viernes, 11 de marzo de 2011

Reloj 40

Horrorizada observó sus manos envejecer
saboreó tantas decepciones y derrotas
se movieron tantos vientos hirientes
tantos dolores amargos, tantas noches rotas
que deseó desintegrar su presencia.

Sensibilidad a raudales, dureza de diamante
tallada por las noches sin padre y la soledad
perdedora eterna de las luchas más serenas
quiso saltar a la nada para desvanecerse.

Sentir el corazón reventar a las doce en punto
el momento perfecto que concluye con el efecto
de una vida sin suerte y una fuerza inquebrantable.

Ahora y no después
dejar de contar
dejar de esperar
dejarse ...

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