sábado, 21 de junio de 2008

Claveles rojos al despertar

Alberto había tenido una noche movida en su turno de trabajo nocturno. Eran doce horas las que empleaba haciendo rondas, deshaciendo entuertos y broncas, su salvavidas era el tiempo que dedicaba en revisar su cartera plegada de fotos de su amada esposa. Hasta sus compañeros se burlaban de su intenso amor de quinceañero.

Por culpa de su trabajo que lo mantenía ausente y siempre de mal humor, la había perdido, un día ella se cansó de estar sola en la cama y le abandonó Se le rompió el corazón en ese segundo y el reloj de su vida quedó roto y paralizado en ese minuto en que se quedó solo.

Su único objetivo fue ella, toda su ansía en recuperarla no quedó en el olvido y en un instante el destino le devolvió la oportunidad para demostrar que había estado ciego pero ella era toda su vida. Toda su dulzura, su compresión y cariño lo guardaba para el momento de compartir las horas con Josefa.

Estaba agotado aquella mañana de sábado y tras semanas sin disfrutar de un día libre sentía la necesidad imperiosa de descansar. Pero no quería desatender a la bella mujer que yacía en aquella cama sola ,así que como todas las mañanas que llegaba la observó reflexivamente, alimentándose de la sensación de satisfacción que le producía encontrarla dormida., a escasos pasos de él y fácil de contactar.

Josefa estaba estirada, durmiendo apaciblemente en su día libre laboral, no sintió la presencia de Alberto hasta que éste la despertó con un suave masaje de crema en uno de sus pies.

Déjalo Alberto- protestó ella- estás cansado para esto. Dame un beso , que gusto encontrarte siempre a mi lado.

Quiero tocarte y que te sientas bien- contestó Alberto- mientras la miraba a los ojos y besaba sus pies amorosamente. Ya sus manos friccionaban con crema nutritiva los pies , ella disfrutaba de esa entrega y ese amor incondicional, los masajes en los pies la volvían sexualmente erótica y era su antesala preferida para mantener una relación fogosa.

Que hermoso despertar Alberto- pensó Josefa en voz alta- estoy viviendo un sueño de amor que no puedo creer.

El permaneció en cuclillas a los pies de la cama, mientras era observado con amor por su esposa, Terminado el masaje se fundieron en un dulce beso, el se tumbó a descansar a su lado y se enlazaron en un aluvión de caricias y enroscamiento de piernas. Hablaron un rato de cosas insustanciales, luego Josefa le devolvió el masaje y una proposición indecente.

Espérame despierto, me doy una ducha y vuelvo eh?- le ordenó mirándolo directamente y esperando su aprobación que llegó con un vale-

Se sentó sobre él subiéndose el camisón a la altura de los muslos, ya las manos de Alberto se introducían en sus bragas y tocaban sus nalgas duras . Ella en dos segundos lo dejó desnudo y a su disposición. Comenzó mordisqueando sus pectorales y acariciando sus brazos con la yema de sus dedos. Su boca besuqueo su cuerpo mientras iba descendiendo y se detuvo en su miembro viril que ya comenzaba a despertarse. Lo introdujo en su boca., mientras lo lamía y lo recorría con la punta de su lengua en forma circular, su mano lo sujetaba por la base ejerciendo cierta presión para que la erección fuera más duradera. Le encantaba besar y chupetear el pene de su marido. Era algo delicioso para ella sentir ese miembro empinarse bajo el dominio de su lengua. A Alberto le volvía loco de deseo que ella siempre le practicara sexo oral sin necesidad de pedírselo. Josefa conocía la sensualidad que tenía en la intimidad y no le negaba un capricho, lo hacía con amor y ganas, prolongando el momento en el que ella misma se excitaba viéndolo sudar de placer.

Cuando lo tuvo saciado Josefa se sentó sobre la boca de Alberto liberada de su ropa intima. Su zona erógena sudaba lubricación . Él incorporó un poco su cabeza y separó los labios vaginales para engullir todo su sexo con placer. Succionó y punteó el clítoris con su lengua, la besó y lamió con dedicación y esmero. Josefa estalló en un tremendo orgasmo, tras el cual Alberto tomó las riendas de la situación.

La tumbó boca arriba en la cama y tomando sus piernas sobre sus hombros se introdujo en su cuerpo que cedió sin resistencia. Con movimientos rítmicos lentos y acelerados, rotando sobre sí mismo y empujando con un suave y duro vaivén , el le practicó el amor. Ambos compartieron un ejercicio liberador de tensiones, ojos sobre ojos, sexo sobre sexo, mientras Alberto poseía a Josefa sus manos acariciaban sus piernas y clítoris y sus labios besaban con entrega sus pantorrillas .

Era la posición preferida de Alberto, ella estaba a su disposición y él marcaba el ritmo, además podía mantener la complicidad con los ojos de ella, era el que dominaba la situación, una forma mágica de satisfacerla y sonreír por la alegría que le producía verla tan desenfrenada y suplicante en espera de su placer consumado. Terminaron felices yaciendo uno al lado del otro, Josefa se durmió de nuevo mientras él se quedaba en el cielo flotando sobre las nubes de su sueño.

Fin

1 comentario:

Anónimo dijo...

osú osú osú osú, yo que me esperaba el relato sobre un cantante de tuna que le cantaba clavelitos al amanecer a su amada y fijate tu con lo que me encuentro. Niña, me vás a dejar más seco que la mojama de tanto darle a la alemanita. Osú osú osú