El patito Honorio
Honorio
era un patito amarillo torpe y soso. Tenía poca gracia al hablar y
parecía disfrutar más estando solo. Le costaba seguir las
conversaciones de los demás patos y cuando la profesora daba una
orden era el último en enterarse. Le decían que era bobo y que
estaba en otro lugar. No era bueno en deporte y se centraba sólo en
aquellos temas que le resultaban interesantes.
Mientras
nadaba en el estanque trataba de no perder el ritmo de la danza, pero
si aparecía una hermosa mariposa de colores brillantes, se quedaba
mirándola absorto olvidando que debía estar atento a la clase.
Mientras
estuvo en la zona de aprendizaje de los pequeños, la situación
estuvo controlada. Fue al pasar al estanque de los adolescentes,
cuando empezaron sus verdaderos problemas. Allí no había nadie para
protegerle. Según los mayores, debía desarrollar algo denominado
autonomía personal, era parte del aprendizaje.
Honorio
no era autónomo. Necesitaba seguir normas y rutinas para no
perderse. Su sentido de la orientación era malo. Así que no le
gustaba nada hacer las cosas de diferentes maneras. Su rigidez era
mal vista porque no era entendida por los demás. Siempre iba al
estanque por el mismo camino sin desviarse lo más mínimo, temía
perderse.
Un
día tropezó sin querer con otro pato, quiso seguir su camino sin
objetar, pero el otro al ver que era una presa fácil que no
protestaba se envalentonó y quiso pegarle. Tras unos cuantos aleteos
y picotazos, Honorio se marchó llorando. No sabía defenderse, no lo
había necesitado nunca.
Dolorido,
rabioso y avergonzado por no ser fuerte, se marchó a la cama. Al día
siguiente al pasar junto a un grupo de patos para meterse en el
estanque, uno de ellos le empujó a propósito. No supo que debía
hacer, así que decidió pasar de largo. Aquel grupo de patos
valoraron con desprecio la cobardía puesta al descubierto por la
manera de comportarse ante los conflictos. Se juntaron para
cuchichear con complicidad y los escuchó reír, sin duda planeaban
algo divertido.
Otro
día se le acercaron dentro de la charca de improviso. Le hicieron
preguntas horribles. No supo cómo contestarles, no quería que se
enfadaran más, así que sonreía, total no era importante. Hasta que
empezaron a pegarle entre todos. Recibió una paliza según le
dijeron por ser tonto y feo.
De
nuevo se marchó sin quejarse. ¿Cómo iba a enfrentarse a ellos?
Sería peor, le pegarían más, mejor sería olvidarlo. No dijo nada
a sus papás, seguro que pensarían que el tendría alguna culpa.
Aquellos patos debían tener razón, debía ser insoportable su
presencia para actuar así, casi le habían convencido de que se
merecía todo lo que le hicieran cuando una mariquita que allí
estaba le llamó muy enfadada, quería hablarle.
-Oye
pato ¿por qué no te defiendes y aceptas que los demás te traten
así? No lo comprendo, chico.
-No
lo sé, debo hacer algo mal para que los demás no dejen de
perseguirme. ¿Verdad?
-Yo
te he observado, parece que vas en otra onda, siempre solo. Pero no
haces nada que ofenda o provoque a nadie.
-¿Entonces
porque me tratan tan mal, dime?
-Porque
eres tan bueno que no te defiendes y te muestras sin pantallas de una
manera directa, verdadera y honesta. A los falsos les ofende.
-Tengo
miedo de que me peguen mariquita. Son muchos y más fuertes.
-¿De
verdad lo crees así?
-Sí,
estoy convencido de ello.
-Mientras
no cambies tu manera de pensar, ellos seguirán creyéndose con el
poder. No se trata de que vuelvas agresivo y les ataques. Usa una
fuerza superior; tu fortaleza interior.
-Yo
no soy fuerte, soy débil no trates de hacerme ver imposibles.
-¿Débil?
Un patito sin fuerza no sería capaz de aguantar todo lo que he visto
que has soportado sin rechistar. Si a ellos le hubieran hecho la más
mínima lo sabría todo el mundo, tú en cambio, has hecho todo lo
contrario. Les has dado protección en lugar de vengarte.
-Y si
soy tan fuerte como dices, cosa que no creo ¿por qué no les doy
miedo yo a ellos?
-Porque
cuando te ven sienten tu miedo. Saben que te dejarás dañar y no
dirás nada, por vergüenza. Así su maldad quedará encubierta.
-¿Y
que debo hacer?
-Cuando
vuelvas a recibir una ofensa, por mínima que sea no la ignores.
Analízala y combate al que la causa con la palabra o hecho. Nunca
más pases de largo sin reaccionar.
-De
acuerdo, espero que estés cerca por si necesito tu ayuda.
-Lo
estaré, tu sólo sigue mi consejo.
Pasados
unos días en los cuales hasta Honorio se había olvidado de la
existencia de los otros patos, de nuevo quisieron divertirse a su
costa. Comenzó uno dándole una patada. Esta vez, se volvió para
protestar. El causante, se envalentonó y quiso pegarle sin mas.
Entonces sin saber de donde salía aquel ala Honorio le cruzó la
cara y se marchó al estanque sin decir nada.
Los
demás patos ante el comportamiento insolente del inocente pato,
quisieron darle una lección. Los vio venir agrupados, con paso
decidido y leyó en sus alas apretadas sus intenciones de querer
maltratarle. Comenzó a gritar ¡Socorro, socorro que me ahogo!
Pronto los mayores se tiraron al agua para salvarle.
Los
patos juveniles burlados, esperaron otra oportunidad para vengarse.
Pero no llegó. Cada vez que los veía cerca y con malas intenciones,
giraba sobre sus pasos y gritaba algún peligro inventado. Con el
tiempo se olvidaron de él, no era una presa fácil. Había aprendido
a defenderse.
La
mariquita tenía razón. Era fuerte, sólo debía saber usar una
estrategia defensiva ante un posible ataque. Desde ese día, el
patito y la mariquita se convirtieron en amigos inseparables.
Siempre existirá alguien a quién no le moleste que seamos
diferentes, hay que encontrarlo y compartir una gran amistad.
-FIN-

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