sábado, 23 de agosto de 2008

Soñando contigo

Sara se levantó de la cama con su sexo abierto al placer, notaba la hinchazón de su vulva, su lubricación excesiva. Estaba insatisfecha, sólo un hombre imaginario podía liberarla. Había estado idealizando la imagen de Ángel toda la noche, él la tomaba y ella se sentía feliz al notarlo dentro, irradiaba emociones intensas, luces de colores al repetir el corto en su mente una y otra vez durante horas sin querer desechar esa fantasía. Una cara nada excitante la verdad, nada inusual, ni siquiera era el tipo de hombres que le gustaban. Era moreno, muy vulgar, ojos negros, gafas ningún detalle a destacar salvo esa fuerza intelectual , que la seducía sutilmente.

Pudo haber calmado su deseo febril, con su novio Juan, pero no lo deseaba en ese momento era de otro hombre, todo su cuerpo pertenecía al idealizado amante. Juan dormía ajeno a sus deslices amorosos justo a su lado. Pensó en despertarle e intentar calmar su deseo, pero le parecía algo indecente, estar ansiando a Ángel y servirse de la oportunidad más cercana para satisfacerlo. Ese calor bochornoso de las noches de agosto, esas ganas de vivir fantasías únicas y su sexualidad sublime la tenían siempre inflamada.

Ángel era el hombre que se colaba en su sueño. Lo había conocido sólo unos días antes en un foro de amigos. Habían simpatizado al instante. Y la amistad era la base del verdadero aprecio que notaba por el joven . Era un hombre dulce, inteligente, amable , con una personalidad robusta, fuerte, segura. No terminaba de entender por qué su mente deliraba sin su consentimiento imaginando momentos íntimos con un extraño.

Trató de calmarse mientras desayunaba. La sensación de infidelidad la acompañaba como un fantasma tenebroso. La llenaba de dudas, de inseguridades. No terminaba de explicar por qué siempre terminaba enrollándose en un historia amorosa con algún desconocido vía escritura. Sólo buscaba gente para dialogar, intercambiar opiniones y por más que decía que su vida estaba hecha, algún desconocido sutilmente bajaba sus murallas defensivas, ya que siempre dejaba claro que lo único que la inducía al mesenguer era la amistad sin derivar al coqueteo sexual . Y de nuevo alguien arruinaba sus barreras protectoras entrando desde el mundo imaginario al real. Enturbiaba su paz, su vida de pareja con sensaciones desagradables.

No quería historias con más hombres. Ni una sola que cambiara su realidad. Era feliz, había recuperado la calma, tenía de nuevo el amor de su novio Juan, así que no le apetecía involucrarse en historias amorosas con otros hombres.

Al acabar el desayuno, una desesperación la recorría y su fortaleza comenzaba a venirse abajo. Necesitaba quitarse esa inquietud así que llamó a su mejor amiga Daniela.

-No seas mema, es normal, cuando conoces alguien distinto solemos quedar seducidos por su personalidad, es nueva, nos introduce sensaciones, vivencias que nos incitan al deseo, mi consejo es que lo tomes como una anécdota curiosa y nada más.

-Quizás tengas razón, todo me parece un juego de mi mente. No debería excitarme ni pensar en extraños. Quizá me despertó un morbo por su liberalidad, forma de vivir completamente distinta a la mía.

-Mira Sara, ahora estás bien con tu novio, vive noches de placer con él, sácate tus fantasías, no son nocivas, todas las tenemos. Fue sólo un deseo, verás que se esfuma.

- De acuerdo, no me sentiré culpable no ocurrió nada salvo en mi mente.

Y al llegar la noche de nuevo se encontró con Ángel en el mesenguer. Le costó confesar lo que le había ocurrido, pero sintió alivio al notar que él no lo encontró extraño. Quizás era muy exagerada. ¿Quién no sueña alguna vez con alguien que le excita? Y al irse a la cama se dio cuenta de que nada le turbaba el sueño. Sólo fue un calentón de su mente, incitada por la novedad, la impresión y la fascinación que se siente ante un desconocido especial. De nuevo temblaba ¿desconocido? Tenía que creer que así fuera.

Pero buscaba respuestas, no era fácil impresionarla. Y de nuevo otra vez había sido cautivada . Daba igual el nombre del varón . Ella siempre idealizaba al hombre, a ese hombre que fue un oscuro secreto en su alma, un gran amor callado .

Nunca más dejaría que una fantasía destruyera su realidad. Las nubes se agolpaban en el cielo gris. Tenía que seguir aferrándose a tu realidad y ser feliz, ¡desaparece, sal de mi mente! Así lo alejaba lo veía desvanecerse, perder la fuerza que era la base de su poder. Aunque sabía que la tranquilidad nunca sería total, negar y seguir adelante era su única oportunidad.

Fin

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