Trinidad solía repostar cada noche al regresar del trabajo en la misma gasolinera. Era una auténtica dama; sofisticada, inteligente y triunfadora. No poseía un atractivo exuberante, pero sabía sacarse partido. Ropa de moda, un buen maquillaje y un perfume refinado le daban alas a la mínima belleza de la que estaba dotada. Tenía mucho éxito con los hombres porque no era difícil de conquistar ni de conseguir.
Tenía la piel suave , pechos redondos y tersos, y unas piernas bien torneadas. Para muchos hombres no hacia falta más. Tampoco su trasero estaba mal, un culo redondo y bien compacto.
Llevaba varias semanas coincidiendo en la hora con un dependiente bastante tímido y poco agraciado . Se había percatado alguna vez que la miraba con timidez y deseo. Llevaba gafas, tenía los ojos negros ;de mirada muy intensa, penetrante, cejas espesas y pobladas, orejas redondas y pequeñas. Le resultaba atractivo aunque no fuera guapo.
-¿Cuánto le pongo señora?
-30 € por favor.
-Son 30 €.-le exigía avergonzado el dependiente al terminar de repostar-
-Aquí tiene.
-Que pase buen día señora.
-Igualmente.
Trinidad al recibir las llaves y sentir el roce de la piel de aquel desconocido sentía un extraño calambre recorrer su cuerpo. Se estremecía sin saber el motivo, era algo que no le había ocurrido nunca. Algunas veces se quedaba meditabunda, si pudiera le obligaría a subir a su coche para saciar ese extraño deseo que le producía el contacto de su piel.
Era evidente que el roce con su mano la calentaba, era como si un mar de pasiones se desatara dentro de sí misma sin que hubiera sido provocado por ningún gesto o señal por parte de él, su piel se lo trasmitía en silencio. Pero la formalidad y su orgullo no le permitían bajar la guardia y mostrarse una mujer dispuesta para un encuentro clandestino. Temía un rechazo o el típico “señora, estoy casado” “señora, tengo novia”. Tenía que ser más cautelosa en su conquista. Arrancó su coche, metió la primera marcha y muy lenta la segunda, quería tener un contacto visual con él par asegurarse de que no le era indiferente. Y lo conseguía, él siempre volvía la vista hacia su coche en el último instante para despedirse de ella. Tras unos minutos ya la idea quedaba enterrada en su cabeza como si nunca la hubiera tenido y volvía a su vida monótona y aburrida de ejecutiva comercial.
Una sábado quedó con un cliente, necesitaba conseguir un contrato y se mostró más abierta con él para conseguirlo. El cliente cincuentón la invitó a cenar. Pero la magia no sucedió durante la cena, aquel hombre no la ponía nada, era imposible que disfrutara en sus brazos, no le gustaba ni su aliento. Así que a la hora de ir a un hotel le dijo que no, tenía clavado el deseo en su mente de un hombre, el dependiente de la gasolinera, sólo le rondaba como una pesadilla repetitiva. Se despidió en el restaurante sin remordimientos, frustrada por su cita y por su pérdida de contrato pero satisfecha de su elección.
Era la una de la madrugada, embriagada por el deseo del gasolinera, dirigió su coche hacia allí, no sabía si aquella noche tendría la suerte de verlo. Pero su intuición femenina no falló al rechazar la proposición sexual con su cliente y al entrar en la gasolinera lo encontró haciendo de nuevo horas extras, esta vez en fin de semana.
-Buenas noches- dijo mas abierta y simpática de lo habitual-
-Buenas noches señora ¿cuánto le pongo?
-Pues lo de siempre.
-De acuerdo.
Estaba nerviosa, se acababa de acordar que el depósito lo había repostado el día anterior y lo tenía lleno ya que no había ido a visitar a nadie en sábado.
-Perdona, creo que...
-No entraron más que 4 € ¿Por qué has venido hoy?
-Para ver si tenía suerte y estabas, necesito tener algo contigo, me gustas.
-¿Conmigo? Nunca pensé que te gustara. Yo no soy gran cosa...
-Tienes un punto sexy con esas gafas y un buen cuerpo por descubrir.
-¿Quieres que te lave el coche gratis?-le propuso mirándola con doble intención-
-Sería fantástico.
-Ves hacia el túnel de lavado.
-Ok
Trinidad ilusionada por la conversación tan sincera y directa no supo ni dónde tenía que darle para llegar a aquel lugar situado a escasos metros. Se le caló el coche y al meter las marchas hizo un pequeño raspón sobre la caja de cambios. Su dependiente la esperaba a la puerta del lavado automático, puso la máquina en marcha y le dio instrucciones.
-Deja el coche en punto muerto que entra solo.
Rodeó el coche con mucha seguridad y abrió la puerta delantera para meterse con ella en el túnel de lavado. Justo cuando Trinidad iba a decir algo para romper el hielo, la máquina impulsó el coche hacia los cepillos de enjabonado. Javier aprovechó para sacar de su bolsillo un mando a distancia. Apagó el dispositivo y quedaron en silencio protegidos por aquellos cepillos de colores; amarillo y azul.
-Bonito lugar es muy erótico, el coche mojado, los cepillos detenidos y nosotros parados aquí para ...
-Lo que tú quieras si te sientes incómoda, enciendo y te regalo el lavado automático.
-Para nada, llevo semanas soñando quitarte ese mono gris de trabajo.
-Pues hazlo, lo estoy deseando.
Trinidad se lanzó sobre él, le dejó las gafas de pasta negra y montura al aire, le resultaban muy sexy, le fue bajando el mono hasta dejárselo a la altura de las rodillas. No estaba excitado, lo supo al tocar la entrepierna. Adivinó un buen tamaño de pene en reposo y presintió que esa aventura no sería infructuosa.
-Yo me pongo muy excitado cuando la mujer me deja desnudarla lentamente, soy un romántico empedernido ¿Te apetece?
-Eso suena de maravilla. Por cierto como te llamas ¿?
-Javier.
-Suena muy dulce ¿verdad?
-Soy muy dulce y delicado, sobre todo con las mujeres a la hora de hacer el amor.
Trinidad pudo comprobarlo. Aquel varón poco atractivo pero con una cualidad innata la fue despojando de su ropa sin que notara ni que pieza le quitó primero. Estaba muy excitada y eso que todavía no la había tocado el sexo. Los labios de Javier acariciaban toda sus partes sensibles con precisión de amante perfecto; las axilas, los pechos, el bajo vientre, el interior de los muslos, cuando fue a dirigirse al clítoris y vagina estaba ya a punto de orgasmo, hasta jadeaba. Apenas la tocó y tuvo su primer orgasmo de placer intenso.
-Vaya, eres la primera mujer que explota en dos toques.-le comentó contrariado-
-Es que tienes unas manos estupendas.
-Será que me deseas con fervor ¿a que sí?
-Cierto, desde hace semanas.
-Entonces lo pasaremos muy bien esta noche, Trinidad.
-¿Cómo sabes mi nombre? No te lo he dicho.
-Algunas veces pagas con tarjeta de crédito y una vez me fijé al entrar en la tienda en tu nombre.
-¡Qué listo!
-Astuto más bien.
Trinidad se incorporó en la asiento tras el orgasmo y se sorprendió al verlo completamente desnudo. Había sido tan hábil que mientras la desnudada se había despojado él también de toda la ropa. Ahora su pene se hallaba a medio camino de excitación, estaba mucho más hinchado que antes y con cierto rigor. Su boca se llenó de saliva, necesitaba chuparlo, conocer su sabor y textura, que doblara su tamaño con las caricias expertas de su lengua.
Lo tomó por el empeine sujetando el falo recto se lo fue introduciendo poco a poco en la boca. Lo mordisqueaba delicadamente con sus dientes, lo hacía chocar contra sus paredes bucales y trataba de tragárselo al máximo. Le gustaba lamerlo y agitarlo lentamente con su mano. Javier respiraba agitadamente, estaba disfrutando. Ella de vez en cuando lo descubría devorándola con la vista. Javier le acariciaba el pelo suavemente con sus manos, mientras disfrutaba doblemente del placer de verla chupando la polla y sus nalgas abrirse oscilantes..
Trinidad se lo trabajó hasta que el pene adquirió el punto exacto de rigidez y firmeza. No dudó en subirse encima y metérselo poco a poco en su vagina. Con las manos apoyadas en los hombros de él, fue descendiendo lentamente para no dañarse.
-No sé si podré ser capaz de metérmela toda.
-Te cabe, relájate y ves poco a poco, verás como lo consigues.
-Ahhh, que gusto- largaba Trinidad a cada empujón y sube y baja de su cuerpo.
Tardó varios minutos en adaptar su vagina al tamaño del pene extra de Javier. Pero finalmente consiguió que le entrara toda. Sentía un placer indescriptible, aquella polla chocaba con todas sus partes internas y los puntos orgásmicos estaban siendo afinados por un experto músico. Ahora entendía por qué todas sus amigas se reían cuando les preguntaba porqué preferían los penes grandes, eran extraordinarios , perfectos para hacer disfrutar el doble.
Se puso a saltar como una acróbata sobre Javier. Subía y bajaba y sus caderas estaban a punto de romperse de tanto frenesí. Cuando se cansaba, se sentaba sobre los muslos de él y seguía moviéndose en un brusco vaivén donde el culo se frotaba contra las piernas . No quiso reprimir el grito que necesita soltar al alcanzar un estrepitoso orgasmo, se sintió como una reina liberada de su jaula.
-Ah , ah, ah... Ha sido fantástico el mejor orgasmo de mi vida.- Soltó sin poderse contener-
-¡Levanta!-le ordenó él-
-Puedo seguir, tú todavía no te has c
-Levanta y date la vuelta quiero cabalgarte por el otro agujero.
-Como gustes.
Trinidad no se resistió, el sexo anal le gustaba pero nunca lo había practicado con un hombre tan bien dotado. Tuvo un ligero temor que desapareció al instante, notó la lengua de su amante abriéndose paso, la preparó muy bien, haciéndola confiar y relajarse.
Al notar la polla penetrarla por el culo sintió un pequeño dolor que fue despareciendo según Javier fue acariciando su clítoris. Fue poseyéndola muy lentamente hasta que su flor negra se debilitó por completo. La cabalgó delicadamente y con mucho cuidado, era sabedor de que estaba en una región distinta y no estaba acostumbrada a tanto volumen.
-Ah,ah,ah... Me he vuelto a correr Javier. ¡Como nunca lo he hecho! ¡Que gustazo!- le confesó Trinidad extenuada y roja por el ejercicio físico continuado-
-Menos mal, yo lo hice hace unos minutos, mi erección no iba a aguantar mucho más-contestó Javier aliviado y feliz por su logro-
Trinidad se levantó poco a poco para sacar la polla con cuidado. No quería que el preservativo se le quedara dentro. Agotada, se pasó la mano para comprobar que su culo no estuviera en mal estado. Estaba algo dolorido pero perfecto, ningún daño, Javier le había hecho el amor de una manera estupenda.
-¡Me has enamorado Javier!
-Pensé que no me lo ibas a decir nunca- rió el feliz al escuchar las palabras que tanto había deseado oír-
-Desde que te vi una magia me acercaba a tu cuerpo, ahora sé que era justo aquellas cosas que no se veían las que intuía que necesitaba de ti. Las corrientes eléctricas que recibía cuando nuestras manos casualmente te tocaban así lo presagiaban.
-Dilo
-¿El qué?
-Dilo, por favor.
-Me encanta tu polla ¿eso?
-Eso, suficiente.
Javier la besó apasionadamente. Aquella chica le gustaba de verdad, nunca pensó que reparara en él, tuvo una oportunidad y supo aprovecharla. Estaba colada por él y después de descubrir lo buen amante que era mucho más.
Se vistieron lentamente y Javier volvió a pulsar “on” en el mando para continuar el lavado. Se miraban continuamente de reojo con un brillo de estrella especial. Estaban enamorados y eso había hecho que se amaran con pasión y entrega en aquel túnel.
Al terminar el lavado Javier abrió la puerta para salir del coche, Trinidad lo retuvo delicadamente del brazo.
-Espera, no tienes mi número. -Lo apuntó rápidamente en trozo de papel y se lo dio- Llámame mañana o cuando quieras.
-Lo haré Trinidad. Me encantas.
Se despidieron con una sonrisa cómplice.
-Macho, eres una máquina te has tirado más de dos horas en el túnel de lavado. ¿Cómo sabías que vendría esta noche?
-Pura intuición, ya sabes que nunca trabajo los sábados.
-Menuda suerte, chaval.
-Así ha sido.
-¿Y qué has quedado para más?
-Claro, espero que surja una bella historia de amor entre nosotros.
-De película, macho. Me voy a comer algo y a echar una cabezada, me lo debes.
-Claro que sí, tranquilo.
