Era la quinta reunión de vecinos a la que me tocaba asistir, mi madre solía enviarme siempre con la excusa de que era más lista y para eso pagaba mis estudios en la universidad. Intentando disimular mi rabia callaba ¿qué iba a hacer sino someterme? .
Ver las caras de los vecinos de siempre, analizar sus comportamientos sociales me divertía. Conocía todos sus defectos, todas sus conductas privadas y ver por ejemplo al fornicador de la pared de al lado que me despertaba con sus ruidos nocturo a escasos metros tan normal me causaba estupor. Cuando una es soltera y pasa estrecheces sexuales no hay nada que más fastidie que escuchar todas las noches crujir camas y suspiros.
Era peor saludar a la sra. Begoña que siempre me repetía lo guapa que estaba desde que adelgacé y me quité la prótesis dental, era como regresar a la adolescencia, pero aquella tarde algo era distinto, todos los vecinos estaban más amables y menos gruñones que otras veces. Al verlo en la mesa del Presidente lo comprendí todo. Era el nuevo propietario del sexto C. Un pintor excéntrico con un físico impresionante.
No sé si babeé o simplemente me sudaron las bragas del deseo que me suscitó su imagen de hombre apuesto. Mientras el Presidente lo presentaba yo sólo me fijaba en su paquete, en sus bellas manos y en sus labios. Me imaginaba en aquella mesa, desabrochando su pantalón y sacando su polla para hacerla crecer entre mis manos. Estaba en plena fantasía erótica cuando la octogenaria señora Martínez me sacó de mi sueño.
-Alejandra hija ayúdame a levantarme que no oigo na, quiero sentarme más cerca.
-Ahora no, están en plena charla.
-¡Ahora o te doy un pellizco que brincas!
Enrojecí de ira. Aquella puñetera anciana me conocía desde que era una niña y siempre me había utilizado más que a su bastón para ser el centro de atención. Le encantaba serlo aunque fueran dos minutos. Así que avergonzada y a apretando el labio como una estreñida crónica, me levanté para ayudarla a llegar a primera fila. Cuando la iba a dejar y regresar a mi sitio, ella me cogió por la blusa tirando de mí, no soltaba por más que intenté zafarme, así que para no dar más la nota callé y me senté a su lado.
El nuevo vecino estaba frente a mí. Yo ya no podía imaginar nada, me sentía descubierta y creo que notó mi perturbación sexual, ya que sonrió lascivamente. Sus ojos se detuvieron sólo en mí y a partir de entonces sus manos se situaron sobre su paquete estratégicamente , creo que quería que valorara su importancia, estaba presumiendo de un buen tamaño. Comencé a sudar, en vez de bajar mi libido, aquel atractivo vecino lo había encendido, necesitaba huir de allí, salir y aliviarme en casa, en ese momento un plátano, me valdría, mi mente pensaba en el punto de madurez, ojalá mi madre los tuviera enteros, si no me tocaría aliviarme con un simple rote de dedos sobre mi clítoris.. Porque si seguía frente a él mirando sobre su entrepierna, no podía asegurar que no acabara de rodillas sacando su polla del pantalón y lamiéndola en plena reunión de vecinos, para escándalo de la escalera.
-Lo siento, me encuentro mal he de salir- dije para poder argumentar una excusa ante mi estado anormal- Sudaba y casi jadeaba con los suspiros. Nunca un hombre me puso así.
-Te acompaño- respondió él cogiéndome de un brazo-
No me negué era demasiado, habría sexo. Salí caliente de la sala de reuniones vecinal en dirección al paraíso. Llegamos al ascensor y yo disimulando apreté la tecla de casa.
-¿Te apetece ver el desván?
-¿Te refieres al cuchitril del noveno?
-Si, el cuarto oscuro donde se guardan los útiles de limpieza, no tiene llave y hay una silla estupenda, la subí yo esta mañana.
-Habrá que ver esa silla.
-Te gustará. ¿Vives en ...con... ?
-Mis padres.
-¿Te llamas?
-Alejandra.
-Yo Manuel, encantado. Bonito nombre ,preciosos ojos verdes. Las mujeres con tu culo y ojos me pierden, si no te hubieras levantado con tu vecina te habrías salvado de pasar el momento más inolvidable de tu vida.
-Ja,ja,ja que humilde eh?
-Realista guapa, ya verás.
Llegamos al noveno, mi lengua babosa, tragaba continuamente para disimular las ganas de comérmelo entero, empezando por sus bajos, como me ponía aquel hombre .
Caballerosamente abrió la puerta para cederme el privilegio de salir primero. Después de todo debía este momento a mi vecina cotilla y pesada, cosas del destino que esta vez favorecía mi camino.
Al entrar en el cuartucho a ciegas, noté el olor a cerrado, pero decidida entré a oscuras. Manuel le dio al interruptor y una bombilla sucia que colgaba del techo se encendió. Era un cuarto ideado por el constructor para almacenar aquellos objetos que ya no usaban. Pero lo cierto es que no había ninguno, ya que no cabían. Medía dos metros por uno de ancho y apenas cabían los cubos de fregar y algún que otro utensilio de limpieza. Al sentarme en la silla extendí los brazos para tocar las pareces, el sito era de lo más acogedor, era como meterte en el cuarto de baño sin nada más que una silla. La luz le daba calor y el reducido tamaño un toque especial de intimidad.
Se lanzó sobre mí con naturalidad, sabía que no iba a ser rechazado, todo se pactó en silencio en los minutos en los ambos nos devoramos en la sala. Se sentó sobre mis piernas agarrándome por el cuello, noté la temperatura de su pene endurecido y me gustó aún más. El pantalón se le abultaba de manera exagerada, me debatía entre el temor y las ganas de encontrarme con un aparato especial. Así que le bajé con seguridad y ganas de descubrir su sorpresa la cremallera, mientras desabrochaba mi sostén.
-Es bonita-argumenté al verla-
Y potente, deberías probarla.
Sonreí irónica. Agaché mi cabeza y él se escurrió hacia mis rodillas para que llegara mejor. Le chupé con ganas y disfrutando de aquella flauta mágica. Durante mucho tiempo sin mirarlo, disfrutando hasta que no pudo contenerse más y noté sus espasmos y su semen derramarse en mi boca.
-Alejandra, esperaba sorprenderte pero tú me has pillado por sorpresa, eres buena de las mejores.-me confesó entrecortadamente reponiéndose del arrebatador orgasmo-
-¡Gracias!- respondí orgullosa- lamer aquella obra de arte había sido lo mejor que había hecho nunca, casi me había corrido del gusto que me provocó.
Manuel para satisfacerse me levantó y me subió la falda vaquera sin quitármela hasta la cintura, me quitó delicadamente mi tanga empapado . Me volvió a sentar y cogió mis piernas sobre sus hombros, de rodillas frente a mí se dedicó a excitarme aún más.
Su lengua recorrió todo mi sexo, sus dedos taladraron todos mis túneles secretos descubriendo el secreto y el orgasmo. Al principio tuve reparos, pero su voz me relajó disminuyendo mi vergüenza a ser explorada tan profundamente por un desconocido. Me hizo saltar de la silla y gritar varias veces. Pasó más de una hora provocándome orgasmos de diferentes maneras hasta que me preguntó si alguna vez había sido poseída de manera diferente.
-Explícate,¿qué es diferente?
-Desde atrás.
-Sí.
-Quiero que comprendas que atrás es otro agujero.
-No, no me va ese tipo de historias.
-Te irán yo soy un especialista en este tipo de sexo.
-No quiero que...
Pero él sin hacer caso a mis palabras había ya poseído con sus dedos mi agujero ciego. Ni había notado la preparación y se metió sin que yo supiera que ya estaba dentro. Me gustó sus embestidas, no podía negarlo.
-¿Jadeas o lo estoy imaginando Alejandra?
-Sí, sigue me gusta.
Y siguió, vamos que lo hizo. No sé lo que sucedió muy bien pero fue formidable. Aquel hombre sabía tocar y hacer vibrar todas mis fibras. Estuve en aquel cuarto oscuro durante horas disfrutando de un sexo sin límites con un potente amante. Ni en el mejor de mis sueños podía haberlo imaginado.
Descendimos a eso de media noche en el ascensor. Nos dimos un beso y no esperaba que él quisiera quedar más conmigo, arriba ,quemamos toda la pasión que dos extraños puedan darse. Me sorprendió cuando me pasó una tarjeta con su número de móvil.
-Quiero seguir viéndote, me has encantado.
-¿Seguro? Yo no soy una chica diez y...
-Tienes lo esencial un erotismo perfecto. Me gustas tal como eres y tu boca me pierde.
-Te llamaré -le solté para huir de enamorarme en el acto- y salí del ascensor.
Al entrar mi madre me preguntó donde había estado. Le dije que tuve que ir a urgencias y que tenía un dolor abdominal. La verdad es que mi zona erógena estaba enrojecida y muy lastimada de tanta marcha. Cada vez que me moviera en la cama esa noche recordaría cada momento vivido con Manuel. Esta noche mi vecino fornicador no taladraría mi mente con escenas imaginadas de lo que estaba ocurriendo al otro lado, recrearía las mías
Fin
Ver las caras de los vecinos de siempre, analizar sus comportamientos sociales me divertía. Conocía todos sus defectos, todas sus conductas privadas y ver por ejemplo al fornicador de la pared de al lado que me despertaba con sus ruidos nocturo a escasos metros tan normal me causaba estupor. Cuando una es soltera y pasa estrecheces sexuales no hay nada que más fastidie que escuchar todas las noches crujir camas y suspiros.
Era peor saludar a la sra. Begoña que siempre me repetía lo guapa que estaba desde que adelgacé y me quité la prótesis dental, era como regresar a la adolescencia, pero aquella tarde algo era distinto, todos los vecinos estaban más amables y menos gruñones que otras veces. Al verlo en la mesa del Presidente lo comprendí todo. Era el nuevo propietario del sexto C. Un pintor excéntrico con un físico impresionante.
No sé si babeé o simplemente me sudaron las bragas del deseo que me suscitó su imagen de hombre apuesto. Mientras el Presidente lo presentaba yo sólo me fijaba en su paquete, en sus bellas manos y en sus labios. Me imaginaba en aquella mesa, desabrochando su pantalón y sacando su polla para hacerla crecer entre mis manos. Estaba en plena fantasía erótica cuando la octogenaria señora Martínez me sacó de mi sueño.
-Alejandra hija ayúdame a levantarme que no oigo na, quiero sentarme más cerca.
-Ahora no, están en plena charla.
-¡Ahora o te doy un pellizco que brincas!
Enrojecí de ira. Aquella puñetera anciana me conocía desde que era una niña y siempre me había utilizado más que a su bastón para ser el centro de atención. Le encantaba serlo aunque fueran dos minutos. Así que avergonzada y a apretando el labio como una estreñida crónica, me levanté para ayudarla a llegar a primera fila. Cuando la iba a dejar y regresar a mi sitio, ella me cogió por la blusa tirando de mí, no soltaba por más que intenté zafarme, así que para no dar más la nota callé y me senté a su lado.
El nuevo vecino estaba frente a mí. Yo ya no podía imaginar nada, me sentía descubierta y creo que notó mi perturbación sexual, ya que sonrió lascivamente. Sus ojos se detuvieron sólo en mí y a partir de entonces sus manos se situaron sobre su paquete estratégicamente , creo que quería que valorara su importancia, estaba presumiendo de un buen tamaño. Comencé a sudar, en vez de bajar mi libido, aquel atractivo vecino lo había encendido, necesitaba huir de allí, salir y aliviarme en casa, en ese momento un plátano, me valdría, mi mente pensaba en el punto de madurez, ojalá mi madre los tuviera enteros, si no me tocaría aliviarme con un simple rote de dedos sobre mi clítoris.. Porque si seguía frente a él mirando sobre su entrepierna, no podía asegurar que no acabara de rodillas sacando su polla del pantalón y lamiéndola en plena reunión de vecinos, para escándalo de la escalera.
-Lo siento, me encuentro mal he de salir- dije para poder argumentar una excusa ante mi estado anormal- Sudaba y casi jadeaba con los suspiros. Nunca un hombre me puso así.
-Te acompaño- respondió él cogiéndome de un brazo-
No me negué era demasiado, habría sexo. Salí caliente de la sala de reuniones vecinal en dirección al paraíso. Llegamos al ascensor y yo disimulando apreté la tecla de casa.
-¿Te apetece ver el desván?
-¿Te refieres al cuchitril del noveno?
-Si, el cuarto oscuro donde se guardan los útiles de limpieza, no tiene llave y hay una silla estupenda, la subí yo esta mañana.
-Habrá que ver esa silla.
-Te gustará. ¿Vives en ...con... ?
-Mis padres.
-¿Te llamas?
-Alejandra.
-Yo Manuel, encantado. Bonito nombre ,preciosos ojos verdes. Las mujeres con tu culo y ojos me pierden, si no te hubieras levantado con tu vecina te habrías salvado de pasar el momento más inolvidable de tu vida.
-Ja,ja,ja que humilde eh?
-Realista guapa, ya verás.
Llegamos al noveno, mi lengua babosa, tragaba continuamente para disimular las ganas de comérmelo entero, empezando por sus bajos, como me ponía aquel hombre .
Caballerosamente abrió la puerta para cederme el privilegio de salir primero. Después de todo debía este momento a mi vecina cotilla y pesada, cosas del destino que esta vez favorecía mi camino.
