jueves, 24 de marzo de 2011

Niño del Castaño

La vida impresiona. Estoy algo acostumbrada a ver el quejido humano a temblar ante la observación de gente mutilada rumana que expone sus heridas ( pueden ser lesiones consentidas, con intención de dedicarse luego a esto o no), pies cortados, piernas malformadas, brazos amputados me recuerdan a mi niñez, cuando aún quedaban lisiados con taras insufribles y horrorizada tenía que girar la cabeza para no verlos.
La dureza de la vida me ha llevado a aceptar las fases del sufrimiento humano. Años viendo niños con parálisis cerebral agarrotados en sus sillas de ruedas creciendo en su cuerpo deforme por la falta de movimiento y la fe de sus padres que todos los días envejecen y tienen que seguir tirando de ellas ,esperando que el milagro se produzca al fin y un día despierten.
La verdad también me tocó de lleno y acepté muchas cosas con valentía, lo mío es leve en comparación a muchas cosas que sigo viendo, por tanto me siento afortunada de ser el hada madrina de mis dos ángeles a los que guío con pasión ferviente.
Y sin embargo leyendo "Los Pilares de la Tierra" de Kent Follett he sentido inundar mi vida por la más cruel de las desgracias. Quizá un escritor que impresiona con brutalidades humanas en cadena te obliga a seguir leyendo y va anestesiándote para que finalmente no puedas sentir más que indiferencia ante ellas. Estoy en el principio del libro y he vivido como mujer el embarazo de una gran luchadora que se enfrenta a un sin fin de contratiempos y hambre. La lucha de la familia y sus tropiezos con la mala suerte me fueron pareciendo normales hasta el momento en que esta señora pare a su último hijo. Cierto que se acostumbran a perder hijos etc, pero la narración de este parto en las condiciones que se da ( invierno al pie de un  castaño) viviendo peligros reales de poder ser atacados como cualquier animal por los lobos hambrientos me ha dejado fuera de combate.
Sentir las emociones de una mujer en el parto, el instante de la hemorragia  que no para  con ese trozo de placenta que el marido no se atreve a buscar sin saber que de ello depende la vida de su mujer, el desangramiento al pie de una hoguera con el frío invernal, me ha impresionado más que cualquier desgracia presente. Quizás porque sé el frío que se siente, la vida abandonarte y el bombeo de alguna matrona que viene a apretujarte para que esa sangre no se quede inundándote por dentro. Ella muere sin oponer resistencia, sin quejarse, deseando que lo que tanto odió de su marido se cumpla ( en parte, culpa de su situación de miseria actual) y el marido, sin poder reponerse debe protegerla de los lobos hambrientos de nuevo. Cavar con locura una fosa para enterrarla con ayuda de su hijo mayor. Ambos hijos, destrozados por la pérdida de la madre. Pero el padre deshecho por la desesperanza y sin fe comete el mayor error de su vida. Abandona al recién nacido sobre la tumba de su mujer muerta.

Ese instante es impresionante y cruel. Era lo que solían hacer ante la desgracia. Un niño lleno de vida sano nace en condiciones salvajes, le cortan el ombligo con un cuchillo, sobrevive al frío del invierno, a sentirse abandonado por su madre que necesita y por familia...

Ya no importa si regresa o no y enloquece trazando círculos en la búsqueda desesperada de hallarlo aún vivo. Por suerte,el niño es salvado por un monje que lo encuentra y le da cobijo por instinto. Ese momento de abandonar la obra de su mujer por lo que ella pierde la vida es imperdonable. Caminar con él intentando lo que fuera por darle una oportunidad hubiera sido lo correcto. En fin ahora sé lo que nunca haré por más pésimas circunstancias que sea la vida, siempre se puede proteger a lo que uno más quiere, los hijos, sean recién nacidos o ya mayores.
Esto no es sólo un libro es la narración de una época anterior a ésta sin muchas diferencias. Se sigue tirando a la basura a bebés, abandonándolos nada más nacer, en fin, el que ha tenido uno en las manos se ve incapacitado para comprender esa falta de humanidad. Seguiré la evolución de éste pequeño abandonado a la Providencia (dicen que es la suerte en la que un Dios protege, puede ser, aunque no creo en ella)

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