lunes, 16 de junio de 2008

Viviendo sobre mis ladrillos II

Él hizo un respingo al tener que tocar su piel, sujetándola por la cintura intentó hacerla caminar, al notar sus dificultades, le ordenó subirse a su espalda, ella pensó rapidamente y lo consintió algo asustada , no quería contrariarlo aún más por si la abandonaba allí ,al notarla altiva y reticente a recibir su ayuda aceptó ser llevada a cuestas por su vigorosa espalda.

Cada paso que Antonio recorría era un recuerdo que se inyectaba en su mente. De nuevo el olor a mujer, el pelo de ella rozando su mejilla, suave y delicado. Su corazón comenzó a bombear de una forma exagerada. Mientras descendía por la senda estrecha su vida muerta crecía en su alma de hombre tosco, sentía unas ganas enormes de poseer a la mujer que llevaba a cuestas, ni él mismo podía comprender cómo aquel sentimiento descontrolado lo estaba doblegando.

Cuando llegaron al parking donde ambos tenían sus coches aparcados, él la subió a su coche sin preguntarle nada ella quiso oponerse, pero calló ante la mirada autoritaria y severa que él le lanzó, porque tenía razón, aún necesitaba que la transportara en su estado a un centro médico.

Mientras viajaban por las carreteras secundarias llenas de curvas serpenteantes, ella recordaba con placer el roce que había tenido su sexo durante una hora apretado contra la espalda de Antonio, había sido maravilloso a pesar de tener todo el cuerpo dolorido por el accidente sufrido.

Primero la llevó al hospital. Allí le curaron todas las heridas, que por suerte eran superficiales, le entablillaron el hombro y tras unas dos horas de espera, Antonio era avisado de que podía pasar a recoger a su señora.
No se atrevió a decir nada. La idea de que alguien pensara de que era su esposo lo satisfizo enormemente.

Ahora puedes dejarme en casa, Antonio muy agradecida por toda tu gentiliza y amabilidad- Sugirió Quina tras ser dada de alta-

Puedes quedarte en mi casa hasta que te recuperes yo cuidaré de ti- Respondió Antonio con una voz potente y a por primera vez dulce-

Sería demasiado ,no quiero ser una molestia, además que dirá tu familia- Expresó Quina mientras pensaba en la posibilidad de ser cuidada por un hombre extraño con cierto nerviosismo-

Tranquila vivo solo. En cuanto al sexo te diré que llevo años sin practicar, por tanto he perdido completamente el interés, soy asexuado, sólo quiero cuidarte por que soy plenamente responsable de tu caída- Expresó aclaratoriamente de forma tranquilizadora y convincente-

De acuerdo entonces, pasamos por casa, cojo unas cuantas cosas porque yo vivo sola y sería muy duro para mí desenvolverme ahora mismo con este brazo inútil-Aceptó Quina plenamente confiada en la palabra de Antonio-

Durante una semana, el la bañó viéndola desnuda. La cicatriz del machetazo en la espalda lo dejó muy angustiado, ponía de relieve la dureza de aquella mujer víctima segura de un terrible suceso violento. Un día sin más mientras conversaban amigablemente sobre las sensaciones que les embargaban al alcanzar las cumbres de los cerros, se lo preguntó y ella le contestó:

Yo también tengo heridas más profundas que ese simple machetazo que has visto en mi espalda. Es el recuerdo de una noche de violencia vivida en un safari africano, fuimos asaltados mi marido, yo y mis dos hijos pequeños. A mí me tocó sobrevivir recordando todo lo vivido, después de los abusos recibidos por los soldados que me violaron repetidas veces y me abandonaron moribunda al lado de mi familia degollada a golpe de machete.-Relató Quina con voz impasible reviviendo hechos pasados que durante mucho tiempo le borraron la sonrisa-

Pero aún así Antonio trato de vivir en positivo. Ningún psicólogo me borró la rabia y el odio acumulado, ni las pesadillas ni mis ganas de venganza. Soñaba durante noches enteras matarlos uno a uno y comerme su carne. Hasta que me di cuenta de que estaba viva, que no valía la pena seguir recordando lo malo. Me llené de todo el amor a mis hijos, sus recuerdos, sus caras, los momentos felices y así logré reflotar. Ahora me obligo a ver sólo las cosas bellas que llenen mi vida y me hagan olvidar el enorme vacío que sentí la noche en que lo perdí todo lo que amaba y representaba toda mi vida, no lo superaré nunca, pero sé que me quedé para algo y eso espero. Volver a tener algo por lo que vivir.

Antonio con lágrimas en los ojos, conmovido por la sensibilidad y sufrimiento de aquella mujer, la abrazó y no pudo contener su impulso sexual. Disfrutaron de la unión entre muchas lágrimas y ambos consintieron sin palabras en ser la oportunidad vital del otro.

Un año después un precioso bebé nacía de esta unión. Antonio agradecía cada momento tener a esa mujer a su lado, era tan feliz que se juró ser lo que nunca fue para hacerla feliz hasta el fin de sus días.

Fin

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