Al entrar en el cuartucho a ciegas, noté el olor a cerrado, pero decidida entré a oscuras. Manuel le dio al interruptor y una bombilla sucia que colgaba del techo se encendió. Era un cuarto ideado por el constructor para almacenar aquellos objetos que ya no usaban. Pero lo cierto es que no había ninguno, ya que no cabían. Medía dos metros por uno de ancho y apenas cabían los cubos de fregar y algún que otro utensilio de limpieza. Al sentarme en la silla extendí los brazos para tocar las pareces, el sito era de lo más acogedor, era como meterte en el cuarto de baño sin nada más que una silla. La luz le daba calor y el reducido tamaño un toque especial de intimidad.
Se lanzó sobre mí con naturalidad, sabía que no iba a ser rechazado, todo se pactó en silencio en los minutos en los ambos nos devoramos en la sala. Se sentó sobre mis piernas agarrándome por el cuello, noté la temperatura de su pene endurecido y me gustó aún más. El pantalón se le abultaba de manera exagerada, me debatía entre el temor y las ganas de encontrarme con un aparato especial. Así que le bajé con seguridad y ganas de descubrir su sorpresa la cremallera, mientras desabrochaba mi sostén.
-Es bonita-argumenté al verla-
Y potente, deberías probarla.
Sonreí irónica. Agaché mi cabeza y él se escurrió hacia mis rodillas para que llegara mejor. Le chupé con ganas y disfrutando de aquella flauta mágica. Durante mucho tiempo sin mirarlo, disfrutando hasta que no pudo contenerse más y noté sus espasmos y su semen derramarse en mi boca.
-Alejandra, esperaba sorprenderte pero tú me has pillado por sorpresa, eres buena de las mejores.-me confesó entrecortadamente reponiéndose del arrebatador orgasmo-
-¡Gracias!- respondí orgullosa- lamer aquella obra de arte había sido lo mejor que había hecho nunca, casi me había corrido del gusto que me provocó.
Manuel para satisfacerse me levantó y me subió la falda vaquera sin quitármela hasta la cintura, me quitó delicadamente mi tanga empapado . Me volvió a sentar y cogió mis piernas sobre sus hombros, de rodillas frente a mí se dedicó a excitarme aún más.
Su lengua recorrió todo mi sexo, sus dedos taladraron todos mis túneles secretos descubriendo el secreto y el orgasmo. Al principio tuve reparos, pero su voz me relajó disminuyendo mi vergüenza a ser explorada tan profundamente por un desconocido. Me hizo saltar de la silla y gritar varias veces. Pasó más de una hora provocándome orgasmos de diferentes maneras hasta que me preguntó si alguna vez había sido poseída de manera diferente.
-Explícate,¿qué es diferente?
-Desde atrás.
-Sí.
-Quiero que comprendas que atrás es otro agujero.
-No, no me va ese tipo de historias.
-Te irán yo soy un especialista en este tipo de sexo.
-No quiero que...
Pero él sin hacer caso a mis palabras había ya poseído con sus dedos mi agujero ciego. Ni había notado la preparación y se metió sin que yo supiera que ya estaba dentro. Me gustó sus embestidas, no podía negarlo.
-¿Jadeas o lo estoy imaginando Alejandra?
-Sí, sigue me gusta.
Y siguió, vamos que lo hizo. No sé lo que sucedió muy bien pero fue formidable. Aquel hombre sabía tocar y hacer vibrar todas mis fibras. Estuve en aquel cuarto oscuro durante horas disfrutando de un sexo sin límites con un potente amante. Ni en el mejor de mis sueños podía haberlo imaginado.
Descendimos a eso de media noche en el ascensor. Nos dimos un beso y no esperaba que él quisiera quedar más conmigo, arriba ,quemamos toda la pasión que dos extraños puedan darse. Me sorprendió cuando me pasó una tarjeta con su número de móvil.
-Quiero seguir viéndote, me has encantado.
-¿Seguro? Yo no soy una chica diez y...
-Tienes lo esencial un erotismo perfecto. Me gustas tal como eres y tu boca me pierde.
-Te llamaré -le solté para huir de enamorarme en el acto- y salí del ascensor.
Al entrar mi madre me preguntó donde había estado. Le dije que tuve que ir a urgencias y que tenía un dolor abdominal. La verdad es que mi zona erógena estaba enrojecida y muy lastimada de tanta marcha. Cada vez que me moviera en la cama esa noche recordaría cada momento vivido con Manuel. Esta noche mi vecino fornicador no taladraría mi mente con escenas imaginadas de lo que estaba ocurriendo al otro lado, recrearía las mías
Fin
2 comentarios:
Querida Maite.
El relato es muy bueno.
Como se me antoja ser el protagonista.
Guapetón fijo que sí que se te antoja.
ajajajajajaj...
Espero que del próximo también, besos hermano.
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