sábado, 20 de febrero de 2016

La estrella Olivida y la Solidaridad

La estrella Olivia y la Solidaridad


Había una vez en un hermoso lugar bajo el mar, donde la arena era blanca y el agua de un azul verdoso, una estrella rosada llamada Olivia. Tenía grandes privilegios sobre las demás porque sus padres eran la autoridad. La criaron sin negarle nada, protegiéndola con seis cangrejos de impactantes tenazas y diez caballitos de mar, que velaban en todo momento por su seguridad.

Bastaba con que la bella Olivia deseara cualquier capricho para que los demás seres tuvieran la obligación de satisfacerla.
-A ver vosotras almejas, quiero que toquéis una pieza para que pueda bailar al ritmo de las olas del mar.
-Es que, ahora íbamos a dormir un rato, la noche fue movida y no tuvimos tranquilidad. Luego podríamos tocar una pieza si esos rectos y disciplinados cangrejos que te acompañan les gusta acompañarnos.
-¿Acaso queréis que tenga que repetirlo?
Las cansadas almejas se miraron tratando de ver una reacción que les guiase sobre lo qué hacer. Al final el miedo a desafiarla, les llevó bajar la mirada y obedecer sin rechistar. Comenzó la orquesta de pinzas abrirse y cerrarse al ritmo del baile de las salerosas que danzaban intentando complacer a la joven estrella.

Cuando se hubo cansado de disfrutar, se marchó tras un banco de gambas que pasaba por allí sin despedirse y agradecer esos momentos tan agradables que las pequeñas habían creado para ella sin fuerzas.

Así pasaba los días hasta que vio un cartel que decía: “ Carrera solidaria en favor de los calamares”. Recordaba el suceso. Un grupo número de calamares perdió el sentido del rumbo y acabó suicidándose de forma masiva en la playa. El instinto esta vez no los supo guiar. Las crías supervivientes habían quedado desamparadas. Con los fondos recaudados querían construir guarderías que acogieran a los cientos de pequeños calamares sin papás y hogar.

Los mejillones vivían en sociedad familiar donde la unidad lo era todo. Habían tenido epidemias, sufriendo auténticas mermas de población. Pronto quisieron colaborar. Los mejores atletas entrenarían para disputar la carrera.

La estrella Olivia, estuvo pensativa todo el día. ¿Por qué aquellos cascarones negros querían esforzarse por otros si a ellos no les había afectado el desastre?Ella no ayudaba a nadie y tampoco comprendía el motivo que tenían los demás para hacerlo.

Las sepias también iban a participar. Recaudaron fondos y enviaron a las más rápidas . Las sardinas, salmonetes y boquerones, al enterarse del acontecimiento hicieron lo mismo.

No había una colonia de animales en el mar que no sintiera lástima sincera por aquellos bebés de calamares.

Entonces ocurrió algo inesperado. Las estrellas de mar fueron atacadas por un depredador descontrolado que al no encontrar su alimento original, se aficionó a devorarlas.

Olivia fue defendida por sus escoltas. Dos de ellos fueron baja. Pasó mucho miedo y no tardó mucho en ir tras la protección de sus padres. Para su sorpresa, habían desaparecido. Tras pasar días buscando ayudada por los pececillos, tuvo que aceptar que quizás no volvería a verlos nunca. Debieron ser pillados por sorpresa por los atacantes.

Lloraba desconsolada, lágrimas amargas cuando las gambas quisieron consolarla. Las almejas bailaron con toda la bondad de su corazón y no faltó un animal que quisiera consolarla y hacer más llevadero el sufrimiento de haber perdido a su familia.

-Si quieres Olivia, dejamos la carrera para otro momento.
-No, quiero que se celebre mis padres la organizaron y así debe ser. Ahora entiendo cómo deben sentirse esas crías pequeñas de ojos negros inocentes.

Al llegar el día de la carrera, los peces, gambas, mejillones, almejas, sepias y cangrejos ermitaños estaban preparados en la línea de salida esperando excitados que diera comienzo. Cuando llegó Olivia acompañada por las crías de calamar, sus supervivientes escoltas y los caballitos de mar, el silencio respetuoso se adueñó del lugar.

Queridos amigos del mar, debo deciros que gracias a la Solidaridad, las crías de calamar tendrán sus guarderías y podrán sobrevivir repoblando el mar. Todos aplaudieron orgullosos. También confesar que hasta ayer yo era una niña caprichosa que nada sabía de los problemas de nuestra sociedad. Si alguien me preguntara que es la Solidaridad, le diría que es sentir el sufrimiento de los demás en tu corazón, es la capacidad de amor por los desdichados y hacer lo posible por ayudar. No vale poner excusas, tarde o temprano ocurre algo que nos hace ser infelices. Me habéis amado, consolado y ayudado ahora que estoy sola. Nunca pensé en vosotros como lo hago ahora.

Los animales rompieron en aplausos, lloraban de felicidad ante el reconocimiento y el amor que les daba.

Desde hoy, cada vez que un animal sufra un desastre, encontrará apoyo en mi para consolarle. Seré fuerte y la estrella más feliz del mar solucionando vuestros problemas. ¡Que empiece la carrera! ¡Tres, dos, uno!

Todos salieron corriendo lo más rápido que pudieron. Hubo codazos, empujones y algunos intentaron tomar atajos para llegar el primero. Pero nadie pudo superar a la velocidad de un lenguado juvenil que hizo una gran marca. ¡Cómo les gusta a la los competidores intentar ganar! -pensaba Olivia, transforman toda su energía en conseguirlo.

Olivia le entregó una copa con una perla. El segundo premio lo consiguió una anguila y el tercero fue para un pulpo veloz. Todos quedaron satisfechos con el resultado.

Tras el día de la carrera, cuando de nuevo Olivia se encontraba con las almejas ya no trataba de que la complacieran. Las saludaba y se marchaba con una sonrisa. Era suficiente con el concierto que organizaban los sábados. No quería abusar de los animales. Se ganó el respeto y amor de todos sus súbditos. Era una gran consejera que buscaban para resolver sus problemas.


-FIN-

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