Javier trabajó aquella noche hasta las seis en una nube de felicidad. Recordando a cada momento lo vivido en aquel túnel. Lo observaba como un cuadro valioso. Mientras Trinidad había llegado a su casa y trataba de relajarse con una ducha. Sus pensamientos seguían conectados de forma mágica, soñando con todo lo recibido y entregado. Eso se llama amor.
Fin
Tenía la piel suave , pechos redondos y tersos, y unas piernas bien torneadas. Para muchos hombres no hacia falta más. Tampoco su trasero estaba mal, un culo redondo y bien compacto.
Llevaba varias semanas coincidiendo en la hora con un dependiente bastante tímido y poco agraciado . Se había percatado alguna vez que la miraba con timidez y deseo. Llevaba gafas, tenía los ojos negros ;de mirada muy intensa, penetrante, cejas espesas y pobladas, orejas redondas y pequeñas. Le resultaba atractivo aunque no fuera guapo.
-¿Cuánto le pongo señora?
-30 € por favor.
-Son 30 €.-le exigía avergonzado el dependiente al terminar de repostar-
-Aquí tiene.
-Que pase buen día señora.
-Igualmente.
Trinidad al recibir las llaves y sentir el roce de la piel de aquel desconocido sentía un extraño calambre recorrer su cuerpo. Se estremecía sin saber el motivo, era algo que no le había ocurrido nunca. Algunas veces se quedaba meditabunda, si pudiera le obligaría a subir a su coche para saciar ese extraño deseo que le producía el contacto de su piel.
Era evidente que el roce con su mano la calentaba, era como si un mar de pasiones se desatara dentro de sí misma sin que hubiera sido provocado por ningún gesto o señal por parte de él, su piel se lo trasmitía en silencio. Pero la formalidad y su orgullo no le permitían bajar la guardia y mostrarse una mujer dispuesta para un encuentro clandestino. Temía un rechazo o el típico “señora, estoy casado” “señora, tengo novia”. Tenía que ser más cautelosa en su conquista. Arrancó su coche, metió la primera marcha y muy lenta la segunda, quería tener un contacto visual con él par asegurarse de que no le era indiferente. Y lo conseguía, él siempre volvía la vista hacia su coche en el último instante para despedirse de ella. Tras unos minutos ya la idea quedaba enterrada en su cabeza como si nunca la hubiera tenido y volvía a su vida monótona y aburrida de ejecutiva comercial.
Una sábado quedó con un cliente, necesitaba conseguir un contrato y se mostró más abierta con él para conseguirlo. El cliente cincuentón la invitó a cenar. Pero la magia no sucedió durante la cena, aquel hombre no la ponía nada, era imposible que disfrutara en sus brazos, no le gustaba ni su aliento. Así que a la hora de ir a un hotel le dijo que no, tenía clavado el deseo en su mente de un hombre, el dependiente de la gasolinera, sólo le rondaba como una pesadilla repetitiva. Se despidió en el restaurante sin remordimientos, frustrada por su cita y por su pérdida de contrato pero satisfecha de su elección.
Era la una de la madrugada, embriagada por el deseo del gasolinera, dirigió su coche hacia allí, no sabía si aquella noche tendría la suerte de verlo. Pero su intuición femenina no falló al rechazar la proposición sexual con su cliente y al entrar en la gasolinera lo encontró haciendo de nuevo horas extras, esta vez en fin de semana.
-Buenas noches- dijo mas abierta y simpática de lo habitual-
-Buenas noches señora ¿cuánto le pongo?
-Pues lo de siempre.
-De acuerdo.
Estaba nerviosa, se acababa de acordar que el depósito lo había repostado el día anterior y lo tenía lleno ya que no había ido a visitar a nadie en sábado.
-Perdona, creo que...
-No entraron más que 4 € ¿Por qué has venido hoy?
-Para ver si tenía suerte y estabas, necesito tener algo contigo, me gustas.
-¿Conmigo? Nunca pensé que te gustara. Yo no soy gran cosa...
-Tienes un punto sexy con esas gafas y un buen cuerpo por descubrir.
-¿Quieres que te lave el coche gratis?-le propuso mirándola con doble intención-
-Sería fantástico.
-Ves hacia el túnel de lavado.
-Ok
Trinidad ilusionada por la conversación tan sincera y directa no supo ni dónde tenía que darle para llegar a aquel lugar situado a escasos metros. Se le caló el coche y al meter las marchas hizo un pequeño raspón sobre la caja de cambios. Su dependiente la esperaba a la puerta del lavado automático, puso la máquina en marcha y le dio instrucciones.
-Deja el coche en punto muerto que entra solo.
Rodeó el coche con mucha seguridad y abrió la puerta delantera para meterse con ella en el túnel de lavado. Justo cuando Trinidad iba a decir algo para romper el hielo, la máquina impulsó el coche hacia los cepillos de enjabonado. Javier aprovechó para sacar de su bolsillo un mando a distancia. Apagó el dispositivo y quedaron en silencio protegidos por aquellos cepillos de colores; amarillo y azul.
-Bonito lugar es muy erótico, el coche mojado, los cepillos detenidos y nosotros parados aquí para ...
-Lo que tú quieras si te sientes incómoda, enciendo y te regalo el lavado automático.
-Para nada, llevo semanas soñando quitarte ese mono gris de trabajo.
-Pues hazlo, lo estoy deseando.
Trinidad se lanzó sobre él, le dejó las gafas de pasta negra y montura al aire, le resultaban muy sexy, le fue bajando el mono hasta dejárselo a la altura de las rodillas. No estaba excitado, lo supo al tocar la entrepierna. Adivinó un buen tamaño de pene en reposo y presintió que esa aventura no sería infructuosa.
-Yo me pongo muy excitado cuando la mujer me deja desnudarla lentamente, soy un romántico empedernido ¿Te apetece?
-Eso suena de maravilla. Por cierto como te llamas ¿?
-Javier.
-Suena muy dulce ¿verdad?
-Soy muy dulce y delicado, sobre todo con las mujeres a la hora de hacer el amor.
Trinidad pudo comprobarlo. Aquel varón poco atractivo pero con una cualidad innata la fue despojando de su ropa sin que notara ni que pieza le quitó primero. Estaba muy excitada y eso que todavía no la había tocado el sexo. Los labios de Javier acariciaban toda sus partes sensibles con precisión de amante perfecto; las axilas, los pechos, el bajo vientre, el interior de los muslos, cuando fue a dirigirse al clítoris y vagina estaba ya a punto de orgasmo, hasta jadeaba. Apenas la tocó y tuvo su primer orgasmo de placer intenso.
-Vaya, eres la primera mujer que explota en dos toques.-le comentó contrariado-
-Es que tienes unas manos estupendas.
-Será que me deseas con fervor ¿a que sí?
-Cierto, desde hace semanas.
-Entonces lo pasaremos muy bien esta noche, Trinidad.
-¿Cómo sabes mi nombre? No te lo he dicho.
-Algunas veces pagas con tarjeta de crédito y una vez me fijé al entrar en la tienda en tu nombre.
-¡Qué listo!
-Astuto más bien.
Trinidad se incorporó en la asiento tras el orgasmo y se sorprendió al verlo completamente desnudo. Había sido tan hábil que mientras la desnudada se había despojado él también de toda la ropa. Ahora su pene se hallaba a medio camino de excitación, estaba mucho más hinchado que antes y con cierto rigor. Su boca se llenó de saliva, necesitaba chuparlo, conocer su sabor y textura, que doblara su tamaño con las caricias expertas de su lengua.
Lo tomó por el empeine sujetando el falo recto se lo fue introduciendo poco a poco en la boca. Lo mordisqueaba delicadamente con sus dientes, lo hacía chocar contra sus paredes bucales y trataba de tragárselo al máximo. Le gustaba lamerlo y agitarlo lentamente con su mano. Javier respiraba agitadamente, estaba disfrutando. Ella de vez en cuando lo descubría devorándola con la vista. Javier le acariciaba el pelo suavemente con sus manos, mientras disfrutaba doblemente del placer de verla chupando la polla y sus nalgas abrirse oscilantes..
Trinidad se lo trabajó hasta que el pene adquirió el punto exacto de rigidez y firmeza. No dudó en subirse encima y metérselo poco a poco en su vagina. Con las manos apoyadas en los hombros de él, fue descendiendo lentamente para no dañarse.
-No sé si podré ser capaz de metérmela toda.
-Te cabe, relájate y ves poco a poco, verás como lo consigues.
-Ahhh, que gusto- largaba Trinidad a cada empujón y sube y baja de su cuerpo.
Tardó varios minutos en adaptar su vagina al tamaño del pene extra de Javier. Pero finalmente consiguió que le entrara toda. Sentía un placer indescriptible, aquella polla chocaba con todas sus partes internas y los puntos orgásmicos estaban siendo afinados por un experto músico. Ahora entendía por qué todas sus amigas se reían cuando les preguntaba porqué preferían los penes grandes, eran extraordinarios , perfectos para hacer disfrutar el doble.
Se puso a saltar como una acróbata sobre Javier. Subía y bajaba y sus caderas estaban a punto de romperse de tanto frenesí. Cuando se cansaba, se sentaba sobre los muslos de él y seguía moviéndose en un brusco vaivén donde el culo se frotaba contra las piernas . No quiso reprimir el grito que necesita soltar al alcanzar un estrepitoso orgasmo, se sintió como una reina liberada de su jaula.
-Ah , ah, ah... Ha sido fantástico el mejor orgasmo de mi vida.- Soltó sin poderse contener-
-¡Levanta!-le ordenó él-
-Puedo seguir, tú todavía no te has c
-Levanta y date la vuelta quiero cabalgarte por el otro agujero.
-Como gustes.
Trinidad no se resistió, el sexo anal le gustaba pero nunca lo había practicado con un hombre tan bien dotado. Tuvo un ligero temor que desapareció al instante, notó la lengua de su amante abriéndose paso, la preparó muy bien, haciéndola confiar y relajarse.
Al notar la polla penetrarla por el culo sintió un pequeño dolor que fue despareciendo según Javier fue acariciando su clítoris. Fue poseyéndola muy lentamente hasta que su flor negra se debilitó por completo. La cabalgó delicadamente y con mucho cuidado, era sabedor de que estaba en una región distinta y no estaba acostumbrada a tanto volumen.
-Ah,ah,ah... Me he vuelto a correr Javier. ¡Como nunca lo he hecho! ¡Que gustazo!- le confesó Trinidad extenuada y roja por el ejercicio físico continuado-
-Menos mal, yo lo hice hace unos minutos, mi erección no iba a aguantar mucho más-contestó Javier aliviado y feliz por su logro-
Trinidad se levantó poco a poco para sacar la polla con cuidado. No quería que el preservativo se le quedara dentro. Agotada, se pasó la mano para comprobar que su culo no estuviera en mal estado. Estaba algo dolorido pero perfecto, ningún daño, Javier le había hecho el amor de una manera estupenda.
-¡Me has enamorado Javier!
-Pensé que no me lo ibas a decir nunca- rió el feliz al escuchar las palabras que tanto había deseado oír-
-Desde que te vi una magia me acercaba a tu cuerpo, ahora sé que era justo aquellas cosas que no se veían las que intuía que necesitaba de ti. Las corrientes eléctricas que recibía cuando nuestras manos casualmente te tocaban así lo presagiaban.
-Dilo
-¿El qué?
-Dilo, por favor.
-Me encanta tu polla ¿eso?
-Eso, suficiente.
Javier la besó apasionadamente. Aquella chica le gustaba de verdad, nunca pensó que reparara en él, tuvo una oportunidad y supo aprovecharla. Estaba colada por él y después de descubrir lo buen amante que era mucho más.
Se vistieron lentamente y Javier volvió a pulsar “on” en el mando para continuar el lavado. Se miraban continuamente de reojo con un brillo de estrella especial. Estaban enamorados y eso había hecho que se amaran con pasión y entrega en aquel túnel.
Al terminar el lavado Javier abrió la puerta para salir del coche, Trinidad lo retuvo delicadamente del brazo.
-Espera, no tienes mi número. -Lo apuntó rápidamente en trozo de papel y se lo dio- Llámame mañana o cuando quieras.
-Lo haré Trinidad. Me encantas.
Se despidieron con una sonrisa cómplice.
-Macho, eres una máquina te has tirado más de dos horas en el túnel de lavado. ¿Cómo sabías que vendría esta noche?
-Pura intuición, ya sabes que nunca trabajo los sábados.
-Menuda suerte, chaval.
-Así ha sido.
-¿Y qué has quedado para más?
-Claro, espero que surja una bella historia de amor entre nosotros.
-De película, macho. Me voy a comer algo y a echar una cabezada, me lo debes.
-Claro que sí, tranquilo.
Javier trabajó aquella noche hasta las seis en una nube de felicidad. Recordando a cada momento lo vivido en aquel túnel. Lo observaba como un cuadro valioso. Mientras Trinidad había llegado a su casa y trataba de relajarse con una ducha. Sus pensamientos seguían conectados de forma mágica, soñando con todo lo recibido y entregado. Eso se llama amor.
Fin
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