domingo, 22 de junio de 2008

¿Cómo me volví tan ingrata?


Agustina buscaba motivos para la sin sazón que había sentido en un pasado y de nuevo volvía a recorrerla como un cortocircuito constante. Odiaba su forma de ser, siempre imperiosa y alborotada, siempre capaz de romper cualquier unión si no la satisfacía plenamente. Princesa de deseo era, mujer potente que explotaba en reclamos, reina de un rey paciente y constante que aguantaba todo con amor resignadamente , por verla sonreír a su lado cada día.

Se avergonzaba de su egoísmo, de sus pasos locos, de sus decisiones atormentadas, de tantos errores cometidos en busca de la felicidad que se habría creído que era ? Ya no era joven ni bella, ya no tenía posibilidades de vivir una juventud llena de colores, ya el reloj le marcaba el tiempo de la sensatez y amancebamiento.

Necesitaba trabajar el triple. No quería pensar tantas horas , como siempre la soledad la conducía a ideas y sueños lascivos. Que miedo le producía volver a cansarse de esperar esos besos que siempre le sabían a poco. Que inseguridad le producía estar tan entera mientras su compañero estaba siempre tan derrotado.

Miraba continuamente por la ventana, buscando respuestas. Matándose las ganas con obligaciones domésticas. Soñaba encuentros febriles, nuevas posturas a practicar mientras una música romántica sonaba como única compañía.

Ahora sería capaz de resistir esa nostalgia, esas noches frías de cama sin don Juan, lo haría por que era consciente de quela vida no es una armonía de placeres, hay que saborear los momentos intensos y agradecerlos aunque sean pocos y estar siempre en espera, era su penitencia.

Cómo le gustaría envejecerse al menos diez años en un segundo, para que su deseo sexual la dejara dormir de nuevo . Para que el exceso de lujuria la abandonara. Menuda etapa llevaba desde hacia tres o cuatro años . Que auto control personal tenía que tener todos los días a la hora del café, todas las noches al acostarse. Esa canción de Mecano de "Cruz de navajas" la mataba. ¿Sería capaz de ser fiel de nuevo? ¿Lo sería? ¿O sucumbiría a la primera tentación ?

¿Cambiaría el dulce amor de un buen hombre por unos brazos vigorosos sexuales? ¿Mataría de nuevo con ingratitud a su amado compañero?

Que paz se necesita para doblegar un cuerpo "que no obedece", se decía así misma clavando sus uñas con desesperación a modo de castigo en la palma de sus manos, el dolor era la recompensa que la hacía despertar en los momentos en los que estaba a punto de sucumbir a la tentación. ¿Porque no puedo pensar en otra cosa?

A pesar de sus innumerables esfuerzos, el sexo o el deseo un día pudo más. Su jefa una mujer joven y bella de menos de treinta años la miraba atentamente desde que entró Agustina en la oficina. Un día en el que tuvo que ir a firmar la nómina a su despacho, las miradas se encontraron y ese deseo incontenido encontró una forma de aflorar y ser saciado. Y sin querer evitarlo ,quedó en casa de Teresa para tomar una copa.

Llegó puntual a la cita. Mientras ella estaba en casa de su posible amante su compañero Mario seguía haciendo horas extras. Vivía para para el trabajo, mientras Agustina se mordía las ganas en la soledad de su cama .

No hizo falta preguntas. Ambas se enzarzaron en un cálido beso. Fueron juntas a la ducha. Sus pechos se erizaron al contacto con el agua. Tras la cual se abandonaron en una posición de exploración conjunta. Teresa besaba los pechos de Agustina mientras descendía hacia el monte de Venus con sus manos.

Practicaron un sensacional sexo oral en forma de sesenta y nueve. Donde las bocas de ambas satisficieron la necesidad de un clítoris multi orgásmico y de una vagina reproductora del eco vigoroso de una sexualidad hambrienta.

Tras el encuentro amatorio Agustina le propuso a Teresa para quitarse el peso de conciencia por la infidelidad cometida, invitar a Mario a aquella unión en breve. Teresa que era completamente lesbiana accedió, tras una mirada intensa y cierto mohín amargo, todo por seguir disfrutando de Agustina, esa diosa que le había hecho tener la mejor noche de su vida.

El día que Mario se enteró de que Agustina practicaba sexo con una mujer y que además era su superiora en rango, hizo una mueca de desdén , luego reflexionando un poco, comprendió que el trabajo y el turno que tenía le impedía satisfacer a su mujer. Por tanto dentro de lo malo prefería que Agustina follara con otra mujer. No le hería su autoestima que así fuera.

Durante ell encuentro entre Agustina, Tere y Mario, ocurrió algo inesperado. A pesar de la falta de ganas que tenía Mario por participar en aquel trío, al verse acariciado, besado y adulado por dos mujeres bellas, su pensamiento cambió en ese instante, pasó de ser un cornudo que consentía un mal menor por evitar otro peor ( que la infidelidad ocurriera con un hombre) a disfrutar de una felicidad desconocida, sintiéndose el hombre más afortunado del universo. En ese preciso instante tenía a la mujer que amaba a sus pies, además de una segunda bellísima, perfecta en armonía y juventud, que le era entregada por la fuerza del amor de Agustina.

Tuvo esa noche vigor para satisfacer a ambas mujeres que quedaron exhaustas. Al terminar se durmieron los tres en una cama amplia, Mario en el medio abrazando a ambas féminas, mientras ellas a modo de gatas satisfechas y cariñosas lo retenían posando una pierna cada una encima de él, imagen digna para ser retratada por un hermoso mago del pincel.

Fin

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