Una cierva observa y olisquea al lobo tras su paso
sabe el peligro la acecha, la muerte espera inquieta
esa pirueta del cazador que arrebate la vida a la presa.
Una sardina de plata eolia su esplendor con el reflejo del sol
sigue a las demás que guian su huída de las bocas más inquietas
es libre y risueña hasta que un delfín avieso la mordisquea.
Así la rebelde iba antes vistosa de orgullo y dignidad ahora
cae en la cuenta que desnuda parte como mendiga desdeñada
a la humillación más profunda de la ignorancia urticante.
Conoce la canción del olvido pero cierva y sardina no sabe salir
sabe que el lobo y el delfín se esconden tras la estampa de un sinvivir
silencia al corazón, calla su boca, cierra la emoción y sube a las estrellas.
Sabe que debe ahora sufrir más allá de lo soportado esperará bajar
el latido donde su cuerpo reciba destrozado la más temible purga
apretará los dientes sin sentir dardos calientes, descansará.
Sacará amapolas de los clavos humillantes, secará todo defensa
pedirá más dolor y más cerrando filas abandonará la palabra
osa salvaje invernará en el silencio del pensamiento recoveco.
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