domingo, 3 de agosto de 2008

El amanecer de los instintos



Jacinta estaba muy agitada, apenas era capaz de escuchar a Leopoldo su profesor de matemáticas dar las explicaciones. Al fin el chico que le gustaba Romeo le había dicho si le apetecía ir a la biblioteca alguna tarde. Fue en el pasillo, antes de entrar en clase, se lo dijo inquieto, titubeando por si ella le decía que no, aunque en su fuero interno presentía que ella estaba interesada en él. Los cruces de miradas así como las sonrisas, le aseguraban que sí, pero necesitaba que ella también tuviera ganas de conocerle, así que esa mañana lleno de valor la abordó en el pasillo antes de entrar en clase.

-Hola, buenos días ¿Te llamas Jacinta verdad? Mmmmm...Mira he pensado que quizás podríamos ir juntos a estudiar a la biblioteca del barrio alguna tarde, si te parece bien. Ejem... me llamo Romeo.

Jacinta estaba cerrando su taquilla cuando fue sorprendida por el chico que llevaba tiempo observando. Lo miró un instante, sonrió al fin se cumplía su sueño.

-Claro que sí ,te doy mi móvil y quedamos cualquier tarde.

No tardaron mucho tiempo en llamarse para quedar. Romeo tenía 17 años, estaba en el último curso de bachiller, era un estudiante medio, con grandes ideas y una afición por el dibujo y la música heavy. Físicamente aparentaba más edad , era alto 1’85, su afición a la natación lo había estructurado con un cuerpo perfecto, ojos almendrados observadores de color verde, pelo moreno y una boca grande de labios carnosos y dientes blancos bien cuidados. Era muy popular entre sus amigos, hablaba lo justo pero con mucha inteligencia, simpático y muy recto. No bebía, ni fumaba. Su madre siempre le repetía “Romeo no abras las puertas que te pueden llevar al abismo” no es necesario conocerlo todo, sólo lo justo y necesario.

Y como él era muy devoto de los consejos maternos, nunca probó drogas, ni se apunto a los botellones, se divertía con su música, sus deportes y su grupo de amigos saliendo al cine en busca de chicas. Estaban despertando al instinto básico de relacionarse con ellas, pensaban un noventa por ciento de su tiempo libre en sexo, mujeres y forma de conquistarlas. Amén de la cantidad de masturbaciones que afirmaban hacerse al día, hasta competían a ver quién era capaz de realizarlas de seguido.

Solían hacerlas en grupo, en casa de alguno viendo alguna película porno. Era un espectáculo casi de risa, ver tantos jóvenes fogosos liberarse de su libido en soledad , acompañados de fantasías sexuales visuales.

Jacinta era de la misma edad. Estaba en el mismo curso que él pero en distinto grupo. Era alta 1’70, de pelo negro largo, bonitos ojos negros y algo entrada en carnes. Era muy reservada, algo tímida, tenía pocas amigas ya que era muy conservadora y sus infinitos complejos la alejaban de seguir la moda. No iba a la playa y odiaba sus michelines. Siempre vestía vaqueros apretados, ropa negra que la favorecía poco. Por eso cuando Romeo la invitó a salir, no pudo casi creérselo.

A las pocas semanas de acudir a la biblioteca, una tarde de regreso a casa Romeo le dio un beso intenso . Tocó sus pechos por encima de la camiseta. Ella no dijo nada, sin lugar a dudas le gustaba aquello. Al terminar, Romeo le preguntó si quería salir con él. Ella asintió algo avergonzada, pero aquel beso le había gustado tanto que sus bragas estaban húmedas.

Los meses fueron pasando. Los besos sucedieron a los roces por encima de la ropa. Todavía no había conseguido verla semi desnuda, ella nunca quería ir a la playa, él sabía que era porque se sentía muy insegura, así que no la forzó. Sabía que era bella a pesar de sus kilos de más, su piel era suave, su aroma limpio, la deseaba.

Romeo comenzó a cavilar la forma de hacerla el amor. Era joven e inexperto. No quería que ella recordara esa primera vez como algo dramático como había escuchado que solía suceder por la falta de tacto y la prisas .Las películas porno que había visto no servían de ayuda, salvo para saber por donde había que meterla. Quería proponerle una práctica sexual completa a Jacinta pero no se atrevía, por miedo al fracaso.

Romeo necesitaba contar con la ayuda de alguien experto . Preguntó a sus amigos, pero no sacó nada en claro, estaban igual de verdes que él . En su mismo bloque, dos pisos más abajo que el suyo vivía una mujer de unos 35 años, muy atractiva que era criticada porque según las vecinas del inmueble era algo libertina y recibía muchos hombres en su casa.

Superó su pudor, le costaba iniciar una conversación con aquella señora, pero necesitaba aprender. Así un día la esperó y al verla entrar en el portal subió junto a ella en el ascensor.

-Hola, buenas tardes me llamo Romeo y vivo en el quinto. Quería decirle que si alguna vez necesita algo de mí, soy muy manitas, puedo arreglarle lo que quiera.

Su ofrecimiento sonó tan precipitado e intencionado que Carmen, que así se llamaba la mujer que vivía en el tercero, no pudo menos que soltar una carcajada. Le cayó bien el muchacho, se quedó pensativa un segundo y ideó un plan .

-Hola, buenas tardes Romeo yo me llamo Carmen. Ahora que lo dices, tengo un equipo de música que ha dejado de funcionar justo esta mañana. ¿Quieres pasar un segundo y echarle un vistazo?

-Claro, faltaría más, además en electrónica soy muy bueno. Espero arreglárselo Carmen.

El ascensor se detuvo en el tercero. Salieron juntos hacia el piso de Carmen. Al entrar ella lo condujo a la sala de estar indicándole el lugar donde se hallaba el equipo. Mientras él comenzó a investigar la posible causa de la avería, ella se dirigió a su habitación. El chico está muy bien, pensó, que suerte la mía es guapísimo, como me excita, seguro que no ha hecho el amor nunca. Me pondré el picardías rosa de tul y el tanga de puntilla a juego, lo pasearemos bien.

-¿Bueno Romeo has conseguido dar con el problema? Le preguntó Carmen desde el rellano de la puerta, descalza y vestida como una diosa erótica.

Era una mujer bellísima, ojos negros, metro sesenta y cinco, cuerpo perfecto, moreno, pubis semi depilado y voluptuosos pechos, de caderas anchas.

Romeo se giró para devolverle una respuesta afirmativa sonriente. Se quedó serio. Estaba desnuda, casi. Quiso marcharse. Pero estaba notando que su pene estaba excitándose dentro del pantalón. Regresó con su mirada cortado hacia el aparato de música. Ella soltó una carcajada, su sexo comenzó a lubricar, esa situación de vergüenza primeriza, la excitó.

Se fue acercando por detrás hacia él, caminaba de forma sinuosa, como gatita juguetona al llegar a su altura lo abrazó por la cintura bajando sus manos hacia su parte erógena. Estaba a punto, notó su pene semi duro. Sin lugar a dudas, la deseaba. Lo acarició por encima del pantalón, le hizo girarse y cuando lo tuvo frente a frente, bajó su cremallera sacando el pene endurecido, él estaba como una estatua, casi blanco y comenzó a agitarlo entre sus manos. Luego se puso de rodillas frente a él y se lo introdujo en la boca, besándolo y chupándolo mientras lo miraba directamente a los ojos.

-Bien Romeo ¿ te apetece tener su primera vez conmigo? Le preguntó sin más preámbulos, muy excitada por las reacciones contradictorias que estaba sintiendo aquel hermoso joven principiante.

Yo...eh, mire Carmen yo venía con la intención de que enseñara un poco sobre sexo. Tengo novia y quiero hacer el amor con ella, pero es muy tímida y quiero que lo pasemos bien. ¿Podría enseñarme a hacer el amor por primera vez a una mujer?- Se atrevió al fin a balbucear él, apartándola de su falo y guardándolo dentro del boxer delicadamente.

Carmen se incorporó bastante furiosa. Nadie se había resistido a sus encantos. Y viene ahora el púber y la desprecia. Se giró dándole la espalda para esconder su rostro enervado. Tenía que relajarse. Al fin y al cabo no era tan malo lo que el chico pretendía, el amor lo había atrapado, no era cuestión de que ella no lo excitara lo sufriente, era algo más sublime, era que el chico deseaba tener su primera vez con la chica que lo había enamorado. Titubeó, pensó un rato, mientras caminaba por la habitación. No estaba tan mal compartir lo que sabía, además aún recordaba al bestia que la desvirgó, sólo por ese mal recuerdo valía la pena enseñar al chico.

-Abróchate el pantalón y súbete la cremallera. Voy a ponerme algo y enseguida vuelvo. Tomaremos un café, al menos yo, para ti traeré un baso de leche.

Al momento regresó con otro atuendo más decente, un chándal de licra rosa que marcaba su estupenda figura. Portaba una bandeja con un café y la leche para Romeo. Se sentaron frente a frente en la mesa , observándose mutuamente en silencio. La tensión se había esfumado. Al fin Carmen rompió el silencio para indagar sobre lo que necesitaba aprender sobre sexo.

-Ejemmm...bueno...mmm..., no sé como explicártelo. He leído que las mujeres sufren mucho durante su primera vez y que si no sabemos excitarlas no sienten placer.

-Exacto. La mayoría de los hombres no sois tan listos. Ja,ja,ja...rió sarcásticamente y aprendéis lo que hay que tocar demasiado tarde, cuando vuestra chica está cansada de que le hagáis daño. Por eso suelen salir con chicos mayores más expertos.-Respondió sarcásticamente Carmen, sabía lo que decía por por propia experiencia-

-¿Cómo se hace para que las chicas disfruten? ¿Cómo se toca dime? Preguntó algo nervioso y tímido Romeo.

-Primero debes saber como funciona una mujer. Se bajó el pantalón, su tanga y abriendo las piernas bien dejó ver a Romeo su sexo. Esto de aquí se llama clítoris, es la parte que excita a una mujer y la lleva al orgasmo. Hay que aprender a mimarlo, chuparlo y encenderlo. Luego abriendo sus labios le mostró la abertura vaginal. Esta rajita es por donde hay que meter su pene, cuando la mujer esté excitada y lubrique, para que disfrute igual que tú.

Romeo comenzó a sudar. Por hoy había sido suficiente. Se levantó bruscamente de la silla y entrecortadamente dijo un adiós tropezando con todo lo que se hallaba a su paso camino de la salida. Al cerrar la puerta todavía tuvo tiempo de escuchar las carcajadas de Carmen, que no paraba de reír.

-Joder, como se ríe de mí. Debo haberle parecido idiota o algo así.

Pero se equivocaba, a Carmen le causó una impresión muy tierna. La llenó de orgullo que un chico tan joven confiara en sus consejos y experiencia para acometer sus primeros pasos en el sexo.. Era tan inocente y estaba tan enamorado que ella misma comprendía los sentimientos de esos años primerizos, llenos de dudas y vacilaciones. Estaba decidida a ayudarlo.

Durante las siguientes semanas él acudió a su casa. Mientras tomaban un aperitivo de media tarde ella le daba clases preliminares sobre que zonas debía tocar y mimar, incluso le enseñaba como rotar la lengua o usar las manos de forma imaginaria.

-Bien Romeo ya sabes más de que muchos hombres con más experiencia y años saben. Estás preparado para darle a tu chica una sesión de amor perfecta, sólo te pido que la hagas disfrutar y vuelvas aquí a contármelo y tomarte un café de vez en cuando- dicho esto se levantó y abrazó al chico con mucha ternura, estaba medio enamorada de su sensualidad y simpleza.

-Claro Carmen, me caes fenomenal, me has enseñado mucho. Espero ser un buen amante siguiendo tus consejos. Volveré para contártelo. Y por primera vez, la besó en los labios, en agradecimiento a todo lo que había hecho por él.

Romeo se lo pidió a Jacinta una tarde después de salir del cine. Estaba alterado, le sudaban las manos, pero necesitaba proponerle ese encuentro carnal, los besos y caricias eran insuficientes para el ardor que sentía.

-Jacinta llevamos casi un año juntos. Ambos somos mayores de edad. Estamos ya en la universidad y no quiero distanciarme de ti, vamos a facultades distintas. Necesito hacer el amor contigo ya. -Le comunicó a manera de conclusión final, directo y seguro de lo que decía

-Me lo llevas pidiendo insistentemente desde las últimas semanas. Ya sabes que me siento muy insegura, mis kilitos de más no ayudan, pero yo también tengo ganas, cuando nos acariciamos, llego a casa y tengo mis bragas empapadas de un líquido blanquecino y mi sexo no me deja ni dormir, no sé que habrá que tocar por ahí abajo para poder descansar tranquila, así que hagámoslo. -dicho esto se acercó para darle un beso intenso y profundo a Romeo.


Lo acordaron para el sábado. Los padres de Romeo estarían fuera hasta avanzada la madrugada, se iban de baile y cena con unos amigos.

Jacinta llegó a las seis, él estaba ya solo en casa. Le abrió la puerta recién duchado, olía a champú y gel con algo de colonia. Llevaba un pantalón corto y una camiseta de tirantes, con zapatillas de andar por casa. Todavía su pelo estaba mojado. Ella llevaba un vestido blanco de punto calado que dejaba imaginar su ropa interior. Un conjunto de tul blanco apuntillado. Romeo se fijó en que era un tanga su parte interior de abajo, ya que se le transparentaba a través del vestido, le gustó muchísimo.

Fueron hacia el salón y se sentaron a ver una película romántica. Mientras ella se ponía cómoda y se quitaba los zapatos el fue a la cocina a por una coca-cola y aperitivos. Vieron la película muy acaramelados, besos, apretones y muchas caricias durante la hora y media que duró la cinta.

-Voy a mi cuarto a poner algo de música, o mejor vente que allí estamos mejor- le prepuso cariñosamente Romeo mientras se levantaba del sillón cogiéndola por la mano-

Ella asintió y lo siguió muy ilusionada hasta la habitación. Romeo puso una música muy romántica de Luis Miguel. Bailaban juntos una melodía lenta, se acariciaban y besaban lentamente. Le la fue conduciendo hacia la cama, la empujó suavemente y al tumbarse ella se situó encima, de forma dominante prosiguió rozándola mientras con sus manos sin que ella apenas lo notara, le fue subiendo el vestido poco a poco, hasta que acabó deteniéndose a la altura de los pechos.

-Fuera el vestido, hace mucho calor Jacienta- le ordenó mirándola a los ojos.

Ella no se resistió, estaba en una nube flotando en un cielo de sensibilidad, ya no le importaba que la viera desnuda. Recibiendo unos estímulos sublimes. La ayudó a desvestirse sacando el vestido por la cabeza.

Al verla en ropa interior, su pene se convulsió dentro del pantalón, estaba estupenda, senos redondos de tamaño mediano, turgentes, sabrosos y un sexo muy abultado por su bello negro. Todo eso veía a través de su ropa interior que embellecía sus formas femeninas dejando verlas.

- ¡Qué bonita eres Jacinta! Estaba sentado sobre sus rodillas en el hueco que dejaba ella entre sus piernas, observándola deseando devorarla lentamente. Al acercarse Romeo para besarla, ella notó entre sus piernas el miembro viril endurecido, no dijo nada pero estaba asustada, todo iba muy deprisa.

Él presintió ese miedo y no quiso quitarse nada de momento. Lo haría a su debido tiempo, cuando ella no tuviera ya esa sensación de pánico y estuviera preparada para recibirlo.

Romeo le desabrochó el sujetador, al quitárselo ella intentó taparse con las manos, una vergüenza pueril, un acto reflejo ante el temor de no gustar, pero él las apartó besándoselas tiernamente. Al tener frente así sus pechos hermosos, los masajeó lamiéndolos lentamente uno a uno por un breve espacio de tiempo.

-¿Te gusta lo que te hago ? Dijo Romeo de repente...

-Sí, estoy sintiendo cosas inexplicables. Sigue cariño-respondió ella sin darse cuenta de que su sexo estaba lubricando por el placer que sentía-

Romeo fue bajando mientras chupaba sus senos con sus manos hacia el pubis. Notó la humedad, no dijo nada, todo iba bien Al quitarle las bragas las olió, era la primera vez que aspiraba el olor de sexo femenino, las miró estaban empapadas .de un líquido transparente viscoso Buena señal se dijo para sí mismo, está disfrutando. Y siguió besando su cuerpo y bajando con su lengua, recorriendo cada trozo. Cuando su cabeza llegó al ombligo se detuvo.

-Abre tus piernas y quiero que se relajes, esto te va a gustar- le insinuó con una voz aterciopelada. Lo tenía muy velludo, imposible distinguir nada. Fue hacia el baño y regresó con una zafita y su cuchilla de afeitar.

-Tranquila, voy a depilarte, será mejor y disfrutaremos mucho más. No te va a doler. -Le informó Romeo para que no tuviera miedo por lo que iba a realizar.

La fue depilando cuidadosamente. Hasta que su pelo púbico hubo desaparecido por completo.

-Ahora estás perfecta para comenzar, amor. Es precioso tu pubis. Cogió un espejo rectangular del tamaño de media cuartilla que tenía en el cajón, lo compró expresamente para esto y buscó la posición perfecta para que ella pudiera ver a través del mismo como era su zona púbica.

-Mira Jacinta, este es el clítoris , tu órgano sexual, estos tus labios y ésta la entrada de la vagina por donde los hombres nos metemos. No temas, ya sé que el tamaño te asusta, pero voy a hacerte el amor de una forma que no vas a sentir ningún dolor. Tu cuerpo se abrirá como una flor poco a poco y cederá ante mí.

Ella afirmó complacida, se estaba relajando muchísimo. Confiaba plenamente en él.

Dicho esto dejó el espejo sobre la mesilla y se lanzó de nuevo encima de ella, besándola y mirándola muy seguro a los ojos, casi hipnotizándola para que le obedeciera en todo.

De nuevo le pidió que abriera las piernas. Las piernas las tenía semi flexionadas. Comenzó besándole las rodillas y acariciando la parte interna de sus muslos, muy despacio sin prisas fue alcanzando la cima. Cuando la lengua llegó al sexo, abrió su raja y buscó el clítoris , sacó su lengua al máximo para hacerla rotar sobre el. r, Jacinta sudaba y se movía como si los demonios la hubieran poseído. Sus piernas se agitaban su vientre subía y bajaba, jadeaba y decía que no parara. A pesar de no ser experto Romeo siguió los consejos de Carmen al pie de la letra y estaban dando resultados.

Continuó pasando su lengua, chupando su helado clitoriano mientras dos de sus dedos se introducían en su vagina que lubricaba como un río caudaloso. Los movía lentamente, cuando ella comenzó a mover sus caderas de forma rítmica fue cuando lo comenzó a hacer rápidamente, siguiendo las indicaciones de Carmen .

Jacinta tuvo su primer orgasmo . Romeo lo saboreó en su boca, estaba aprendiendo a descubrir el placer femenino, puso de nuevo sus dedos en la vagina, sintió los espasmos que siguen al orgasmo. Tal como le había dicho Carmen.

-Voy un momento a mear- le dijo a Jacinta, dándole unos segundos de intimidad para que recobrarse la calma. Una vez allí se despojó de toda la ropa, su pene estaba preparado sin haber tenido que acariciarlo. Hacerle sexo oral a Jacinta le había provocado el doble de placer a él mismo. Cogió el frasco de lubricante incoloro que había comprado. Lo necesitaría, ella estaba muy excitada pero al sentir los primeros empujes sin lugar a duda dejaría de hacerlo. Regresó a la habitación, ella seguía tumbada en la cama en la misma posición. Al verlo desnudo no quiso mirar, desvió la mirada. Él se lo esperaba, no dijo nada.

-Jacinta voy a lubricar tu sexo para que no te duela nada. Ha llegado el momento.

-De acuerdo, Romeo estoy preparada, no voy a ponerme nerviosa, lo prometo.

Pero Romeo pensó que no hacía falta, era incapaz de hacerla abrir más las piernas, estaba tensa, sin duda tenía miedo. La volvió a besar para hacerla olvidar lo que iba a suceder, mientras con sus manos extendía el lubricante por su sexo. Primero le metió los dedos repitiendo los movimientos que antes había realizado. Ella comenzó a jadear de placer. Ahora o nunca se dijo. Posicionó su miembro erecto sobre la abertura vaginal y empujó. Que duro estaba aquello, le iba a costar.

Al sentir los primeros dolores Jacinta quiso cerrar las piernas. Él la contuvo. Has disfrutado ahora me toca a mí. Ella lo miró con odio. La estaba partiendo, lentamente mientras la sujetaba las piernas su pene ganaba la batalla y se adentraba un centímetro más Cuando dolía, la estaba rompiendo, cerró los ojos y gritó mordiéndose la lengua. Mientras Romeo entraba lentamente, poco a poco, para espaciar cada centímetro de dolor conquistado. Sentía que su pene estaba aprisionado, pero aguantaba. No quería que ella sufriera. Debía contener su deseo y hacerlo lentamente.

Tardó más de diez minutos en meter todo su miembro, rompiendo al fin su himen. Jacinta, durante la penetración sufría muchísimo le preguntaba cada minuto si aquello terminaba ya, no podía soportarlo. El la volvió a besar con pasión.

-Aguanta amor mío ya casi está toda dentro. Ya... En el último empuje había conseguido que la barrera protectora cediera a sus empujes Ya ha pasado lo peor.Ahora es cuando tengo que moverme, relájate que te va a gustar. Ya estoy dentro, ya no te va a doler. -Le dijo Romeo orgulloso de su autocontrol y éxito -

Se movía como Carmen le había recomendado. Movimientos suaves, circulares y sacando un poco el miembro y volviéndolo a meter. A los pocos minutos pudo observar que Jacinta jadeaba de nuevo. No podía creerlo. Ya no lloriqueaba, estaba sintiendo placer.

Prosiguió cabalgándola cada vez más seguro sintiendo la humedad y la cavidad que albergaba su miembro más preciado. El placer era indescriptible. Estaba sudando y deseando que aquello no acabara nunca. Ella volvió a tener un orgasmo, sintió como la vagina se contraía y los espasmos estimulaban aún más su pene. No pudo aguantar más y se corrió. Por suerte, había utilizado un condón para evitar embarazos.

Cayó exhausto al lado de ella. Al recuperarse en apenas dos minutos regresó al cuarto de baño para asearse. Se quitó el condón algo ensangrentado, su pene también le escocia un poco. Al sacar el látex vio que también había unas gotas de sangre mezcladas con su semen. Él también se había desvirgado.

Se miró al espejo, ya era un hombre. Aquello del sexo era estupendo. A partir de aquel momento sería para él , la necesidad diaria por alcanzar. Nada era comparable al contacto con una mujer.

Jacinta llegó en le momento que él se terminaba de lavar. Lo observaba a través del espejo. Al levantar la cara la pudo ver en el umbral de la puerta, que bonita estaba y feliz, embriagada de una sensibilidad exquisita.
Salió del baño, para que ella se aseara con intimidad, al pasar por su lado la besó.

Ella comenzó a cavilar mientras lavaba sus partes algo doloridas que era cierto que el dolor era insoportable en algunos momentos, pero había valido la pena, fue necesario para obtener un placer sublime. Se lavó en el bidé y se puso sus bragas con una pequeña compresa.

Al regresar a la habitación Romeo la estaba esperando muy relajado y sonriente. Se tumbó junto a él que la recibió cubriéndola con un caluroso abrazo. Así pasaron un buen rato. Hasta que comenzaron de nuevo a besarse, el primer contacto había sido la antesala de lo siguientes, aún tenían energías para seguir disfrutando de los primeros momentos del amor

Mano a mano, con total confianza fueron adentrándose poco a poco en los placeres del sexo, descubriendo juntos un cúmulo de placeres innombrables.

Fin

3 comentarios:

Maite Albarrán dijo...

Mira que para una vez que alguien opina va y lo borra antes de yo verlo

pena, penita, pena...

Jo!!!

Regresa y opina porfi, un saludo

J.C. dijo...

Si todos los hombres fueramos tan modestos como el de tu relato, las mujeres fueran muy felices ;D
Describes exquisitamente cada escena y me inundas con tus palabras. Disfrute mucho la lectura.
Y me pregunto, cual de las dos mujeres que de tu texto habras sido tu. Cuidate y hasta luego.

J.C.

Maite Albarrán dijo...

Querido Juan Carlos, gracias por opinar.

Yo supero a mis mujeres de relatos, soy la maestra...
ejjejeejje...
Un saludo para Perú