Al anochecer busco ese abrazo justo llega a las diez
cuando me pierdo entre tus brazos buscando ecos de
pasión que no hallo, pena me da verte caminar tordo
vencido por la rutina y el sinsabor, sólo ojeas el reloj.
Me cansas, seca, comparto la misma impertinencia
cada día, sin cobijo creo versos cargados de soledad.
Vigilas en mis ojos escrutando mis anhelos por si los logro
temes, me ves grande, una estrella sin nombre que daría
todo por quedarse en el santo cielo de los verdes montes.
Me alejo y escribo en estas líneas que la puta suerte se fue tras
otros, huelo su rastro, ella es feliz demorándose en las mieles
de otras reinas, no dona esperanza, suena y no me deja llegar.
Negra suerte que expiras mis años
inspira mis versos y cede un poco
elige a tu antojo algún poema roto
Miro al mar dejando caer nostalgias e iras
derivo hacia la esperanza de tener una vida
llena, sin que me disciplinen más fatalidades.
Quisiera gritar una, dos, tres
necesito testigos que me digan
que luchar vale
aunque no gane.
Tifones y ciclones castigan mi cabeza
brillos oscuros me guían con torpeza
hacia el abismo de los sueños locos.
Reprimo con artes maestras los tropiezos revividos
estoy a oscuras y esquivo la rabia que me quiere
engatusar, no me queda nada que salvar, vivo
enraizada en sus zapatos sordos que no sé reparar.
La suerte al fin brilla ¡que maravilla!
de repente se arrepiente y desdice, fue broma
se ríe de mí, la llorona.
¡Lo esperaba! le calzo, sonrío
amarga sin tener más ganas.
Y ya no me importa caminar sin luz
ni ser la luciérnaga que oscuras intenta
brillar, me acostumbré a ser la pieza
que no tiene la suerte para triunfar.
Seré la más irreal de las espinas
la dura suerte tiene a su niña bonita
que no acaudala canas ni heridas
sólo me queda perseverar.
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