Una mañana soleada en lo alto de la montaña rocosa se encontraron dos familiares cérvidos con un muflón. Un ciervo con la cornamenta recién renovada, un gamo con sus altas paletas similares al ciervo en un estado excelente y un muflón que como todos sabéis es similar a una oveja en estado salvaje, también macho con unos cuernos muy bellos. Los tres eran jefes de sus respectivos clanes y machos, ya que en la naturaleza los machos que demuestran mejores aptitudes para la lucha, consiguen procrear y ser jefe de clanes.
Nuestros tres compañeros estaban un poco enfadados con el Hombre, la cabra montesa con la que se había topado uno de ellos el día anterior, le aseguró que el Hombre había conseguido exterminar a las últimas colonias de lobos, pero una manada de estos feroces y terribles animales imponentes, tanto por su destreza en la caza y cooperación en equipo, como por su inteligencia para sobrevivir a las batidas a escopetazos que el Hombre sin piedad alguna los sometía hasta casi alcanzar su exterminio, se encontraba presa de los rifles de una cacería sin discriminación muy cerca de allí. Paradójicamente a lo que se pueda pensar, este malestar estaba generado porque el Hombre en su lucha por mantener sus rebaños y desertizar los espacios naturales de monte bajo y valles, daba caza sin cesar al lobo.
Los cérvidos y los muflones al carecer de depredadores naturales salvo los cazadores que los abatían a tiros en épocas de caza únicamente en número permitido por la Ley, ya que los grandes amigos de los animales salvajes eran aquéllos que soñaban con sus cabezas para colgarlas con sus enormes cornamentas en el salón de su casa; de nuevo pensaron que esas crías que nacían con deformidades o débiles, sobrevivían y debilitaban la especie. Además los ejemplares más viejos que tenían dificultades serias para caminar y fuertes dolores, eran ignorados por el Hombre que sólo cazaban ejemplares bellos y jóvenes y morían de soledad y tristeza, muchas veces de forma agonizante sin que nadie pusiera fin a sus miserables vidas.
Echaban de menos las persecuciones, las carreras, la lucha por la supervivencia a la que el ciclo natural de la vida el ecosistema de la vida que es tan sabio, estaba alterado de nuevo por la mano del Hombre.
Éstas eran sus conversaciones cuando de repente, se encontraron con tres pequeños cachorros de lobo. Los lobeznos estaban hambrientos, sucios y muy desatendidos. Seguro que su madre habría sido asesinada por algún cazador habilidoso que se creía con el derecho de matar al rey de las montañas como si de una sucia alimaña se tratara .Y lo más triste de todo era que recibía felicitaciones por matar a tan terrible cazador indefenso ante el metal de las balas.
Y decidieron cuidar de estos depredadores enemigos acérrimos por naturaleza y aliados en la conservación y equilibrio de las especies animales desde antes de que el Hombre pensara siquiera en que era racional.
Fueron muchos los problemas que surgieron ya que el lobo no es omnívoro, su dieta era carne y debía estar fresca, pero la colonia de ciervos, gamos y muflones se reunió y coincidió en que se sacrificarían las crías más débiles en las dentaduras de los pequeños lobeznos por un bien común, por la preservación de la especie, para evitar el sufrimiento de los animales más débiles y enfermos y para darle una lección al Hombre, enemigo de su propio entorno, gran pensador de pesares, gran argumentador de destrucciones naturales, gran variador del equilibrio, gran talador de bosques y montes, gran aliado de destrucciones mayores que el perder de vez en cuando algún miembro de la especie, casi siempre débil o enfermo. En cambio, el Hombre sólo quería ejemplares bellos y sanos, desechaba a los feos, a los que tenían defectos genéticos o no poseían una cornamenta imponente, por tanto los ejemplares más bravos y bellos fueron eliminados, procreando aquellos que en un estado natural fuera del alcance del Hombre no habrían tenido posibilidades.
Y los lobeznos crecieron fuertes. Y formaron una comunidad de tres lobos perfectos, feroces e inteligentes, de bellos ojos amarillentos y pelaje bellísimo. Y cazaron a los miembros siempre más débiles y viejos y las sociedades de los muflones, ciervos y gamos, se fortalecieron de nuevo ya que sólo eran suprimidos aquellos miembros que tenían dificultades para sobrevivir en el espacio natural.
Y los cazadores quedaron maravillados de la astucia de los cérvidos y muflones, observaron sorprendidos, por primera vez en sus vidas, que depredador y presa constituyen un equilibrio perfecto de la naturaleza que no debe ser alterado. Porque los animales fueron observados por el Hombre que oye cuando la Naturaleza dice “basta ya” deja de aplastarnos, perseguirnos, abatirnos y vete a tus pueblos, ciudades, civilización incivilizada donde no existe respeto por vuestras vidas, déjanos los montes y valles para no ver, para no sentir que el mundo se acaba en tu mano: Hombre.
Nuestros tres compañeros estaban un poco enfadados con el Hombre, la cabra montesa con la que se había topado uno de ellos el día anterior, le aseguró que el Hombre había conseguido exterminar a las últimas colonias de lobos, pero una manada de estos feroces y terribles animales imponentes, tanto por su destreza en la caza y cooperación en equipo, como por su inteligencia para sobrevivir a las batidas a escopetazos que el Hombre sin piedad alguna los sometía hasta casi alcanzar su exterminio, se encontraba presa de los rifles de una cacería sin discriminación muy cerca de allí. Paradójicamente a lo que se pueda pensar, este malestar estaba generado porque el Hombre en su lucha por mantener sus rebaños y desertizar los espacios naturales de monte bajo y valles, daba caza sin cesar al lobo.
Los cérvidos y los muflones al carecer de depredadores naturales salvo los cazadores que los abatían a tiros en épocas de caza únicamente en número permitido por la Ley, ya que los grandes amigos de los animales salvajes eran aquéllos que soñaban con sus cabezas para colgarlas con sus enormes cornamentas en el salón de su casa; de nuevo pensaron que esas crías que nacían con deformidades o débiles, sobrevivían y debilitaban la especie. Además los ejemplares más viejos que tenían dificultades serias para caminar y fuertes dolores, eran ignorados por el Hombre que sólo cazaban ejemplares bellos y jóvenes y morían de soledad y tristeza, muchas veces de forma agonizante sin que nadie pusiera fin a sus miserables vidas.
Echaban de menos las persecuciones, las carreras, la lucha por la supervivencia a la que el ciclo natural de la vida el ecosistema de la vida que es tan sabio, estaba alterado de nuevo por la mano del Hombre.
Éstas eran sus conversaciones cuando de repente, se encontraron con tres pequeños cachorros de lobo. Los lobeznos estaban hambrientos, sucios y muy desatendidos. Seguro que su madre habría sido asesinada por algún cazador habilidoso que se creía con el derecho de matar al rey de las montañas como si de una sucia alimaña se tratara .Y lo más triste de todo era que recibía felicitaciones por matar a tan terrible cazador indefenso ante el metal de las balas.
Y decidieron cuidar de estos depredadores enemigos acérrimos por naturaleza y aliados en la conservación y equilibrio de las especies animales desde antes de que el Hombre pensara siquiera en que era racional.
Fueron muchos los problemas que surgieron ya que el lobo no es omnívoro, su dieta era carne y debía estar fresca, pero la colonia de ciervos, gamos y muflones se reunió y coincidió en que se sacrificarían las crías más débiles en las dentaduras de los pequeños lobeznos por un bien común, por la preservación de la especie, para evitar el sufrimiento de los animales más débiles y enfermos y para darle una lección al Hombre, enemigo de su propio entorno, gran pensador de pesares, gran argumentador de destrucciones naturales, gran variador del equilibrio, gran talador de bosques y montes, gran aliado de destrucciones mayores que el perder de vez en cuando algún miembro de la especie, casi siempre débil o enfermo. En cambio, el Hombre sólo quería ejemplares bellos y sanos, desechaba a los feos, a los que tenían defectos genéticos o no poseían una cornamenta imponente, por tanto los ejemplares más bravos y bellos fueron eliminados, procreando aquellos que en un estado natural fuera del alcance del Hombre no habrían tenido posibilidades.
Y los lobeznos crecieron fuertes. Y formaron una comunidad de tres lobos perfectos, feroces e inteligentes, de bellos ojos amarillentos y pelaje bellísimo. Y cazaron a los miembros siempre más débiles y viejos y las sociedades de los muflones, ciervos y gamos, se fortalecieron de nuevo ya que sólo eran suprimidos aquellos miembros que tenían dificultades para sobrevivir en el espacio natural.
Y los cazadores quedaron maravillados de la astucia de los cérvidos y muflones, observaron sorprendidos, por primera vez en sus vidas, que depredador y presa constituyen un equilibrio perfecto de la naturaleza que no debe ser alterado. Porque los animales fueron observados por el Hombre que oye cuando la Naturaleza dice “basta ya” deja de aplastarnos, perseguirnos, abatirnos y vete a tus pueblos, ciudades, civilización incivilizada donde no existe respeto por vuestras vidas, déjanos los montes y valles para no ver, para no sentir que el mundo se acaba en tu mano: Hombre.
FIN
2 comentarios:
Hombre!! deja a los pobres animales en paz de una vez y si tanto te divierte disparar comprate una diana!!
Besos
Vaya!
No iba la cosa por ahí...
Oye no vayas a indigestarte con todos los rollos que escribo ¿eh?
Podrías terminar cogiendo moscas...
Jejejejeje...
Digamos que era un rollete para proteger a los lobos...
Inspirado en el exterminio sistemático de los pobres en los montes.
Nada nos leemos.
Chaos!
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