A
PEDRO CLEMENTE DEL BLANCO GARCIA
Ahora
que nada impide que el recuerdo salga a flote, lo rescato de la
botella navegante en el mar secreto de una infancia plagada de
recuerdos interrogantes. Fui niña alegre que revoloteaba cual
mariposa feliz, antes de tu partida sin saber a dónde, qué dolorosa
separación sin despedida amado padre¿Te llevó el viento consigo,
el abandono del desamor o la muerte?
No
importan las heridas recibidas durante más de veinte años de
castigo, por mi fidelidad a la verdadera sangre de mis venas. Ya no
hay motivo para no ser y me atrevo a aferrarme a este amor loco,
congoja del corazón por ser una breve letra plagada misterios.
Llevo esta defensa en solitario por el infinito amor y gratitud que
siento hacia ti, Nada de lo que puedan hacerme en esta vida superará
al dolor que debiste sentir. Ojalá no fuera solitaria mujer que
aprendió a verter sus lágrimas secas sin consuelo.
No
queda nadie que pueda y quiera confesar en voz alta la traición a tu
nombre, son asuntos que no deben resolver. Sabías entonces que tu
destino no sería el nuestro, condenado a desaparecer mientras el
reloj del conocimiento luchaba en tu contra, aceptaste la regla que
te dejaba en el banquillo del vacío legal, cual vagabundo sin rumbo
por amor, protegiste a tus hijas en la decente mentira, sin saberlo
esa cobardía me condenó a ser una persona que lucha cada día por
no ser más triste que la lluvia. A veces siento envidia del agua que
dejo correr unos segundos o minutos no sé, para sentir el fluir
claro y cristalino de algo tan puro y verdadero. No tengo el valor de
ser frágil, hasta que estallo cual tormenta inesperada en torrente
de lágrimas. Anclada al dolor me hice fuerte tanto que araño mis
heridas sin aceptar la compasión ajena, así el dolor me rompa en
mil pedazos.
Pero
te perdono, un hombre enamorado no sabe defenderse. Conectaré en voz
alta mi alma a la tuya soy tu reflejo. Te amé, te amo y te amaré
en el tiempo cristalino que debo vivir.
No voy
a llorar por lo que no cuenta, esta luz debe brillar ahora. Me
inundaré recordando tu bondad, el sentir tus dulces manos grandes
cercanas a las mías, el halo de tu protección infinita, tu
paciencia y dulzura.
Tratan
de ocultar la huella de tus sandalias, tu pelo rizado, el paquete de
celtas... Corría libre por la arena de la playa mientras esperabas
que me sumergiera en las aguas del mar enérgico y vibrante bajo el
sol del despertar de un nuevo día.
Debiste
llevarme contigo para salvar mi corazón del silencio. A veces me
confunde la otra mitad que trato de evitar como al demonio más
temible. La muerte no me asusta porque allí te buscaré, he de
encontrarte para acariciar tus manos, besar tu cara y recibir el
abrazo de frente a la verdad.
A mi
adorado padre, verdadero en mi corazón por siempre estarás.
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