lunes, 4 de julio de 2016

A Pedro Clemente del Blanco Garcia

A PEDRO CLEMENTE DEL BLANCO GARCIA


Ahora que nada impide que el recuerdo salga a flote, lo rescato de la botella navegante en el mar secreto de una infancia plagada de recuerdos interrogantes. Fui niña alegre que revoloteaba cual mariposa feliz, antes de tu partida sin saber a dónde, qué dolorosa separación sin despedida amado padre¿Te llevó el viento consigo, el abandono del desamor o la muerte?

No importan las heridas recibidas durante más de veinte años de castigo, por mi fidelidad a la verdadera sangre de mis venas. Ya no hay motivo para no ser y me atrevo a aferrarme a este amor loco, congoja del corazón por ser una breve letra plagada misterios. Llevo esta defensa en solitario por el infinito amor y gratitud que siento hacia ti, Nada de lo que puedan hacerme en esta vida superará al dolor que debiste sentir. Ojalá no fuera solitaria mujer que aprendió a verter sus lágrimas secas sin consuelo.

No queda nadie que pueda y quiera confesar en voz alta la traición a tu nombre, son asuntos que no deben resolver. Sabías entonces que tu destino no sería el nuestro, condenado a desaparecer mientras el reloj del conocimiento luchaba en tu contra, aceptaste la regla que te dejaba en el banquillo del vacío legal, cual vagabundo sin rumbo por amor, protegiste a tus hijas en la decente mentira, sin saberlo esa cobardía me condenó a ser una persona que lucha cada día por no ser más triste que la lluvia. A veces siento envidia del agua que dejo correr unos segundos o minutos no sé, para sentir el fluir claro y cristalino de algo tan puro y verdadero. No tengo el valor de ser frágil, hasta que estallo cual tormenta inesperada en torrente de lágrimas. Anclada al dolor me hice fuerte tanto que araño mis heridas sin aceptar la compasión ajena, así el dolor me rompa en mil pedazos.

Pero te perdono, un hombre enamorado no sabe defenderse. Conectaré en voz alta mi alma a la tuya soy tu reflejo. Te amé, te amo y te amaré en el tiempo cristalino que debo vivir.

No voy a llorar por lo que no cuenta, esta luz debe brillar ahora. Me inundaré recordando tu bondad, el sentir tus dulces manos grandes cercanas a las mías, el halo de tu protección infinita, tu paciencia y dulzura.

Tratan de ocultar la huella de tus sandalias, tu pelo rizado, el paquete de celtas... Corría libre por la arena de la playa mientras esperabas que me sumergiera en las aguas del mar enérgico y vibrante bajo el sol del despertar de un nuevo día.

Debiste llevarme contigo para salvar mi corazón del silencio. A veces me confunde la otra mitad que trato de evitar como al demonio más temible. La muerte no me asusta porque allí te buscaré, he de encontrarte para acariciar tus manos, besar tu cara y recibir el abrazo de frente a la verdad.


A mi adorado padre, verdadero en mi corazón por siempre estarás.

No hay comentarios: