lunes, 16 de junio de 2008

Deshojando los pétalos del corazón

Eran más de las nueve de la noche su mente retenía aún las imágenes y sensaciones que se habían ido acumulando a lo largo del día. Las conversaciones estaban compactadas en su cerebro esperando evadirse y ser borradas para obtener un buen descanso.

Le gustaría retener todos los momentos perfectos que tanto la llenaron en el pasado. Los nacimientos de sus hijos, la sensación de amor acumulada hecha realidad, sus discusiones con ellos, sus besos y abrazos. Tantas vivencias acumuladas, tantas sonrisas libres dueñas de flores y soles que se habían derramado fruto de un amor intenso con el hombre de sus sueños, su sustento, su esposo.

Ése con el que mantuvo la batalla final de acabar un matrimonio sin amor. Ése que se dio por muerto el día que tuvo que abandonar el hogar familiar y luchó por volverla a recuperar como si de un sueño se tratara.

La magia se hizo realidad una tarde en la que ella accedió a verlo. No se había visto con él desde que se tuvo que marchar de casa. Una vez a solas, cara a cara, él le soltó sin más preámbulos que si no la veía en su futuro su vida ya no tenía razón de existir.

Ella dura, impasible , llena de sinsabores y tristezas acumuladas, le dijo que no. Luego al mirarlo nuevamente a los ojos su corazón crujió, él le importaba más de lo que reconocería nunca. Desde que rompieron había sido incapaz de dejar entrar a un hombre en su vida. Nadie era honesto y bueno como su ex, nadie la adoraba y esperaba que ella quisiera algo para conseguirlo. Tuvo que llorar mucho, demasiado y callar para que no se notara que lo había amado con todo su corazón.

En una franja de segundo el la recuperó. Aunque no se percató de ello. Le costaba mucho volver a retomar un amor lleno de heridas e insatisfacciones pero la compasión y la necesidad hicieron dueña a su voluntad y sucumbió a la petición de regreso.

Tuvo que retornar su ex para darse cuenta de que la gente puede cambiar por amor. Ahora volvía a ver a ese hombre atento, educado y servil que un día fue su marido. Lleno de amor y poesía de nuevo para ella, en el río de las verdades lavaron sus almas atormentadas por los distanciamientos acaecidos en el pasado. Ahora eran de nuevo felices, la separación les había recuperado como pareja.

La semilla del amor crecía entre los dos. El reconocimiento y la compenetración los fortalecieron aún más. Ella ya tenía un hombre que la llenara y la abrazara, incluso se quejaba de los innumerables besos que recibía.

Él temeroso de agobiarla se contenía, pero la quería tanto y era tan feliz respirando a su lado como antes que cuidaría de ese amor con las fuerzas de un león, a pesar de tener el corazón destrozado por el abandono de ella, los meses en soledad le ayudaron a pensar, a reflexionar sobre lo que estaba dispuesto a dar y a recibir.

Y el amor lo puede todo. Cuando es tan intenso y verdadero que es capaz de separar a dos personas que se aman pero se han perdido en discusiones y egoísmos personales, también lo es para volverlas a reunir.

Dos tontos que el orgullo y la pelea los mantuvo altivos, se hirieron y destrozaron sin razón. Y un día el dolor de esa separación que los tenía distanciados y ajenos al conocimiento de la vida del otro, los volvió a reunir.

Aprendieron la lección el amor se debe regar siempre de palabras bonitas, de besos y noches o días cargados de complicidad y pasión. Nada ni nadie debe impedir que fluya la arteria del corazón por dos cuerpos nacidos para complementarse.

Y las miradas y caricias les devolvieron la confianza perdida. Todo era paz entre dos almas gemelas reunidas en una tertulia de bondades y cariños para siempre. Que nos dure mucho el amor porque eres todo lo que yo necesito en esta vida.

No hay comentarios: