La estrella Olivia y la
Solidaridad
Había
una vez en un hermoso lugar bajo el mar, donde la arena era blanca y
el agua de un azul verdoso, una estrella rosada llamada Olivia. Tenía
grandes privilegios sobre las demás porque sus padres eran la
autoridad. La criaron sin negarle nada, protegiéndola con seis
cangrejos de impactantes tenazas y diez caballitos de mar, que
velaban en todo momento por su seguridad.
Bastaba
con que la bella Olivia deseara cualquier capricho para que los demás
seres tuvieran la obligación de satisfacerla.
-A
ver vosotras almejas, quiero que toquéis una pieza para que pueda
bailar al ritmo de las olas del mar.
-Es
que, ahora íbamos a dormir un rato, la noche fue movida y no
tuvimos tranquilidad. Luego podríamos tocar una pieza si esos rectos
y disciplinados cangrejos que te acompañan les gusta acompañarnos.
-¿Acaso
queréis que tenga que repetirlo?
Las
cansadas almejas se miraron tratando de ver una reacción que les
guiase sobre lo qué hacer. Al final el miedo a desafiarla, les
llevó bajar la mirada y obedecer sin rechistar. Comenzó la orquesta
de pinzas abrirse y cerrarse al ritmo del baile de las salerosas que
danzaban intentando complacer a la joven estrella.
Cuando
se hubo cansado de disfrutar, se marchó tras un banco de gambas que
pasaba por allí sin despedirse y agradecer esos momentos tan
agradables que las pequeñas habían creado para ella sin fuerzas.
Así
pasaba los días hasta que vio un cartel que decía: “ Carrera
solidaria en favor de los calamares”. Recordaba el suceso. Un grupo
número de calamares perdió el sentido del rumbo y acabó
suicidándose de forma masiva en la playa. El instinto esta vez no
los supo guiar. Las crías supervivientes habían quedado
desamparadas. Con los fondos recaudados querían construir guarderías
que acogieran a los cientos de pequeños calamares sin papás y
hogar.
Los
mejillones vivían en sociedad familiar donde la unidad lo era todo.
Habían tenido epidemias, sufriendo auténticas mermas de población.
Pronto quisieron colaborar. Los mejores atletas entrenarían para
disputar la carrera.
La
estrella Olivia, estuvo pensativa todo el día. ¿Por qué aquellos
cascarones negros querían esforzarse por otros si a ellos no les
había afectado el desastre?Ella no ayudaba a nadie y tampoco
comprendía el motivo que tenían los demás para hacerlo.
Las
sepias también iban a participar. Recaudaron fondos y enviaron a
las más rápidas . Las sardinas, salmonetes y boquerones, al
enterarse del acontecimiento hicieron lo mismo.
No
había una colonia de animales en el mar que no sintiera lástima
sincera por aquellos bebés de calamares.
Entonces
ocurrió algo inesperado. Las estrellas de mar fueron atacadas por un
depredador descontrolado que al no encontrar su alimento original, se
aficionó a devorarlas.
Olivia
fue defendida por sus escoltas. Dos de ellos fueron baja. Pasó mucho
miedo y no tardó mucho en ir tras la protección de sus padres.
Para su sorpresa, habían desaparecido. Tras pasar días buscando
ayudada por los pececillos, tuvo que aceptar que quizás no volvería
a verlos nunca. Debieron ser pillados por sorpresa por los atacantes.
Lloraba
desconsolada, lágrimas amargas cuando las gambas quisieron
consolarla. Las almejas bailaron con toda la bondad de su corazón y
no faltó un animal que quisiera consolarla y hacer más llevadero
el sufrimiento de haber perdido a su familia.
-Si
quieres Olivia, dejamos la carrera para otro momento.
-No,
quiero que se celebre mis padres la organizaron y así debe ser.
Ahora entiendo cómo deben sentirse esas crías pequeñas de ojos
negros inocentes.
Al
llegar el día de la carrera, los peces, gambas, mejillones, almejas,
sepias y cangrejos ermitaños estaban preparados en la línea de
salida esperando excitados que diera comienzo. Cuando llegó Olivia
acompañada por las crías de calamar, sus supervivientes escoltas y
los caballitos de mar, el silencio respetuoso se adueñó del lugar.
Queridos
amigos del mar, debo deciros que gracias a la Solidaridad, las crías
de calamar tendrán sus guarderías y podrán sobrevivir repoblando
el mar. Todos aplaudieron orgullosos. También confesar que hasta
ayer yo era una niña caprichosa que nada sabía de los problemas de
nuestra sociedad. Si alguien me preguntara que es la Solidaridad, le
diría que es sentir el sufrimiento de los demás en tu corazón, es
la capacidad de amor por los desdichados y hacer lo posible
por ayudar. No vale poner excusas, tarde o temprano ocurre algo que
nos hace ser infelices. Me habéis amado, consolado y ayudado ahora
que estoy sola. Nunca pensé en vosotros como lo hago ahora.
Los
animales rompieron en aplausos, lloraban de felicidad ante el
reconocimiento y el amor que les daba.
Desde
hoy, cada vez que un animal sufra un desastre, encontrará apoyo en
mi para consolarle. Seré fuerte y la estrella más feliz del mar
solucionando vuestros problemas. ¡Que empiece la carrera! ¡Tres,
dos, uno!
Todos
salieron corriendo lo más rápido que pudieron. Hubo codazos,
empujones y algunos intentaron tomar atajos para llegar el primero.
Pero nadie pudo superar a la velocidad de un lenguado juvenil que
hizo una gran marca. ¡Cómo les gusta a la los competidores intentar
ganar! -pensaba Olivia, transforman toda su energía en conseguirlo.
Olivia
le entregó una copa con una perla. El segundo premio lo consiguió
una anguila y el tercero fue para un pulpo veloz. Todos quedaron
satisfechos con el resultado.
Tras
el día de la carrera, cuando de nuevo Olivia se encontraba con las
almejas ya no trataba de que la complacieran. Las saludaba y se
marchaba con una sonrisa. Era suficiente con el concierto que
organizaban los sábados. No quería abusar de los animales. Se ganó
el respeto y amor de todos sus súbditos. Era una gran consejera que
buscaban para resolver sus problemas.
-FIN-

No hay comentarios:
Publicar un comentario