miércoles, 24 de febrero de 2016

El patito Honorio

El patito Honorio

Honorio era un patito amarillo torpe y soso. Tenía poca gracia al hablar y parecía disfrutar más estando solo. Le costaba seguir las conversaciones de los demás patos y cuando la profesora daba una orden era el último en enterarse. Le decían que era bobo y que estaba en otro lugar. No era bueno en deporte y se centraba sólo en aquellos temas que le resultaban interesantes.

Mientras nadaba en el estanque trataba de no perder el ritmo de la danza, pero si aparecía una hermosa mariposa de colores brillantes, se quedaba mirándola absorto olvidando que debía estar atento a la clase.

Mientras estuvo en la zona de aprendizaje de los pequeños, la situación estuvo controlada. Fue al pasar al estanque de los adolescentes, cuando empezaron sus verdaderos problemas. Allí no había nadie para protegerle. Según los mayores, debía desarrollar algo denominado autonomía personal, era parte del aprendizaje.

Honorio no era autónomo. Necesitaba seguir normas y rutinas para no perderse. Su sentido de la orientación era malo. Así que no le gustaba nada hacer las cosas de diferentes maneras. Su rigidez era mal vista porque no era entendida por los demás. Siempre iba al estanque por el mismo camino sin desviarse lo más mínimo, temía perderse.

Un día tropezó sin querer con otro pato, quiso seguir su camino sin objetar, pero el otro al ver que era una presa fácil que no protestaba se envalentonó y quiso pegarle. Tras unos cuantos aleteos y picotazos, Honorio se marchó llorando. No sabía defenderse, no lo había necesitado nunca.

Dolorido, rabioso y avergonzado por no ser fuerte, se marchó a la cama. Al día siguiente al pasar junto a un grupo de patos para meterse en el estanque, uno de ellos le empujó a propósito. No supo que debía hacer, así que decidió pasar de largo. Aquel grupo de patos valoraron con desprecio la cobardía puesta al descubierto por la manera de comportarse ante los conflictos. Se juntaron para cuchichear con complicidad y los escuchó reír, sin duda planeaban algo divertido.

Otro día se le acercaron dentro de la charca de improviso. Le hicieron preguntas horribles. No supo cómo contestarles, no quería que se enfadaran más, así que sonreía, total no era importante. Hasta que empezaron a pegarle entre todos. Recibió una paliza según le dijeron por ser tonto y feo.

De nuevo se marchó sin quejarse. ¿Cómo iba a enfrentarse a ellos? Sería peor, le pegarían más, mejor sería olvidarlo. No dijo nada a sus papás, seguro que pensarían que el tendría alguna culpa. Aquellos patos debían tener razón, debía ser insoportable su presencia para actuar así, casi le habían convencido de que se merecía todo lo que le hicieran cuando una mariquita que allí estaba le llamó muy enfadada, quería hablarle.

-Oye pato ¿por qué no te defiendes y aceptas que los demás te traten así? No lo comprendo, chico.
-No lo sé, debo hacer algo mal para que los demás no dejen de perseguirme. ¿Verdad?
-Yo te he observado, parece que vas en otra onda, siempre solo. Pero no haces nada que ofenda o provoque a nadie.
-¿Entonces porque me tratan tan mal, dime?
-Porque eres tan bueno que no te defiendes y te muestras sin pantallas de una manera directa, verdadera y honesta. A los falsos les ofende.
-Tengo miedo de que me peguen mariquita. Son muchos y más fuertes.
-¿De verdad lo crees así?
-Sí, estoy convencido de ello.
-Mientras no cambies tu manera de pensar, ellos seguirán creyéndose con el poder. No se trata de que vuelvas agresivo y les ataques. Usa una fuerza superior; tu fortaleza interior.
-Yo no soy fuerte, soy débil no trates de hacerme ver imposibles.
-¿Débil? Un patito sin fuerza no sería capaz de aguantar todo lo que he visto que has soportado sin rechistar. Si a ellos le hubieran hecho la más mínima lo sabría todo el mundo, tú en cambio, has hecho todo lo contrario. Les has dado protección en lugar de vengarte.
-Y si soy tan fuerte como dices, cosa que no creo ¿por qué no les doy miedo yo a ellos?
-Porque cuando te ven sienten tu miedo. Saben que te dejarás dañar y no dirás nada, por vergüenza. Así su maldad quedará encubierta.
-¿Y que debo hacer?
-Cuando vuelvas a recibir una ofensa, por mínima que sea no la ignores. Analízala y combate al que la causa con la palabra o hecho. Nunca más pases de largo sin reaccionar.
-De acuerdo, espero que estés cerca por si necesito tu ayuda.
-Lo estaré, tu sólo sigue mi consejo.

Pasados unos días en los cuales hasta Honorio se había olvidado de la existencia de los otros patos, de nuevo quisieron divertirse a su costa. Comenzó uno dándole una patada. Esta vez, se volvió para protestar. El causante, se envalentonó y quiso pegarle sin mas. Entonces sin saber de donde salía aquel ala Honorio le cruzó la cara y se marchó al estanque sin decir nada.

Los demás patos ante el comportamiento insolente del inocente pato, quisieron darle una lección. Los vio venir agrupados, con paso decidido y leyó en sus alas apretadas sus intenciones de querer maltratarle. Comenzó a gritar ¡Socorro, socorro que me ahogo! Pronto los mayores se tiraron al agua para salvarle.

Los patos juveniles burlados, esperaron otra oportunidad para vengarse. Pero no llegó. Cada vez que los veía cerca y con malas intenciones, giraba sobre sus pasos y gritaba algún peligro inventado. Con el tiempo se olvidaron de él, no era una presa fácil. Había aprendido a defenderse.

La mariquita tenía razón. Era fuerte, sólo debía saber usar una estrategia defensiva ante un posible ataque. Desde ese día, el patito y la mariquita se convirtieron en amigos inseparables.

Siempre existirá alguien a quién no le moleste que seamos diferentes, hay que encontrarlo y compartir una gran amistad.


-FIN-

No hay comentarios: