jueves, 28 de agosto de 2008

El marco

Josefa reposaba en su sofá frente al televisor. Pasaba las tardes escuchando las vivencias amargas de muchas personas que acudían a la tele para calmar sus heridas o tratar de recuperar amores imposibles. Esas mujeres y hombres estaban anclados a los recuerdos, no podían enterrarlos, eran prisioneros de esos amores, abandonos, traiciones etc.

Tenía ochenta años. Vivía sola, cuando miraba su cara en el espejo del cuarto de baño no podía evitar reírse de si misma. Recordaba la juventud de los treinta, la plenitud de los cuarenta, la incipiente decadencia de los cincuenta, la tortuosa barrera de los sesenta que la apesadumbró de forma definitiva. Tuvo que abandonar el sueño de ser una flor bella intemporalmente y aceptar el fin lúgubre de su juventud.

Sólo recuerdos, sólo amores quedaban ya. El deseo sexual y la necesidad de autosatisfacerse se fue tras los sesenta. Ahora su vagina era; seca, lisa vencedora de los trastornos de la menopausia, no necesitaba sentir un varón dentro que la agitara. No negaba que soñaba con ser tomada de nuevo, el poder de la juventud reventando su cuerpo ajado, muerto de erotismo y sensaciones placenteras.

Prefirió reírse a carcajadas de cómo se preocupaba a los treinta, cada mañana de usar la crema antiarrugas, de no comer chocolate, quería estar deseable, hermosa . Era la misma persona con cincuenta años más. Ahora su cara se reflejaba vencida por los surcos que habían dejado las arrugas, con las carnes flácidas . El volumen de su abdomen la hacía compararse a un sapo. Piernas delgadas y vientre inflado . Comía poco, los dientes eran postizos, se movían y le resultaba molesto comer cosas duras. Ni tan siquiera la lujuria de la gula que tanto la invadía en su juventud, era un deseo que quisiera satisfacer en la última etapa de su vida. Todo había pasado a ser insípido y vacío de contenido, nada novedoso, ni sabores, olores..

-Josefa por qué mantiene ese marco roído y sin foto en el estante de su salón? Susana, la asistenta que la ayudaba a mantener el orden en su casa se lo preguntaba de forma habitual, para ella una mujer joven y fuerte no cabía la posibilidad de un recuerdo tan vacío.

-Porque significa toda mi vida. En ese marco veo el momento más terrible de mi vida. Cuando rompí con lo que más amaba querida- contestaba la anciana recordando con su voz temblorosa ese momento. Lo atesoraba en su memoria fresco, lo revivía como si todo hubiera sucedido ayer, la mirada a aquel e marco la mantenía viva. Durante horas lo observaba, durante años fue su ejercicio más habitual, el silencio hablaba mientras su boca callaba.

Una mañana Josefa se encontró enmohecida, flaca de fuerzas. Intuyó que su alma quería abandonarla de forma terminante. Por suerte no se encontraba sola, Susana se hallaba en su casa. Estaba limpiando el mueble del salón, sus manos sostenían en ese instante “el marco”.

-Susana mi vida se acaba, lo presiento . Te confesaré el significado del marco. Yo era hace mucho tiempo una mujer muy atractiva; morena, alta, resplandeciente de vida y optimismo. Seducía a los hombres sin querer, mis ojos, mis palabras eran la base para conseguirlo.

Estaba casada, era querida por un maravilloso hombre. Disfrutaba de la vida en su compañía, mis hijos crecían sanos. Y un día sin saber porqué todo cambió, mi edad era pasados los treinta. Conocí un hombre que me hizo sentir viva, reconocida, valorada. Me perdí de amor por él.

Fuimos amantes “locura de amor” me segaba la vida, era feliz, descubrí con Ignacio las mil y una formas de ser poseía y amada. . Mi marido se enteró y tuve que elegir, entre tener una vida decente o perderlo todo. Ganó la razón, ese marco era el lugar donde yo escondía la foto del hombre que más he amado. Lo arrojé al suelo para destrozarlo y quemé su foto, cuando decidí acabar con ese amor prohibido. Desde entonces tiene la esquina izquierda descoyuntada, sin cristal ni foto.

La tarde que lo abandoné no escuché sus reclamaciones, sus lloros, sus palabras plagadas de recuerdos, de días vividos donde fuimos uno. Finalmente, aceptó con resignación mi decisión , yo me mantuve impasible, dura como el acero. Su venganza fue que no quiso recomponerse.

Loco de desesperación se arrojó al abismo. Se dedicó a morir en mi presencia. Mala vida, mujeres baratas, drogas, alcohol, etc. Se fue consumiendo, roto por mi abandono. Yo entonces pensé que un día conocería alguien. Nunca fue de nadie a pesar de dormir con cientos de amantes durante años. Murió diez años después en la soledad de su casa, solo, arrojado en la cama .

Su apartamento olía a la amargura de su alcoholismo, su fracaso existencial. En un cajón encontraron fotos mías, cartas de amor, diarios. Un amigo de él me los hizo llegar, fue su última voluntad. Yo era su única heredera conocida. Recibí todas sus pertenencias con una gran crispación de mi marido Luis. Fue entonces cuando lo maté . Supo que nunca abandoné a mi amante, estuve siempre soñando y reviviendo mi vida con él

Nunca lloré en un entierro . En aquel me ahogué en unas lágrimas que me condenaron por el vacío de mi existencia. No había más posibilidades de estar juntos. Jamás se fueron con su muerte.

Seguí viviendo al lado de mi esposo. También él se fue consumiendo. No podía soportar tenerme tan cerca y reconocer que era de otro por mis actos. Sabía que me había retenido a la fuerza. Su silencio era su calvario. Al año de morir Ignacio mi gran amor, mi esposo Bernardo me abandonó .

Su muerte fue repentina, ocurrió durmiendo placidamente a mi lado. Su corazón se paró, según el médico no se percató de su fin, que fue muy dulce. Tenía cincuenta años y me llevaba cinco. Desde los cuarenta y cinco nunca más volví a tener un hombre en mi cama ni en mi sexo, todo placer compartido quedó anulado en mi vivir. Sólo la autosatisfacción personal alivió mi hoguera que se mantuvo en brasa hasta los sesenta.

No necesité de los hombres, alguno intentó ligar conmigo, pero infructuosamente. Yo era una viuda que lo había perdido todo. Al hombre que me amó y al hombre al que yo había amado.

Y conservo ese marco sin foto, roto para que me recuerde lo mucho que perdí al romperlo, amé y destruí a la vez lo que me mantenía viva. Es mi pecado más secreto que he pagado con la estricta soledad que me ha consumido todos estos años. Sólo el cariño de mis hijos y mi sentido del humor me ha salvado querida.

Susana quedó sorprendida por la revelación de la anciana. Que secreto más apasionado tenía en su interior esa mujer. Conmovida y emocionada terminó de limpiar el marco que había cambiado de significado para sus ojos. Ahora lo veía como la anciana. La huella silenciosa de un gran amor.

A la mañana siguiente al llegar al piso de Josefa , Susana la encontró muerta. Josefa dejó este mundo tras vaciar su corazón del tremendo pesar que lo tenía esclavo. Se liberó de una gran carga, un gran secreto sufrido durante más de cuarenta años.

Josefa se quedó dormida frente al televisor. Su corazón no aguantó la emoción del recuerdo y herida de amor, soñó que elegía a su Ignacio esa tarde y juntos vivieron felices eternamente

. En el hueco de la falda de Josefa, Susana halló el marco . Lo sujetaba firmemente con ambas manos, como una despedida final, dejó este mundo liberando un gran secreto de amor.

Fin

4 comentarios:

Anónimo dijo...

realmente fantastico Techum, te felicito por el talento que tienes

besitos.

Maite Albarrán dijo...

ejejejejje...

Gracias JC, me gusta escribir e inventar, mi mayor hobby.

Besos

Jota E dijo...

Ya lo dije en otro lado, que texto exquisito este, me gusto muchisimo, ya te lo dije por ahi, pero no me canso de repetirlo.
Felicitaciones!!!

Maite Albarrán dijo...

Gracias Jota e, de vez en cuando repetir es agradable.

Besos