miércoles, 17 de febrero de 2016

El abuelo Cesáreo

El abuelo Cesáreo

A Cesáreo no le gustaba tener el nombre de su abuelo. Los niños en el colegio se burlaban de él, no paraban de llamarle barbaridades relacionadas con niños deformes. ¿Por qué tuvo que tener un abuelo que se llamara Cesáreo ? Lo detestaba aún sin conocerlo. Vivía en África trataba de proteger a las últimas tribus ocultas en las selvas más intransitables.

Mamá siempre defendía el trabajo de su padre. Lo amaba a pesar de no haberle dedicado mucho tiempo por el trabajo de investigador de sociedades primitivas. Era antropólogo, al principio al escuchar esa palabra pensaba que era un caníbal, pero mamá le sacó de dudas. Las personas que comen carne humana se llaman antropófagos, no antropólogos.

-Cesáreo, debes aprender a defenderte de los ataques de los niños, desarrollar una estrategia para que no te afecte que se burlen de tu nombre. Todos hemos sufrido en el colegio porque se metían con nosotros. Cuando yo era pequeña, decían que no tenia padre porque era tan fea que se había marchado a ver a los descendientes de los monos africanos porque así se olvidaba de mi cara.

-No me consuelas mamá, ves al cole, habla con la profesora. Haz que los castigue y llame a sus padres, quiero que se hunda la Tierra para ellos.

-No voy a hacer eso. Estás frustrado y debes aprender a sufrir. Si no te gusta tu mundo, cámbialo, descubre como hacerlo.

El niño se indignó por la actitud pasiva de su madre. La ignoraba con ira en el comedor mientras jugaba con los dinosaurios. De repente, sonó el timbre. Mamá gritaba...¿qué pasará? Se acercó a la puerta y vio un hombre vestido de explorador, con ropas de color oliva envejecido, llevaba una mochila grande del mismo tono, el pelo largo canoso recogido en una cola, no parecía ser muy alto, llevaba aún las botas llenas de barro rojizo. Los ojos negros expresivos de un intenso brillo le estaban observando con atención. No podía ser, era el abuelo Cesáreo. Lo que le faltaba, ya no saldría de aquel desastre. Se marchó sin presentarse a su habitación para llorar en silencio un día tan horrible.

Al día siguiente, su abuelo estaba como estatua frente a su puerta. Pretendía llevarle al colegio. Los niños al verlo llegar con un personaje tan chocante se rieron con más fuerza. En el recreo le persiguieron sin descanso, era una batalla de todos contra él, la frase se repetía en su cerebro. Su abuelo estaba allí para llevarle a la selva, seguro que iba desnudo persiguiendo monos, comiendo plátanos y hablando con gestos.

Se sentía hundido, ya no le molestaba que le dijeran cosas feas sobre su nombre. Ese problema había pasado a segundo plano. El verdadero problema era tener un abuelo extraño con apariencia de película de Indiana Jones.

La maestra le había pedido al enterarse de la novedad, que su abuelo le ayudara a hacer experimento con fuego en la clase de ciencias. Cuando los niños de la clase escucharon las historias fantásticas de las tribus africanas, de cómo creaban herramientas con la invención de su mente, toda la burla y desprecio se esfumó dando paso a una admiración extraordinaria por el conocimiento sorprendente de aquel hombre. El espectáculo de crear fuego frotando dos palos sobre unas ramitas secas, provocó aplausos, risas y gritos alegres de profundo respeto.

-¡Viva el abuelo Cesáreo! Es el mejor, ¡viva, viva!-se escuchaba en el patio a través de las ventanas.

A la salida de clase, el niño apretó con fuerza la mano de su abuelo. Levantó la mirada para mirar la cara de aquel nuevo héroe. No se mostraba orgulloso, parecía tranquilo como si nada. El levantó la cabeza como una excelencia por tener un abuelo tan genial.

Ya en casa, el abuelo talló maderas africanas que traía en su mochila creando muñecos alegres de madera. Hablaba poco parecía estar concentrado, en silencio el chico admiraba su creatividad. Una idea le perseguía en la cabeza, al fin preguntó: ¿Abuelo crees que algún día podré hacer cosas como tú?

-Te diré un gran secreto que me fue revelado, pequeño. Todo hombre tiene una misión en este mundo, no está escrita en los libros. La competitividad con la que se rige este mundo no hace más que destruirlo, pronto la Naturaleza rugirá con fuerza marcando el fin de muchas cosas creadas por la mano del Hombre. Éste sólo alcanzará el éxito a través de la Creación.

-Abuelo dices cosas muy raras, no las entiendo. Todo lo que he aprendido significa que debo ser el mejor, que no hay muchas oportunidades y sólo serán aprovechadas por los mejores. Debo estudiar y centrarme sólo en mí. Competir y ser el mejor. Así todos estarán pendientes de mi éxito.

-Cesáreo... ¿Eso te hace feliz?

-La verdad es que... Si saco Sobresaliente los niños sienten envidia y se burlan más por ser el empollón. Si soy el mejor y lo demuestro, soy atacado constantemente. No abuelo, no me hace feliz.

-¿Alguna vez te has preocupado en ayudar a algún niño en algún aprieto? ¿Has pensado en cómo se sentirán los demás cuando en materias difíciles para ellos sacas notas excelentes? ¿Has compartido tus éxitos y has valorado las virtudes de otros?

-No, abuelo. Yo solo pienso en mi. Nunca soy capaz de prestar mis cosas. No doy lo que ya no necesito y espero que los demás no se den cuenta de lo buenos que son para aprovechar la oportunidad de llegar primero que ellos.

-¿Cómo crees que puedes ser Creador?

-No sé abuelo, yo no sé pensar en crear cosas. No me veo bueno en nada.

-¿Estás seguro?

-Bueno, me gustaría diseñar coches. Mamá dice que los rompo todos. Necesito investigar cómo están hechos y que hay en el interior.

-Comprendo. Tienes muchas cosas que aprender, querido niño. Vamos a hacer una cosa. Deja de sentirte culpable, vamos a enterrar el PASADO y olvidarlo. A partir de mañana, debes apuntar las cosas buenas que haces por ayudar a los demás y observar el mundo con otros ojos, lejos de las metas que todos tienen como si fueran diseñados en serie. Ninguno de ellos será Creador.

El niño reflexivo se marchó a su habitación. Vio la Luna desde la ventana y le apeteció coger el telescopio del abuelo para ver las estrellas. Pasó horas observando el Universo. Cada vez que volvía a mirar al mismo sitio podía ver que de nuevo aparecían cosas nuevas. Era mejor que ver dibujos en la tele. Cuando estuvo muy cansado, fue a dormir. Toda la noche estuvo soñando con el contenido de las estrellas. Moldeó un traje de gas para poder subir a los Planetas sin necesidad de nave.

Aquella curiosidad lejos de apagarse, fue en aumento. Leía y observaba el Mundo en su estado original sin estar manipulado por la mano del Hombre y concluyó que todo estaba hecho por las mismas materias: plástico, metal, cristal. Cualquier cosa que existía fue creada en un pensamiento. Vaya, se decía, el abuelo tiene razón.

Empezó a estudiar sólo aquellas cosas que le interesaban de verdad. En astronomía se hizo toda una autoridad, sus descubrimientos y conclusiones estuvieron tan justificadas, que pronto las mejores Universidades del país le ofrecieron cargos importantes en sus equipos de investigación.

Cesáreo debía mucho a la visita de su querido abuelo, que le ayudó a valorar lo verdadero. Sólo lo vio unos días en su infancia, pero nunca dejó de escribirle y estar en contacto. Ahora comprendía porqué mamá le quería tanto. Era un hombre lleno de amor y sabiduría, que se dirigía en la vida por caminos diferentes donde la auténtica vida y equilibrio era sentida en toda su verdad.


FIN

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