cuerpo se estremecía por el recuerdo del placer vivido aquella tarde.
Fin
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