Como un vidrio esmeralda tallado por las olas
que se confunde por el brillante sol con gema
insconciente yace en la orilla de una playa.
Así me cierro a la palabra y al verbo
al humano y lo incierto, aislada en la nada
vuelvo a la fuerza del superviviente solitario.
Como ermitaño me retiro a la templanza
de una cueva interna donde enciendo luces
de escasa llama donde me acompaña el aliento
y descanso feliz ajena al mundo acuchillante.
Asciendo montañas de rocas rajadas e hirientes
mis pies no sienten más que placer al rozarlas
una luz blanca y clara, fogosa, brillante me guía
siento calor en el freno del helado viento huracanado.
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